La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) está de vuelta. Como si de una antigua estrella del rock que decide regresar a los escenarios animada por su antiguo mánager después de unos años de pocas actuaciones en locales pequeños, el Gobierno de Pedro Sánchez ha apostado porque este ente regrese a la primera línea empresarial. Además, lo hará con un mandato casi tan importante como el que tuvo durante la década de los 90: minimizar la pérdida de empresas en sectores estratégicos.

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Una misión para la que la SEPI contará con la nada desdeñable cifra de 10.000 millones de euros. Durante los próximos meses, este ente actuará como un salvavidas al que podrán recurrir compañías que se vean en situaciones comprometidas por la crisis generada por el coronavirus. Un matiz que es importante.

La filosofía que tiene detrás esta decisión es la de salvar empresas viables que sólo tienen que esperar a que la situación en su sector vuelva a un estado previo al de la crisis del coronavirus para retomar su normal actividad. Un ejemplo claro de esta situación lo encontramos en las líneas aéreas. Empresas cuyo mercado ha desaparecido durante meses y para las que no hay un calendario claro de regreso.

A la vez, en el momento en que se controle la situación sanitaria se espera que sus actividad se recupere. La estrategia de la SEPI perseguiría apoyar a estas empresas durante el tiempo que necesiten esa ayuda para luego salir cuando el mercado se recupere. Por el camino, este planteamiento puede traer alegrías a las arcas del Estado ya que las operaciones se realizarán en un momento de valoraciones muy bajas que, previsiblemente, subirán notablemente una vez que sus mercados recuperen los niveles de actividad necesarios para que operen sin ayudas.

Garantizar la solvencia

El fondo puesto en marcha por el Gobierno se ajustará a la normativa de ayudas de Estado de la Comisión Europea. "Su finalidad es garantizar la solvencia de las empresas que constituyen el corazón de nuestro tejido productivo", remarcó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Según indicó, el fondo se reforzará con los recursos de los fondos europeos que aún tienen que llegar.

Para realizar esta acción de ayuda, la SEPI contará con distintos instrumentos como la concesión de préstamos participativos, la adquisición de deuda subordinada o la suscripción de acciones u otros instrumentos de capital. El importe de los dividendos, intereses y plusvalías que resulten de las inversiones que se realicen se ingresarán en el Tesoro Público.

En principio esta iniciativa estará dirigida a sociedades que sean consideradas estratégicas por diversos motivos, como su impacto social y económico, su relevancia para la seguridad, la salud de las personas, las infraestructuras, las comunicaciones o su contribución al buen funcionamiento de los mercados. Se ha descartado que dentro de los sectores afectados vaya a estar el de las entidades financieras y de crédito.

Iberia, Airbus y la industria auxiliar

En la primera línea de las compañías que podrían contar con la ayuda de la SEPI aparece Iberia. Además de las necesidades que pueda tener la empresa para aguantar, mientras los niveles de tráfico siguen tan bajos, las ayudas a la aerolínea del grupo IAG tendrían un efecto dominó muy positivo.

La operación de compra de Air Europa, que llegó a ser anunciada por 1.000 millones de euros, ha estado a punto de naufragar debido a la situación generada por el coronavirus. La ayuda de la SEPI podría garantizar que se llevara finalmente a cabo, aunque muy probablemente a una menor valoración, y, de esta manera, el Grupo Globalia contaría con oxígeno para reconducir su maltrecha situación.

Pero los efectos positivos de la ayuda a Iberia no terminarían ahí. La compañía tiene en marcha una importante renovación de flota. Iberia necesita contar con aviones más eficientes sobre todo en el rango de largo radio. Ante las dificultades actuales de liquidez, la aerolínea podría verse obligada a frenar este proceso.

La ayuda de la SEPI facilitaría que la compra de nuevos aviones continuara, lo que tendría efecto sobre Airbus cuya producción de aviones comerciales ha caído estrepitosamente durante las últimas semanas.

Y es que, el gigante aeronáutico también está en el radar del Estado. Según ha podido saber Invertia, el Gobierno y Airbus mantienen conversaciones para ampliar la participación de España en el accionariado del gigante aeronáutico europeo. Actualmente España controla un 4,1% de las acciones de Airbus a través de la SEPI. Una posición mucho menor a la que ostenta Francia con un 11% y Alemania con un 10,9%.

En estos momentos Airbus tiene una capitalización bursátil de unos 51.000 millones de euros lo que coloca el valor de la participación de España ligeramente por encima de los 2.000 millones. El objetivo, por tanto, sería utilizar una parte significativa de los 10.000 millones con los que cuenta la SEPI para abordar la operación.

En estas conversaciones, el consorcio aeronáutico también ha destacado la importancia de contar con recursos directos, al margen de la operación accionarial. El objetivo sería impulsar proyectos de I+D en la plantas españolas que amortiguaran la ausencia de carga de trabajo que van a sufrir durante los próximos meses. Además, desde Airbus se habría pedido al Gobierno que ayudara a sus empresas auxiliares que también van a verse muy dañadas por la reducción de producción del gigante aeronáutico.

Los viejos rockeros nunca mueren

Una serie de actuaciones que devolverían a la SEPI a un papel estelar similar al que ostentó en la década de los 90. La sociedad estatal fue creada en 1995. Su constitución se materializó en el marco de un proceso de reordenación y modernización del sector público empresarial, para gestionar las participaciones industriales de titularidad pública procedentes de antiguos organismos como el Instituto Nacional de Industria (INI) e Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH), suprimidos por la misma norma.

Desde ese momento, este ente se convirtió en un instrumento clave del Estado durante los años en los que España realizó los procesos de liberalización de mercados que, hasta ese momento, habían actuado casi como monopolios públicos. 

Los gestores de la SEPI han tenido mucho que decir en la historia de empresas de los sectores más diversos. Desde la banca con Argentaria, a la Energía con Endesa, el transporte aéreo con Iberia o las telecomunicaciones con Telefónica, son casi innumerables las empresas españolas en las que, en algún momento, este ente tuvo un papel crucial. 

Actualmente, las posiciones de la SEPI están compuestas por 15 empresas participadas mayoritariamente y de forma directa, con más de 78.000 profesionales. Además, tiene participación directa minoritaria en otras nueve compañías e indirecta en más de 100.

Durante las próximas semanas veremos aparecer compañías de primer nivel en los listados de la sociedad estatal. De la gestión que realice durante los próximos años dependerá gran parte del éxito de una de las operaciones más singulares que veremos en medio de los planes para que España salga de la crisis del coronavirus perdiendo el menor volumen de tejido empresarial posible.