Ni una gran compra en el último lustro firmada por una corporación empresarial española. Estas compañías siguen sin sacar la chequera para adquirir startups españolas. Telefónica ha ejercido como gran excepción tras adquirir dos grandes empresas: Tuenti y Acens. El mercado espera que en los próximos años cambie esta tendencia.

Esta ausencia de compradores se produce con una inversión de capital riesgo que en 2016 vivió una cierta ralentización en el sector startup. En total, una reducción desde el récord absoluto de casi 600 millones en 2015 a unos 400 millones, debido principalmente a la rebaja de los desembolsos de fondos internacionales.

Las grandes ventas, en manos extranjeras

Sólo en el año 2016 tuvieron lugar cuatro grandes operaciones de venta de startups españolas o creada por fundadores españoles. El gigante estadounidense Ebay se hacía con Ticketbis por más de 165 millones de dólares; el desarrollador de juegos Take-Two adquiría por 230 millones de euros a Social Point; la francesa Venté-Privée sacaba la chequera para pagar 500 millones por su ‘archirrival’ Privalia, y la centenaria americana Monotype pagaba 130 millones de dólares por la startup creada por tres españoles Olapic.

Pero no son los únicos. A estos se suman otros muchos: Foodpanda y Just Eat compraron La Nevera Roja (unos 80 millones); WeddingWire se hizo con Bodas.net (50 millones); el grupo noruego Schibsted pagó 100 millones por Milanuncios.com; Imperus pagó casi 30 millones por Akamon; Intel desembolsó 26 millones por la andaluza Indysis o la japonesa NextCo se rascó el bolsillo y abonó 80 millones por hacerse con el agregador de anuncios clasificados Trovit.

Telefónica es quizás la gran compañía española que representa la excepción a esta regla. En los últimos años ha tratado de hacerse con productos y equipos de startups locales, no sólo invirtiendo sino también adquiriendo. En 2010 se hizo con la entonces red social española Tuenti, por 70 millones de euros (gran parte de su equipo ha alimentado el área de Innovación de la ‘teleco’). Y en 2011 pagó 80 millones por Acens, la tecnológica española centrada en la nube. El resultado de estas adquisiciones puede ser discutible, pero es una realidad que decidió acudir al mercado para adquirir tecnología o producto.

Falta de cultura, principal factor

La pregunta que surge es clara: ¿Por qué compañías que gastan millones de euros al año en Investigación y Desarrollo (I+D) no deciden sacar la chequera para adquirir startups con las que incorporar nuevos productos, servicios, tecnología o equipo especializado en áreas innovadoras? Inversores y expertos consultados coinciden en cuatro grandes factores: la falta de cultura de la adquisición, la ausencia de experiencias previas de éxito, la escasez de grandes proyectos globales en el ecosistema español y la ‘fría’ relación entre ambos mundos.

“Hay algo cultural: lo hago yo desde dentro, lo hago mejor y es más barato… hay muy poca cultura en la gran empresa de comprar usuarios”, asegura David Bonilla, consejero delegado de Comalatech y organizador del evento de ‘startups’ Tarugoconf. Y apostilla: “En la mayoría de las empresas no hay departamento para estas operaciones y relaciones con startups: ¿Por cuántas capas se debe pasar para cerrar un acuerdo de compra de una compañía?”.

Hay algo cultural: lo hago yo desde dentro, lo hago mejor y es más barato… hay muy poca cultura en la gran empresa de comprar usuarios

En este sentido, el fundador del fondo de inversión en estas compañías Kibo Ventures, Aquilino Peña, apunta que tradicionalmente en España ha habido una “querencia histórica” a que la gran corporación llevara a cabo muchas de las innovaciones desde dentro. “Y también ha habido un incentivo fiscal al I+D y la compra no tiene esos incentivos”, completa.

"Habría que instaurar en las compañías una visión de la innovación mucho más de capital riesgo: hacer muchos experimentos a sabiendas de que muchos van a fracasar pero con la posibilidad de tener aciertos enormes", asegura Samuel Gil, responsable de inversión de JME Ventures (brazo inversor de la Fundación José Manuel Entrecanales). Y pone de ejemplo el caso de Amazon o de Cisco. 

A ello se une el conocimiento de los directivos que están al frente de las grandes empresas. “Mandaba gente de 50 y 60 años, ahora muchos de los consejeros delegados y directores generales tienen cuarenta y tantos y dominan el mundo digital”, apunta Carlos Blanco, uno de los ‘business angels’ más activos en España y fundador del fondo Encomienda.

Habría que instaurar en las compañías una visión de la innovación mucho más de capital riesgo: hacer muchos experimentos a sabiendas de que muchos van a fracasar

Esos perfiles no invitan, según Bonilla, a una relación fluida. “¿Cómo contactas como emprendedor con un gran directivo, si no tiene un perfil público en Twitter, no va a eventos, ni se acerca a estas compañías?”, se pregunta. Y es que las alianzas comerciales y los pactos entre ambos son la puerta de entrada de potenciales compras en el futuro.

Sin casos de éxito y sin relación startup-gran empresa

La falta de grandes casos de éxito es, según las fuentes consultadas, otro de los impedimentos para que haya operaciones de este tipo. Las compras protagonizadas por Telefónica son realmente los referentes para otras grandes compañías. “Muchas de estas grandes empresas ven que alguna de esas adquisiciones no ha salido bien”, explica Marcos Salas, socio de Webcapitalriesgo.

En muchas ocasiones, cuando una gran empresa decide comprar también se es muy crítico con ella

Sobre esto, Aquilino Peña, quien recuerda que ninguna de las cuatro participadas del fondo que gestiona vendidas era española, advierte de que en el mercado nacional se suelen ver con cierto recelo los movimientos de estas grandes compañías. “En muchas ocasiones, cuando una gran empresa decide comprar también se es muy crítico con ella”,

Hay otro factor relevante que tiene que ver con la naturaleza de los proyectos en España. “Ahora empieza a haber proyectos globales, pues el mercado está madurando”, apunta Bonilla. Ese cambio en el perfil de la startup la puede hacer más atractiva para un gran operadora. En este sentido, Carlos Blanco remarca el cambio de tendencia en el ecosistema: “Ahora las startups están concentradas no tanto en el crecimiento de usuarios, sino en la facturación y en los beneficios; es más fácil que una gran empresa se fije en una startup que tiene negocio”.

Otras fuentes también señalan al tamaño de la gran empresa en España. Jesús Monleón, fundador de la aceleradora Seedrocket, inversor de ‘startups’, es claro: “No hay grandes grupos de internet relevantes en España y eso se traduce en que no hay adquisiciones; los únicos que están adquiriendo son grandes compañías internacionales con visión a largo plazo”.

Ahora las startups están concentradas no tanto en el crecimiento de usuarios, sino en la facturación y en los beneficios; es más fácil que una gran empresa se fije en una startup que tiene negocio

En este sentido, Carles Ferrer, socio general del fondo Nauta Capital, afirma que hay pocas compañías tecnológicas en España con suficiente tamaño como para acometer estas adquisiciones. "Algunas que han crecido están más centradas en negocios de servicios con lo que tampoco tienen los mismos hábitos compradores que las compañías de producto; es un mercado aún inmaduro y las compañías españolas deben crecer internacionalmente en su negocio y presencia, donde con el tiempo es más probable que encuentren su comprador", apunta.

Los bancos ‘tocan’ el agua fuera de España

En este contexto, es interesante el movimiento que han completado los dos grandes bancos españoles: BBVA y Santander. Ambos han creado sendos fondos de capital riesgo con los que invertir en estas compañías tecnológicas. Y ambos han salido también de compras. Pero la inmensa mayoría de estas operaciones, salvo honrosas excepciones, se han firmado fuera de las fronteras españolas.

En el caso de BBVA acaba de comprar recientemente la mexicana de servicios de pagos online Openpay. Pero antes hizo lo propio con la finlandesa Holvi, el banco móvil británico Atom, la consultora de diseño estadounidense Spring Studio o la también norteamericana Simple. El valor contable de esta última ha sido recortado un 70% por parte del banco, después de no haber cumplido con los objetivos marcados.

En el Santander no ha habido grandes adquisiciones y sí inversiones a través de su fondo Innoventures. La más destacada, quizás, es iZettle, la compañía sueca para hacer pagos desde el móvil. El pasado mes de febrero se dieron a conocer otras dos operaciones, con ‘startups’ extranjeras.

¿Cambiará el panorama pronto?

Todas las fuentes consultadas coinciden en que la tendencia es hacia un cambio en el mercado. “Se saltará de la cosmética de aceleradoras de startups a una apuesta que se visualice en adquisiciones”, apunta Bonilla. Así, Blanco pone fecha: “No pasará un año sin ver una compra de una gran corporación española de una startup española”.

No pasará un año sin ver una compra de una gran corporación española de una startup española

Una de las vías que sirven para construir una primera relación entre la gran empresa y la startup potencialmente comprable es el acuerdo comercial. “Suele ser el paso previo, pero hay mucho que hacer aquí: en muchas ocasiones las empresas le piden a las startups el balance de los tres últimos años; tienen que ser más flexibles en los modelos de contratación y en el pago”, apunta Peña.

Telefónica, por ejemplo, ha ido trasladando recursos desde su aceleradora Wayra hasta el ecosistema general de startups Open Future. Y, además, poniendo énfasis en sectores que puedan llegar a estar relacionados con su actividad.

Inversión, a la baja

Esta ausencia de grandes operaciones de compra de las corporaciones españolas llega con un sector del capital riesgo para startups en la que se ha percibido cierto frenazo en la inversión. Así lo confirma el estudio elaborado por la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri) sobre la actividad en 2016: 400 millones de euros desembolsados por los fondos internacionales y españoles, lo que supone una sensible bajada respecto a los 585 millones del año pasado.

No sólo hay que encontrar el origen de ese descenso en la menor contribución de los otrora ‘salvadores’ fondos internacionales. También se suma que durante el ejercicio 2016, algunos de las gestoras del panorama nacional se encontraban en fase de recaudación de fondos.

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