Donald Trump está siendo probablemente uno de los presidentes de la historia reciente de Estados Unidos que más veces se ha referido públicamente a España. Y todo en el apenas año y medio que lleva en el cargo desde su retorno a la Casa Blanca.
En los primeros 18 meses de su segunda etapa en la Casa Blanca han sido numerosas las ocasiones en las que ha cargado contra Madrid y su Gobierno, incluso de las formas más sorprendentes.
Este mismo viernes -y aprovechando la crisis migratoria en Ceuta- ha recordado que si el Partido Demócrata gana las presidenciales de 2028, Estados Unidos también sufrirá una avalancha descontrolada de inmigrantes como la vivida en la ciudad autónoma española.
El Gobierno de Pedro Sánchez tampoco lo ha puesto fácil. Ha apoyado públicamente a los rivales de Trump, Joe Biden y Kamala Harris, y luego ha sido muy crítico con las políticas de Washington, su apoyo a Israel y su guerra comercial.
Ha sido más de un año de críticas por no querer subir al 5% de PIB el gasto en defensa, de amenazas con impulsar aranceles y de llamados explícitos para no volver a hacer negocios con España.
Desde el Gobierno español se ha rebajado el tono a todas estas declaraciones indicando en privado que nada se ha cumplido hasta la fecha, que el comercio sigue inalterado y que no se ha impulsado ningún veto real.
Incluso se dice, con cierta ironía, que el mundo se ha acostumbrado a escuchar amenazas de Trump que luego no se cumplen y que sólo estamos ante salidas de tono puntuales que no están teniendo ningún impacto.
No obstante, las informaciones que ha recopilado este diario dicen lo contrario: en efecto no hay un veto formal, ni la imposición de bloqueos, pero sí que hay una estrategia que ya dura muchos meses y que apunta a aislar económicamente a España.
Para la Administración Trump, el Gobierno español de Pedro Sánchez no es fiable. Pero no sólo porque no quiera subir al 5% del PIB su gasto en defensa ni porque apoye a Gaza.
No es fiable porque -para Trump- el presidente español no ha demostrado ni públicamente, ni en privado, que pueda ser un socio de confianza.
Al contrario, la lectura que se hace en Washington es que ha preferido alinearse con países como China o gobiernos latinoamericanos que han demostrado estar en las antípodas de lo que Estados Unidos considera un aliado.
Las distancias las marcó casi desde que asumió su segundo mandato. En sus fastos de toma de posesión el 20 de enero del año pasado no asistió nadie del Gobierno de Sánchez, ni tampoco fue invitado ningún empresario español.
Al contrario, estuvo flanqueado en primera fila por Elon Musk (Tesla), Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Tim Cook (Apple) y Sundar Pichai (Google), todos los tecnoligarcas a los que Sánchez suele criticar públicamente.
Pero los acontecimientos se siguen sucediendo. La información que llega desde comienzos de año a las empresas españolas es que Washington sugiere a las corporaciones estadounidenses que no hagan negocios en España.
El Gobierno de Trump ha pedido a sus empresas que sean muy cuidadosas y que intenten no participar en consorcios, ni en grandes inversiones en el país europeo.
Del mismo modo, hay especial preocupación por la participación en sectores críticos como las telecomunicaciones, la defensa, la tecnología y las infraestructuras estratégicas.
En esta lógica se entiende la evolución de las negociaciones entre Indra y Santa Bárbara para intentar cerrar una gran alianza para la gestión de contratos de defensa.
Hace un mes se publicó que se buscaban acercamientos entre la cotizada participada por el Estado español a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y la filial de la estadounidense General Dynamics.
Pero cuatro semanas después está todo paralizado, entre otras cosas, por los movimientos de Washington para impedir cualquier tipo de alianza con España en sectores estratégicos. Y la defensa lo es.
Gigafactoría de Tarragona
Si nos centramos en el sector tecnológico, fuentes empresariales consultadas también advierten de otro hecho que pasó desapercibido. A comienzos de este año el Gobierno español buscó socios para su gran gigafactoría de inteligencia artificial (IA) de Tarragona.
La idea original era que la liderara una gran tecnológica extranjera. Incluso existieron acercamientos con Nvidia, el gigante de la Inteligencia Artificial (IA) estadounidense.
Pero finalmente Nvidia se habría caído del proyecto después de discusiones que se produjeron al más alto nivel, incluyendo el Departamento de Estado y Comercio de Estados Unidos.
Es así como la gigafactoría no contará con ninguna gran empresa foránea. Sólo tendrá españolas como Telefónica, ACS, Banco Santander y Multiverse Computing.
Alianza para desplegar el 6G
En el sector tecnológico también nos encontramos con la nueva alianza Llamada a la acción para el liderazgo y la seguridad del 6G en la que Estados Unidos logró reunir a 24 "socios de confianza".
En la alianza no está España, pero sí otros quince países europeos entre los que encontramos a grandes economías europeas como la nuestra: Alemania, Francia, Italia y Reino Unido.
El pacto sentará las bases del 6G, herramienta que articulará todo el futuro desarrollo tecnológico. España tendrá 6G, pero no participará en su diseño.
Esto puede impactar en inversiones, en especial de empresas extranjeras como Nvidia, Samsung, NEC, Fujitsu, Cisco o Qualcomm. Además, también puede frenar la transferencia de I+D a España.
Relaciones entre España y China
Este pacto global se articula como una carrera para controlar el 6G que será la columna vertebral llamada a unir el cloud con la IA. Una carrera contra China. Y quizás aquí encontramos las razones por las que no participará España.
España se ha convertido en el socio más importante de Pekín en Europa. Y Washington lo sabe. En plena escalada en Irán y con Ucrania sin resolver, las dos principales economía del mundo viven una verdadera guerra fría por el control del comercio mundial.
Y España aparece en la foto está alineada con Pekín, tras recibir múltiples anuncios de inversiones en el sector del motor, en el de las energías renovables y en el de las gigafactorías. Gigafactorías con sello chino, no estadounidense.
De hecho, en Estados Unidos nunca sentó bien que España confirmara hace un año una serie de contratos en áreas críticas con la china Huawei, vetada por Washington.
Desinversiones de empresas de EEUU
Además, seguimos teniendo una gran dependencia de Huawei en nuestras redes de telecomunicaciones. El 30% de las infraestructuras 5G de España todavía pertenecen al fabricante chino.
También hay un detalle que inquieta mucho a Washington. Su embajada en Madrid está rodeada por estaciones base de telefonía móvil con tecnología Huawei.
Pero los grandes números también van en la dirección de esta discreta y silenciosa estrategia de la Administración Trump para aislar a España.
Las empresas con sede en Estados Unidos desinvirtieron 7.794 millones de euros en España desde que Trump llegó a la Casa Blanca, según cifras oficiales del Ministerio de Economía.
Comercio exterior
El dato supera ampliamente los 7.672 millones que se desinvirtieron en los cinco años anteriores (2020 a 2024) que incluyen todo el gobierno de Joe Biden y el último curso del primer mandato de Trump.
Fuentes oficiales rebajaron la importancia a estas cifras indicando que no hay una voluntad de las empresas de EEUU de salir de España, pero lo cierto es que la inversión real en estas fechas fue equivalente a las salidas de capital por primera vez en un lustro.
Esto no es casualidad, dicen fuentes empresariales. Advierten que las empresas de EEUU comienzan a hacer caso a las advertencias que llevan meses lanzando Washington.
Desde el punto de vista comercial, la situación es similar. Los datos de Economía dicen que en 2025 las empresas españolas exportaron bienes por valor de 16.716 millones a EEUU e importaron el equivalente a 30.174 millones.
Comportamiento de 2025
Esto supuso una caída del 8% en los envíos y un crecimiento del 7% en las compras. Básicamente los más perjudicados están siendo las empresas exportadoras españolas de sectores como el vino o el aceite de oliva.
La imposición de aranceles a la Unión Europea (y por extensión a España), ha sido clave, pero también -dicen fuentes consultadas- las empresas españolas no lo están teniendo fácil para exportar a la primera economía del mundo.
Un panorama general que no es nada favorable para las empresas españolas (grandes y pequeñas) que quieran hacer negocios en Estados Unidos. Y todavía queda mucho tiempo.
En concreto, dos años y medio de Administración Trump que se pueden hacer muy largos si Sánchez sigue en La Moncloa para estas fechas.
