Las claves
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El industrial vasco José Antonio Jainaga ha asumido la presidencia de Talgo este jueves, para controlar la puesta en marcha del plan de refinanciación de la compañía y controlar la gestión en los primeros pasos de esta nueva etapa.
El representante de la familia fundadora y presidente durante los últimos 24 años, Carlos Palacio Oriol, cede las riendas con "una enorme tranquilidad", una vez que se ha estabilizado su estructura accionarial y la empresa ha vuelto "a sus orígenes", señaló tras su último consejo al frente.
La empresa estrena además un nuevo consejo de administración de cinco miembros, tras la salida del fondo Trilantic del capital, según ha comunicado a la CNMV. El objetivo es ser eficaces en la toma de decisiones para lanzar el plan industrial que la empresa necesita.
El propio Carlos Palacio se despedía de la presidencia con "una gran satisfacción", al dejarlo todo en manos de Jainaga, con la confianza de que el nuevo equipo llevará a la empresa "muy lejos".
El nuevo presidente le ha pedido que se quede al frente de la Fundación Talgo "desde donde podrá seguir apoyando a la compañía e impulsando sus valores.
Carlos Palacio será el consejero externo de la empresa a partir de ahora, que contará además con dos dominicales y otros dos independientes.
La última reforma de los estatutos ya aprobó ese mínimo de miembros en el consejo para los inicios de la nueva etapa que ahora se abre para el constructor ferroviario.
Plan en marcha
El propio Jainaga ha advertido que ya tienen preparado un plan industrial que pasaría por acelerar las inversiones para que toda la producción pendiente de trenes pueda cumplir con los plazos de ejecución.
La certificación de los trenes que se han enviado a los ferrocarriles alemanes y daneses a finales del año pasado supone además un impulso a la actividad y la facturación, que será clave para que la empresa pueda salir de los números rojos sin sufrir más penalizaciones.
Talgo ha dejado muy claro que el proceso de reestructuración, con el apoyo del Gobierno Vasco y el ejecutivo español, ha cerrado una etapa y ha consolidado una estructura accionarial capaz de sacar adelante la compañía.
Sin la obligación de coger más socios industriales, desde la empresa no se descarta llegar a alianzas comerciales o de producción para cumplir con una ambiciosa cartera de pedidos que superaba los 4.700 millones a final de año y puede ponerse en más de 7.000 a medio plazo.
Al final del proceso, el consorcio vasco liderado por Jainaga, con el fondo público Finkatuz y las fundaciones Vital y BBK, controlará casi el 29,5% del capital tras comprar la parte de Trilantic, por cera de 155 millones.
A ello se añade la entrada de la SEPI con 75 millones más, vía obligaciones convertibles y ampliación de capital, que le otorga un 7,8% del capital.
