Cuando el 28 de junio de 2018 José Antonio Fernández Gallar fue elegido consejero delegado de OHL, la compañía vivía un particular carrusel de ocupantes de dicho puesto. Era el cuarto que tomaba posesión de la poltrona en menos de dos años. Antes de él, Juan Osuna, Tomás García Madrid, y Josep Piqué. No se fueron con los bolsillos vacíos. En conjunto, sumaron más de 28 millones de euros en indemnizaciones.

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Dados los antecedentes, quien más, quien menos, podría pensar que Fernández Gallar tendría los días contados. Además, en mayo de 2020, los hermanos Luis y Mauricio Amodio aterrizaron en la compañía haciéndose con el 16% de las acciones. Se convertían en los accionistas mayoritarios, en detrimento de Villar Mir. Cuando Carlos Slim aterrizó en FCC, lo primero que hizo fue nombrar a un CEO mexicano: Carlos Jarque.

La llegada de un nuevo presidente, Luis Amodio, acarrea nuevas metas, nuevos intereses, nuevos retos. José Antonio Fernández Gallar tenía que volver a convencer. Y lo ha hecho. Porque los hermanos Amodio no han seguido los pasos de su compatriota Carlos Slim.

Hombre de la casa

José Antonio Fernández Gallar es un hombre de la casa que, como sucede en el fútbol, acaba sustituyendo al entrenador hasta que se encuentra otro aspirante. Siempre, de más caché. Sin embargo, se puede decir aquello otro de que se ha asentado en el banquillo. Y ahí han jugado varios factores.

Para empezar, ya le tocó ‘bailar con la más fea’ durante la burbuja inmobiliaria. Fue presidente de Inmobiliaria Espacio desde 2002. No es que pasara de soslayo por la crisis, pero se vio menos afectada que otros competidores. Su gestión fue clave para que así fuera. Una labor que se caracteriza por saber repartir juego.

Para Fernández Gallar, el equipo es lo primero. Nadie, y todos, son figuras. Las individualidades no sirven para nada si no se pasa el balón al resto. Filosofía que quizás le venga por su afición a los deportes. Practicar buceo y esquí está entre sus preferencias. También le encanta la naturaleza, donde disfruta dando largos paseos, y la bicicleta.

Ha pasado un año, y José Antonio Fernández Gallar sigue siendo el consejero delegado de OHL. Los hermanos Amodio le dieron un voto de confianza por su trayectoria. Entre otras razones, porque había logrado reducir la lacra de la deuda. Y lo ha sabido aprovechar. Pero agua pasada no mueve molinos. Ahora mismo, OHL está en un momento decisivo para su futuro. Ser o no ser, que diría Hamlet.

Estabilidad

Encontrar a alguien de fuera supondría un retraso en el deseo de relanzar la compañía. Tendría que ponerse al día. Algo que lleva tiempo, y algo de lo que carece OHL si quiere seguir jugando en la liga de las constructoras.

Con esta maniobra de continuidad, lo que ha logrado OHL es estabilidad. Una cualidad que se antoja clave, sobre todo después de la aparición de un ‘enemigo’ inesperado: la pandemia. Para 2020, la idea era llegar a los 4.000 millones de euros en ventas. La cantidad se quedó en 2.830 millones (-4,4% respecto al año anterior). Para este año, la meta a conseguir son 3.000 millones.

José Antonio Fernández Gallar, CEO de OHL.

En su hoja de ruta, Fernández Gallar contempla optimizar y mejorar los márgenes operativos, apostar por el control de caja, la gestión activa de los proyectos inmobiliarios, y reducir el apalancamiento. En este último caso, en más de 105 millones de euros.

De cara al futuro, el nuevo plan estratégico 2021-2023 no contempla la vuelta a los dividendos (desde 2015 están desaparecidos en combate). Más bien se trata de enderezar la nave para que llegue a buen puerto tras la zozobra de las severas pérdidas por las que ha navegado desde 2017.

Más pegada

Fernández Gallar, en particular, y OHL, en general, ya se han puesto a remar. La sala de máquinas cuenta con nuevo ‘combustible’ en forma de ampliaciones de capital y capitalización de deuda en bonos para reforzar los fondos propios y recortar la deuda. De esta manera, tendrá más pegada para poder presentarse a licitaciones que hasta ahora tenía limitadas por falta de solvencia económica.

La primera de las ampliaciones de capital previstas de 35 millones de euros ha sido un éxito. Se cubrió en un 98% durante el periodo de suscripción preferente. El resto, durante el periodo de asignación adicional. Ni los hermanos Amodio, ni el fondo Tyrus, acudieron a la misma. Si lo han hecho a la segunda, dirigida sólo a ambos. Han suscrito una ampliación de capital de 36,4 millones de euros en la compañía.

Tender la mano

Licenciado en ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, Fernández Gallar ha logrado convencer, como se suele decir, a propios y extraños. Ahí entra en juego su capacidad de vendedor y de negociador. Virtudes que se ven acompañadas por su modestia y su honestidad. La soberbia no va con él. Como muestra, un botón: el primer día como consejero delegado tendió la mano a todos los trabajadores de las oficinas centrales.

A todo ello hay que unir su tenacidad. A la hora de negociar, le gusta ser firme, a la par que flexible. Habla, pero sabe escuchar. Su táctica de juego combina el control de ingresos y de la caja de los proyectos, junto a la reducción de los gastos de estructura. ‘Amarrategui’, en una palabra. ‘Catenaccio’, usando la jerga futbolística italiana.

Siguiendo el símil del balompié, OHL coquetea con el descenso. Pero puede salvarse porque juega de otra manera a como lo hacía años atrás. La falta de transparencia ya no forma parte de su esquema de juego. Ahora sabe dónde hay que poner la pelota para meter gol (Estados Unidos o República Checa, por ejemplo).

Se vende aquello que no va a ser útil para el equipo (Old War Office). Limpió en el balance más de 2.200 millones de euros de proyectos fallidos del equipo gestor comandado por Juan Osuna. También se han reducido los costes. Por no hablar que cada vez, el jugador llamado Villar Mir, disfruta de menos minutos de juego. Y menos que va a tener en el futuro.