Últimos meses de 2013. El departamento comercial de Salir.com, la guía del ocio fundada en 2007 por Nacho González-Barros (también creador del gigante del empleo online Infojobs), necesitaba confirmar si sus clientes abrían los correos electrónicos que les enviaban. Él y otros dos trabajadores de esta compañía decidieron colocar las primeras piezas de lo que sería Mailtrack.

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El próximo año esperan alcanzar, con un equipo de once personas, los 2,3 millones de euros de ingresos recurrentes con su servicio de seguimiento con el doble check. Y lo han hecho sin apenas inversión externa (apenas 900.000 euros en tres pequeñas rondas desde el año 2014), con Google como gran aliado (y amenaza) y con la privacidad como un espinoso jardín que gestionar.

Desde Google hasta Microsoft

En un primer momento, Mailtrack era una extensión para el navegador de Google con la que se conseguía saber cuándo había abierto el correo un destinatario: a través del doble check similar al de la aplicación de mensajería de Whatsapp.  Ahora está presente en el resto de navegadores y trabaja para estar presente en la versión en la nube de Outlook, el gestor de correo de Microsoft.

Tras algo más de un año con un servicio puramente gratuito (hoy tiene más de 500.000 usuarios con ese servicio sin coste), en el que no había ninguna rentabilización, la compañía decidió introducir una versión de pago. Fue en 2015. La contraprestación: eliminar la marca de la empresa de la firma y, recientemente, poder disfrutar de recordatorios de correos no leídos por el destinatario para retomar gestiones no completadas.

Con este modelo, la ‘startup’ cerró el ejercicio pasado con algo más de medio millón de euros de ingresos y unos 10.000 clientes recurrentes acumulados. Este año esperan llegar a 1,1 millones de euros y tener unas pérdidas de unos 30.000 euros (con unos 24.000 clientes). Y el objetivo es llegar a 2018 con 2,3 millones de ventas y, por primera vez, un Ebitda positivo de 700.000 euros.

En cuanto a mercados, Estados Unidos, pese a no ser el mercado natural, aporta la mitad de los usuarios. El resto está muy repartido: Reino Unido, con el 5,5%; Canadá, con el 3,7%; Brasil (3,5%) y España (3,2%).

Pequeñas inversiones, grandes competidores

El camino ha sido por tanto mucho más lento que en otras compañías. No ha habido grandes aceleraciones, ni crecimientos desorbitados. Es lo que eligió un González-Barros que en el pasado sí que estuvo al frente de compañías con un gasto más importante de capital, como él mismo reconoce. ¿Por qué hacerlo así?

“He tenido el debate interno de ver qué puede comprar el dinero que nos interese… y después de darle vueltas no hay por dónde coger los números: el dinero no compra ni velocidad ni ingresos”, explica el fundador. En un momento como el actual, con un mercado con grandes cantidades para invertir, la compañía sólo ha recaudado algo más 800.000 euros (aportados por fondos como Vitamina K, Big Sur Ventures, Bankinter o Caixa Capital Risc). Y no quiere más, al menos por ahora. “Nuestro gasto de marketing es de 3.000 ó 4.000 euros al mes y una cantidad superior a ese nivel no nos da un retorno decente”, apunta.

He tenido el debate interno de ver qué puede comprar el dinero que nos interese… y después de darle vueltas no hay por dónde coger los números: el dinero no compra ni velocidad ni ingresos

“La idea no es ir a otra ampliación de capital, sino priorizar el margen de beneficio… no queremos volvernos locos con el crecimiento”, precisa. Hoy son once personas y el objetivo es, como máximo, incorporar a uno más. De esa cifra, 7 son del equipo técnico. Tras la salida de dos de los fundadores, Gabriel García Fernández y Gil Casadevall, González-Barros cuenta con Eduardo Manchón, fundador de la Panoramio (la compañía española comprada por Google en 2007), como responsable de producto.

Aun con todo, no lo van a tener fácil. En absoluto. La batalla en este particular segmento de las herramientas de productividad en torno al correo hay grandes compañías. Entre sus competidores resalta uno: Hubspot. La compañía de ‘software’ en la nube es cotizada y tiene una capitalización bursátil de 2.600 millones de dólares y unos ingresos anuales de 270 millones. Cuenta con un servicio de seguimiento de correos similar al de Mailtrack. A esta se suman las estadounidenses Streak (con socios como el inversor inicial de Twitter Chris Sacca) y Yesware, que ha recaudado 33 millones de dólares desde 2011. Ambas cuentan con plataformas de gestión de relaciones con clientes (conocida como CRM) donde introducen como servicio el email tracking.

Su gran amenaza es su gran aliado: Google

En esta batalla, hay quien puede pensar que hay un gran riesgo: que Google o Microsoft decidan incorporar este seguimiento de correos entre las herramientas añadidas a su servicio de email. “Hemos hablado con gente destacada de Google y nos han dicho que prefieren que el ‘tracking’ de correos lo desarrollen terceros”.

Hasta ahora, Google les ha permitido crecer a gran velocidad. Ha sido el aliado perfecto para ese crecimiento. Sin embargo, la alargada sombra de la puesta en marcha de una herramienta de seguimiento sigue estando ahí. “Creemos y hemos hablado con ellos: no se ven con esta herramienta”, explica González-Barros.

El espinoso jardín de la privacidad

Al margen de los posibles movimientos de los gigantes, dueños del servicio de correo sobre los que Mailtrack trabaja, hay otro terreno espinoso con el que ha de lidiar: la privacidad. Como ejemplo, un botón: el responsable de Datos y ciberseguridad de Telefónica, Chema Alonso, puso de ejemplo en su blog ‘Un informático en el lado del mal’ al servicio de la española para demostrar cómo Gmail permitía, por defecto, analizar quién leía los correos con herramientas de terceros.

¿Cómo funciona Mailtrack? La compañía inserta una imagen invisible (de 1x1 píxeles) en el correo, que servirá como guía para saber si ha sido abierto o no. Es una tecnología similar a la que utilizan compañías de marketing a través de email como Mailchimp. “Pero nosotros no hemos entrado en el jardín de tener metadatos de correos anonimizados para venderlos”, explica González-Barros, quien reconoce que ni accede ni guarda el cuerpo del email y sólo accede al ‘Asunto’ “para luego poder hacer el ‘tracking’”.

Más que una herramienta de Google

Una de las grandes debilidades a las que se enfrenta la compañía es a quedarse como una herramienta y no tanto un servicio completo. Es por eso que, pese a contar con el objetivo general de convertirse en la mayor herramienta de seguimiento de correos, tiene una misión: ser “una plataforma de comunicación avanzada”. “Queremos ser un conjunto de herramientas para dejar de ser una compañía de una sola herramienta… es algo que nos protege más”, apunta el fundador.

De esta forma, quieren ir introduciendo nuevas características que complementen a la que ya tienen: como el seguimiento de documentos, de clics o la integración con las herramientas para gestión de clientes (CRM). Así, quieren potenciar los clientes más grandes. De esta forma, tiene una cuenta ‘Pro’, para usuarios individuales, equipos pequeños y grandes empresas. “Ahora mismo tenemos una persona a tiempo parcial para potenciar las cuentas más grandes”, explica.

Con todo, y pese a que sus números aún son pequeños, ya han recibido alguna oferta de compra. “Hemos recibido una oferta de una empresa que no era de este sector a una valoración baja”, reconoce González-Barros. Para él, no hay un horizonte claro de venta a corto plazo. “Estamos ante una oportunidad única, y mira que he montado empresas, al ser tan fácil conseguir tantos usuarios y clientes al día sin dejarnos una pasta en marketing”.