La promotora inmobiliaria Urbas afronta uno de los momentos más críticos para sostener su continuidad sin caer en un proceso de liquidación, casi trece meses después de haber entrado en concurso de acreedores.
Los responsables de la empresa buscan desesperadamente el apoyo de los cuatro o cinco millones de pasivo que salvarían bajo mínimos el acuerdo de acreedores que presentó el mes pasado, con la intención de liquidar su deuda en tres años sin quitas, y seguir adelante.
De no ser así, la liquidación por la que apuesta la administración concursal de Kepler Karst y Auren puede ser un calvario: obligaría a cargar sobre el pasivo el coste retenido de los litigios con el fondo Roundshield y daría al traste con cualquier aspiración de recuperar toda la deuda pendiente.
Fuentes jurídicas conocedoras de la situación advierten que ese proceso con el fondo británico, que en su día le prestó 80 millones de euros y reclama más de 200 por impagos, es ahora el elefante en la habitación que hay en todo el proceso de supervivencia financiera de Urbas.
El informe que el administrador concursal presentó a primeros de este mes admitía un valor de los activos de Urbas de 520 millones de euros, siempre que se pudiera garantizar su continuidad como promotora inmobiliaria.
Frente a ello, si se entra en un proceso de liquidación, el informe ajusta a la baja ese valor en casi 219 millones. Es decir, lo dejaría en un 301 millones. Serían suficientes para liquidar, a priori, una deuda estimada en menos de la mitad de esa cantidad.
Pero ese camino no es tan fácil. En el seno de Urbas saben que se enfrenta a dos riesgos muy grandes, que ponen en duda la capacidad de la compañía para pagar todas sus deudas sin aplicar una quita considerable.
Unos riesgos sobre los que, además, no dice nada el informe de los administradores concursales, que siempre han estado más por la liquidación que por intentar mantener a flote la compañía.
El primero de ellos, que nadie puede garantizar una cantidad concreta por la venta de los activos de una empresa en liquidación. En el mercado inmobiliario, las subastas y las ventas de activos de otros procesos concursales (Reyal, Martinsa, etc.) han llevado descuentos de entre el 65% y el 90%.
El segundo de los riesgos de una liquidación sería el de añadir al pasivo el coste derivado de todos los procesos judiciales recíprocos abiertos entre Urbas y Roundshield, a través de su filial luxemburguesa RS Lender.
Los británicos estiman en 205 millones la reclamación principal que mantienen en una demanda interpuesta en Reino Unido. A ello se añaden casi 80 millones más en reclamaciones contra las innumerables filiales internacionales de la compañía española.
Por su parte, Urbas ha demandado en España a RS Lender por una posible estafa procesal al querer cobrar de nuevo ahora por el impago del crédito, sobre el que ya ejecutó en Luxemburgo unas garantías valoradas en 200 millones.
El embrollo jurídico al que se enfrenta la compañía está, por ahora, fuera de la deuda contabilizada para el acuerdo de acreedores que desde la empresa se promueve, con el fin de evitar la liquidación.
Pero si no se llega a ese pacto, fuentes financieras cercanas a esos procesos aseguran que el pasivo estimado para Urbas podría colocarse en 450 millones de euros.
Esa cantidad supera con creces los 301 millones en que se estima el valor de la compañía ante una posible liquidación. Lo que hace pensar en que todos los acreedores, salvo los créditos privilegiados, sufrirían una quita importante a la hora de recuperar su deuda.
Apoyo 'in extremis'
Hay que recordar que el acuerdo de acreedores que presentó a finales de septiembre pasado no ha acabado de convencer al juez, por tener gran parte de la deuda a favor (34,4 millones) en dos sociedades vinculadas a su presidente, Juan Antonio Acedo.
Eso deja un montante de 24,5 millones de euros (de los 89 de deuda reconocidos) de lado negativo y apenas 20 millones de acuerdo con la empresa para seguir adelante.
El plan de viabilidad que se ha presentado junto a ese posible acuerdo mantiene opciones para promover 1.700 viviendas en cinco años y obtener 388 millones en ingresos, tal y como ha publicado El Confidencial.
El problema está en convencer a los acreedores que no apoyan el acuerdo que Urbas propone para que cambien de idea y den el visto bueno a una opción, que puede ser la menos mala de todas las posibles.
Lo contrario es una liquidación llena de obstáculos tras la que Urbas puede pasar a otra vida.
