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Las claves

El presidente de Indra, Ángel Simón, encara este martes un consejo clave en el que se plantea renovar a una buena parte de su cúpula directiva, trastocada tras un año y medio convulso. Pero eso solo será el principio: con esos mimbres, debe presentar en dos meses un plan estratégico que guste en la empresa, no chirríe a un Gobierno bajo mínimos y convenza a todo el sector de la defensa.

Los dos máximos responsables de la tecnológica pidieron tiempo antes del verano para reconvertir sus órganos de Gobierno y definir la hoja de ruta, antes de entrar de lleno en los acuerdos pendientes con otras firmas de cara a liderar el proceso de reestructuración de la industria de defensa en España.

Quienes conocen a Simón saben que no le va a temblar la mano a la hora de remover a su equipo para cerrar un grupo leal y preparado para todo. La coordinación de tecnología, defensa, espacio y sector público, en un negocio lleno de gigantes a nivel mundial, va a ser más complicado.

La renovación de toda la cúpula directiva de la compañía era un paso obligado a dar por parte de Ángel Simón tras heredar el extenso equipo de 16 miembros, casi improvisado, que había formado su antecesor, Ángel Escribano, en el poco más de un año que estuvo al frente de la empresa.

Los cambios del director de Estrategia, Manuel Ausaverri, y de su homólogo en Tecnología, Manuel Escalante, son algo que desde dentro de la compañía se tiene por descontado, por haber sido dos de los pesos pesados de la anterior directiva, vinculados a Escribano.

La llegada de Josep María Recasens como consejero delegado abría la puerta a la definición de ese nuevo organigrama. El CEO se ha pasado todo el verano tomando contacto con las distintas áreas de negocio de la tecnológica para armar la estructura más eficaz posible.

Una de las claves de esta nueva etapa con Simón al frente es hacer que Recasens y el comité de dirección estén alineados desde el primer momento, con las vistas puestas en el nuevo plan estratégico que se debe presentar dentro de dos meses.

La falta de entendimiento entre los responsables de las distintas áreas con el anterior consejero delegado, López de los Mozos (ya desde la época de Marc Murtra como presidente), ha sido uno de los grandes hándicaps a los que ha tenido que enfrentarse la compañía.

Varios de los principales altos responsables salieron también con la llegada de Ángel Escribano, de forma que para Simón y Recasens es importante presentar esta nueva directiva consolidada para afrontar con garantías el plan de futuro de la tecnológica, tras dos años de nombramientos y convulsiones.

El tejido empresarial más cercano a Indra dentro del Ibex 35 está seguro de que esta nueva etapa de Indra no tendrá nada que ver con la anterior. Si algo ha demostrado Simón en su larga trayectoria es que sabe poner orden en las empresas (que es lo que más falta le hace a Indra) y tomar decisiones claras y sin miedo.

Cuenta con el apoyo de su principal cliente y accionista, el Gobierno. Solo debe cumplir con las entregas y los plazos que el Ministerio de Defensa ha marcado en sus planes de modernización, de los que la empresa se ha llevado el pellizco necesario para llegar a los 10.000 millones de facturación en 2030.

Pero para ello, una condición que ya le advirtieron a su antecesor y que ahora está bajo la lupa, es contar con todo el sector tecnológico y de la defensa en España. Europa ha abierto un mercado con una década de crecimiento por delante. Pero tanto Indra como el resto de las empresas españolas no tienen el tamaño suficiente como para competir de tú a tú a nivel mundial.

La oportunidad está en llegar a esos grandes proyectos con tecnología y nuevos nichos de mercado que están marcando el paso en el negocio de la defensa. Ya son tan importantes los grandes blindados como los drones, el espacio y la ciberseguridad.

Solo que, en los primeros, es difícil sacar tajada frente a los gigantes europeos y mundiales. Pero en el resto siempre se puede poner sobre la mesa el valor añadido de la investigación de vanguardia que hace Indra y algunos de los que deberían ser sus aliados en el sector, no sus enemigos.

Esos pactos de colaboración con otras compañías, en un negocio como el de la defensa que está muy atomizado en España, son fundamentales para esta nueva etapa de Indra.

Plan estratégico

La salida de De los Mozos, que fue el artífice del anterior proyecto Leading the future, dejó claro que la idea era salirse un poco de la línea marcada hasta el momento, que pasaba por una fuerte apuesta industrial de Indra. De hecho, la empresa estaba lanzada a una oleada de compras y fusiones de otras firmas menores para abarcar todas las fases del negocio de la defensa.

La nueva visión empresarial apuesta menos por el crecimiento inorgánico y más por aprovechar el valor añadido que otros competidores complementarios puedan aportar, en un contexto de mercado europeo y mundial en el que la tecnología marca el paso de los avances en defensa.

Antes del verano, Indra dio un pequeño avance de su plan y ratificó su idea de tener, al menos, tres plantas productivas en el norte de España. Dos en Asturias (Gijón) y una en Galicia (As Pontes).

La idea de los anteriores gestores pasaba por cuadruplicar la huella industrial de la compañía en los próximos años (hasta 2030). Contaban para ello con los contratos millonarios del Estado, con el objetivo de llegar a facturar 10.000 millones de euros al final de la década.

No obstante, todos esos proyectos deben pasar ahora por el tamiz del nuevo CEO y la estructura directiva que se va a poner en marcha.

Una cuestión fundamental para Simón y Recasens es potenciar la presencia de Indra en Cataluña, donde se quiere apostar sobre todo por establecer una especie de hub tecnológico dual, de forma que los avances de la investigación en defensa se puedan utilizar también en otras áreas industriales, como la automoción.

Y todo ese sudoku de líneas tiradas que ahora hay que conjugar en el plan estratégico pasan por restablecer las relaciones, rotas ahora, con su principal competidor en España, Santa Bárbara. En la entidad saben que la filial del gigante norteamericano General Dynamics puede ser su mejor aliado o su peor enemigo.

Antes del verano se habían iniciado unas conversaciones que todo el mundo en el sector espera que fructifiquen en acuerdos de colaboración. La cadena de valor y la red de proveedores españoles de la defensa puede sacar mucho provecho de ello.

La filial europea de General Dynamics tiene demandados ante la Audiencia Nacional dos de los contratos que Defensa adjudicó a la UTE de Indra y Escribano en los últimos Planes Especiales de Modernización (PEM). Precisamente los de mayor cuantía (7.200 millones) y para cuyo desarrollo hay un acuerdo inicial firmado con la coreana Hanwha, competidor mundial de GD.

Ese frente judicial será otro de los grandes escollos a salvar en esta nueva etapa de Indra y su plan estratégico. Por ahora, todo está parado a la espera de que Simón y Recasens lo pongan en marcha.