El sueño de la industria española de tener un gran gigante mundial del aceite de oliva se antoja casi imposible. Los últimos acontecimientos se precipitan y acercan cada vez más la venta de Deoleo a la italiana Coricelli.
Pese a la oposición del sector que pide un veto directo al productor transalpino y que el Gobierno español se posicione a favor de la industria local, todos los elementos se unen en favor de los italianos.
En el último mes la puja por Deoleo, el mayor distribuidor mundial de aceite de oliva con una facturación de 820 millones, se redujo solo a tres empresas: la citada italiana, y las españolas Dcoop (el mayor productor mundial con 1.421 millones de ingresos) y Acesur.
Coricelli puso sobre la mesa 500 millones gracias a la fuerte inyección de Unicredit, mientras que Acesur llegó a un montante similar en variables y Dcoop se comprometió a pagar unos 460 millones en efectivo.
La última noticia oficial se conoció esta semana cuando el presidente de Dcoop, Antonio Luque, confirmó que el plazo de su oferta había vencido y que se retiraron formalmente de la puja.
Esto supone abandonar la creación de un gigante español de más de 2.200 millones de facturación y uniendo, por primera vez y a gran escala, la producción y la distribución del aceite de oliva.
Aparentemente se despeja el camino para Coricelli, pero Acesur -a quienes muchos sitúan como el tapado- no ha dicho la última palabra. Tampoco se descarta una nueva oferta de Dcoop en los próximos días.
En medio de estas negociaciones -eminentemente financieras- ha vuelto a sobrevolar la intervención del Gobierno en sectores estratégicos o lo que es lo mismo el veto a Coricelli para favorecer a una empresa española.
Desde las propias empresas interesadas se ha filtrado la posibilidad de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez intervenga utilizando el escudo antiopas como ya hizo en la venta de Talgo a la húngara Magyar Vagon.
Pero públicamente los pronunciamientos han sido escasos, por no decir nulos. Ni el ministro de Agricultura, Luis Planas; ni el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, han movido ficha.
Una situación radicalmente distinta a casos anteriores como la entrada de la saudí STC en Telefónica, la propia húngara en Talgo o la polaca Pesa en el fabricante ferroviario.
Al conocerse esas operaciones, las declaraciones públicas en su momento fueron constantes y con un mensaje claro: "Se hará lo que sea necesario para mantener la españolidad de las empresas estratégicas".
En el caso de Telefónica, el propio Estado entró en la compañía con un 10% del capital y en Talgo se hizo todo para que la empresa quedara en manos del español José Antonio Jainaga (Sidenor), un consorcio vasco y la propia SEPI.
Pero en el caso de Deoleo nada de esto ha pasado. La realidad es que en el Gobierno ha habido dudas. Está claro que a nadie ve con buenos ojos que el principal productor de aceite mundial caiga en manos italianas.
Pero de ahí a utilizar el escudo antiopas hay un trecho. El Gobierno tiene muchas fórmulas para intervenir empresas y lo ha demostrado desde que está en La Moncloa.
Escudo antiopas, entrada en el accionariado, inyección de capital, nombramiento de directivos fieles, entrada en consejos de administración, utilización de inversores afines y presiones políticas. Pero nada de esto parece que pueda resultar esta vez.
Hace un mes existía la certeza de que había que intervenir, pero las dudas legales han frenado estas intenciones. Y todo parece indicar que se impondrá la postura de no vetar a la italiana.
El carácter estratégico de Deoleo no resiste discusión, pero los primeros problemas vienen del carácter y de la propiedad de las empresas involucradas.
En primer lugar, Deoleo no es de capital español, sino que es propiedad de dos fondos de inversión (CVC y Alchemy), que precisamente buscan ahora rentabilidad de uno de sus activos más atractivos.
De hecho, la operación no se ejecutaría sobre la matriz cotizada en España, sino que sobre el holding intermedio Deoleo UK que tiene sede en el Reino Unido. Y allí España no tiene jurisdicción.
En segundo lugar, también hay que valorar que -al igual que Dcoop y Acesur- Coricelli es una empresa industrial. Con una facturación de 389 millones anuales, es una de las firmas aceiteras más emblemáticas de Italia.
Fue fundada en 1939 en Spoleto (Umbria) por Pietro Coricelli, quien comenzó comercializando el aceite de los olivares familiares. Actualmente tiene presencia en 110 países.
Uno de estos países es precisamente España. Aquí Coricelli opera a través de Farmers Elite Global, una sociedad domiciliada en Sevilla desde 2015. Y comercializan a través de la firma cordobesa Aceites Abasa.
Además, en septiembre constituyeron una nueva sociedad denominada Farmers Elite Summit, específicamente para crear, canalizar y blindar la ofensiva financiera ante cualquier intento de bloqueo del Gobierno español.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez tendría muy difícil explicar a la opinión pública, al Gobierno italiano (que se ha volcado con la operación) y a la Unión Europea que se opone a la entrada de un socio industrial en sustitución de fondos de inversión, sin interés en el sector.
Pero es que tampoco tiene sentido vetar una empresa que tiene su matriz en la Unión Europea, con fuertes raíces con España y que además no es sospechosa de nada, como sí lo fueron los húngaros y los polacos en Talgo.
Hay dudas de que incluso se pueda utilizar el escudo antiopas que, recordemos, formalmente solo está en vigor para empresas europeas hasta finales de año, aunque este diario ya ha informado de que el Ejecutivo lo prorrogará para todo 2027.
Por otro lado, desde el Ejecutivo español se han mantenido contactos informales con Roma por este tema y se les ha deslizado su voluntad de que la puja la gane una empresa local.
Por su parte, en el Gobierno italiano de Giorgia Meloni se han mostrado dispuestos a apoyar a Coricelli incluso ante eventuales disputas legales.
Y es que las fuentes consultadas por este diario advierten que en Italia trabajan en todos los escenarios, incluso en el de la defensa jurídica si es que el Gobierno español da el paso para bloquear la venta a Coricelli.
La compañía lleva varias semanas trabajando en la operación y se ponen en todos los supuestos. Precisamente para blindar la compra constituyeron una nueva sociedad en España hace pocos días.
Es así como en Italia creen que tienen todas las de ganar ya que unen la soberanía europea que pide la UE, cuentan con presencia en España -tanto societaria como operativa- son un socio industrial y garantizan crear un gran campeón continental.
Una defensa impecable. Por su parte, fuentes empresariales consultadas indican que jurídicamente el Gobierno tendría perdida la batalla si es que intentan vetar a Coricelli.
Visto este complejo escenario, en Moncloa se impone realizar una 'intervención quirúrgica' similar a la que se hizo con el fondo IFM en Naturgy, donde se impusieron condiciones muy claras para mantener la españolidad de la gasista.
Lo normal sería imponer a Coricelli un paquete de condiciones que tranquilice al mercado del aceite español y que lleve la paz al sector. Condiciones que, por lo demás, no generarían grandes sobresaltos a la oferta de los italianos.
Escasas opciones de Acesur
Si asumimos que las negociaciones entre Coricelli y los fondos de Deoleo siguen por buen camino el próximo paso clave es definir el encaje de la deuda refinanciada y cómo afectará esto a la cotización minoritaria de Deoleo S.A. en la bolsa española.
Si es que se firma el acuerdo, los analistas creen que tomará hasta 18 meses obtener todas las autorizaciones legales y regulatorias en los diferentes mercados donde están radicadas las sociedades involucradas.
A favor de los italianos también juega que Deoleo controla una cuota enorme del lineal de los supermercados en España con Carbonell, Hojiblanca o Koipe.
Si se le suman las marcas de Acesur (La Española y Coosur), la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) intervendría y les obligaría a desprenderse de activos.
Es así como todo parece encarrilado para los intereses italianos. Aunque con Moncloa y el Gobierno español la última palabra nunca está dicha.
