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Las claves

Talgo ha cerrado este miércoles la composición de su nuevo consejo de administración, que se amplía hasta ocho miembros y del que sale definitivamente el anterior presidente, Carlos Palacio Oriol, último representante de la familia fundadora.

El consejo ha decidido nombrar dos nuevos consejeros por cooptación, Lorea Aristizabal y Tomás Olano, en sustitución de Marisa Poncela y Carlos Palacio Oriol que habían presentado su dimisión el día anterior.

Con estos nombramientos, el nuevo consejo de Talgo ha quedado definitivamente formado por ocho consejeros, cinco independientes y tres dominicales: José Antonio Jainaga, presidente; Maite Echarri, Juan Antonio Sánchez Corchero, Antonio Oporto, Arantza Estefanía, Ricardo Chocarro, Lorea Aristizabal y Tomás Olano.

Carlos Palacio seguirá vinculado a la compañía como presidente de la Fundación Talgo desde donde seguirá apoyando al grupo e impulsando sus valores, señala la empresa en una nota.

También se han constituido las tres comisiones del consejo: la de auditoría, que estará presidida por Lorea Aristizabal; la de nombramientos y retribuciones, que presidirá Arantza Estefanía; y la de estrategia, que presidirá Antonio Oporto.

En la reunión del primer consejo tras la aplicación del plan de rescate de la compañía ferroviaria, ya se había decidido el nombramiento de José Antonio Jainaga como nuevo presidente.

El industrial vasco asumía la presidencia para controlar la puesta en marcha del plan de refinanciación de la compañía y controlar la gestión en los primeros pasos de esta nueva etapa.

El representante de la familia fundadora y presidente durante los últimos 24 años, Carlos Palacio Oriol, cedía las riendas con "una enorme tranquilidad", una vez que se ha estabilizado la estructura accionarial de la empresa.

La última reforma de los estatutos ya aprobó un mínimo de cinco miembros en el consejo para facilitar la toma de decisiones en los inicios de la nueva etapa que ahora se abre para el constructor ferroviario.

El propio Jainaga ha asegurado que ya tiene preparado un plan industrial que pasaría por acelerar las inversiones para que toda la producción pendiente de trenes pueda cumplir con los plazos de ejecución.

La certificación de los trenes que se han enviado a los ferrocarriles alemanes y daneses a finales del año pasado supone además un impulso a la actividad y la facturación, que será clave para que la empresa pueda salir de los números rojos sin sufrir más penalizaciones.