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Las claves

La Generalitat de Cataluña ha mantenido contactos del más alto nivel con el Gobierno central para pedirles que hagan todos los esfuerzos necesarios para que no desaparezca la emblemática marca Seat.

La noticia, filtrada a medios alemanes y confirmada el viernes por el Grupo Volkswagen, indica que nada está decidido pero que sobre la mesa está el fin de la icónica enseña, que sería sustituida por Cupra en 2030.

En esta línea, en el Govern de Salvador Illa son conscientes de que es poco lo que puede hacer en solitario Cataluña para evitar el fin de la icónica marca y es por ello que han exigido a los ministerios de Economía e Industria que muevan ficha.

El problema es que en el Ejecutivo central creen que no hay demasiado margen de maniobra más allá que altisonantes declaraciones públicas. La crisis del gigante alemán se decidirá en Alemania y dentro de ella, la importancia de Seat es muy pequeña.

En Madrid creen que la única vía es la política, en el caso de que se decidan a mover ficha. Es una decisión exclusivamente empresarial que solo se podría resolver si el Ejecutivo español se acerca al alemán.

Algo que ahora mismo se ve muy improbable considerando que las prioridades internacionales son otras. La relación con el canciller alemán, Friedrich Merz, es buena, pero quizás no lo suficiente como para pedirle que interceda por la marca de origen español.

Las informaciones pillaron de sorpresa tanto al Govern como a Moncloa, pero políticamente el impacto ha sido mucho mayor en Cataluña.

El equipo de Illa conocía de las intenciones de los alemanes, pero no esperaban un anuncio tan desolador y sin poner ninguna alternativa sobre la mesa.

En la fábrica de Seat en Martorell trabajan de forma directa más de 12.000 personas, 13.300 si se incluyen todas las áreas corporativas en el complejo industrial catalán.

Por otro lado, se calcula que la compañía da empleo a otras 14.000 familias de manera indirecta. Es además, una de las marcas históricas de España y de Cataluña.

Es por ello la preocupación, que al menos públicamente, ha sido mucho más acusada en el gobierno regional que en los despachos del Gobierno central.

El pasado jueves, el semanario económico alemán WirtschaftsWoche publicó un documento interno del consejo de administración de Volkswagen que proponía la retirada ordenada de la marca Seat del mercado a finales de 2029.

Posteriormente, el Grupo Volkswagen y la propia Seat emitieron un comunicado oficial admitiendo que "el futuro de la marca Seat se sigue analizando" y que no se ha tomado una decisión definitiva.

No obstante, reconocieron que los elevados costes de la electrificación y las exigentes normativas de emisiones europeas hacen que "seguir invirtiendo en la marca Seat sea cada vez más complejo".

Es así como supeditaron su supervivencia al despliegue futuro y a eventuales modificaciones de esta normativa. El problema para Seat es que Volkswagen quiere sustituirla por su marca eléctrica Cupra, que ya vende más que la enseña española.

Con todo, los sindicatos de Seat han puntualizado que la producción de la fábrica de Martorell, sea cual sea la marca, está comprometida en el medio y largo plazo.

Volkswagen confirmó sus planes el viernes y ese mismo día intervino Salvador Illa indicando que el ejecutivo catalán hará "todo lo que esté en su mano" para proteger los puestos de trabajo en Cataluña.

Calificó a Seat como un elemento clave y "esencial" para la economía de la región y marcó como prioridades estratégicas "innegociables" el mantenimiento de la capacidad productiva de la planta de Martorell y la salvaguarda de sus áreas de diseño.

Por su parte, el Gobierno central ha sido mucho más tibio y hasta la fecha solo se ha pronunciado el ministro de Economía y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo.

Reacción de Cuerpo

Este lunes, el ministro dijo que el Gobierno de España pondrá "todo el esfuerzo necesario" para defender la continuidad y el valor de Seat, considerándola un sello "genuinamente español" e imprescindible para la industria. Pero poco más.

En la Generalitat no solo esperan que Moncloa mueva ficha, sino que además demuestre un poco más de compromiso con Seat y Martorell. Aunque en el Ejecutivo central creen que estamos más en una carrera de largo recorrido. Diferentes puntos de vista.