La amenaza del aumento de la morosidad que sobrevuela a los bancos españoles les está llevando a ser muy cautos en las valoraciones que hacen en relación con el riesgo de sus activos.

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Fruto de esta prudencia, al cierre del primer trimestre acumulan ya una exposición de unos 155.000 millones de euros en créditos sospechosos de convertirse en morosos, una cifra que, con todo, es un 2% inferior a la registrada al cierre de 2020.

La normativa contable internacional exige a las entidades anticiparse a los impagos a los que prevén que tendrán que hacer frente y poner una etiqueta diferente, la de vigilancia especial, a aquellos créditos cuyo riesgo se ha incrementado respecto al momento de la concesión, pero que no han llegado a incurrir en impago.

Pérdida esperada

Así, ahora deben prestar atención no solamente a la pérdida incurrida (los créditos ya morosos), sino también a la pérdida esperada (los que podrían ser morosos), lo que se traduce en un trabajo de clasificación más exigente que el que existía antes.

Esta clasificación, a la que los bancos están obligados desde 2018, está siendo especialmente relevante en el momento actual, en el que supervisores y bancos están muy pendientes de la evolución de los créditos concedidos ante el deterioro de la situación económica, pero con la incertidumbre de no saber exactamente cuánto terminará la crisis sanitaria y qué efectos dejará en la economía española.

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Por lo que pueda pasar, los bancos del Ibex 35 (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter) tienen calificados bajo esta etiqueta de vigilancia especial créditos por 154.935 millones de euros, es decir, un 2% menos que los registrados al cierre del pasado ejercicio.

Una evolución que se produce de forma paralela a las advertencias de los supervisores, que han pedido en varias ocasiones "prudencia" a las entidades a la hora de valorar el riesgo a través de todos los instrumentos a su alcance, como son las provisiones y estas reclasificaciones internas, entre otros.

Solo bajan en BBVA

En realidad, todos los bancos del Ibex 35 aumentaron la exposición bajo este paraguas salvo BBVA, que los redujo un 16,5%, hasta los 36.262 millones al cierre de marzo a nivel de todo el grupo.

Como es lógico por su tamaño, el banco que protagoniza el mayor registro es Santander. A nivel consolidado, su nivel de créditos en vigilancia especial cerró el primer trimestre en 70.000 millones, un 1,4% más que al cierre de 2020.

CaixaBank, teniendo en cuenta los registros de Bankia, que desde el cierre de marzo se incluyen en su balance, tiene unos 34.408 millones de euros en préstamos sospechosos de incurrir en impago, lo que supone un 7% más que la suma de los que tanto CaixaBank como Bankia registraron a final de año.

Completando el grupo de los bancos más grandes del país, Sabadell cerró marzo con 12.265 millones en vigilancia especial, un 3,6% más, y Bankinter con 2.000 millones, un 23% más.

Morosidad en mínimos

Este volumen de créditos que podrían entrar o no en morosidad mantiene en alerta al sector, que de momento está logrando contener los impagos gracias a las medidas puestas en marcha por el Gobierno y las propias entidades desde el inicio de la pandemia. Esas medidas son, por ejemplo, las moratorias para el pago de créditos o los préstamos con aval del Estado, que tienen una carencia de hasta dos años, lo que aligera la carga financiera de sus beneficiarios.

Es por eso por lo que en el conjunto del sector la morosidad aún se situaba en el 4,55% en febrero, ligeramente por encima del mes anterior, pero aún en mínimos y por debajo de los registros del año anterior.

Habrá que esperar para ver si el riesgo de esta exposición se termina materializando, habida cuenta de que la incertidumbre sobre la evolución de la economía está impidiendo realizar previsiones fiables sobre cuál será el aumento de la morosidad, aunque en el sector se da por supuesto que será considerable.