El déficit comercial de España se ha disparado hasta los 45.818 millones de euros entre los meses de enero y agosto, lo que supone un aumento del 31% respecto de los datos de igual periodo del año pasado.
Esta cifra refleja el importante desequilibrio de la economía española entre importaciones y exportaciones que ya escala hasta convertirse en el segundo más elevado de la década, después de los 50.147 millones de 2022.
Lo peligroso es que en los últimos doce meses la cifra se ha disparado hasta los 67.767 millones, lo que anticipa que el año se cerrará muy cerca de los 70.000 que se marcaron en el récord de 2022.
En total, entre enero y agosto las exportaciones llegaron a los 264.182 millones de euros, un crecimiento del 3,2%, por las importaciones de 310.000 millones, una mejora del 6,5%.
El gran responsable es el comercio con China ya que el déficit comercial con Pekín escaló hasta los 30.496 millones, un 13% más. El desequilibrio con Pekín es culpable del 67% del déficit total de la economía española con el exterior.
Las exportaciones a China llegaron a los 5.383 millones, una mejora de apenas el 0,7%. Por el contrario, las importaciones desde Pekín se dispararon hasta los 35.879,5, un alza del 11,1%.
Esto vuelve a colocar a China como el primer proveedor de España, ya muy distanciado de Alemania, nuestro histórico socio comercial, que hasta agosto realizó envíos a Madrid por valor de 33.686 millones.
¿Y qué ha pasado? Históricamente, España ha elevado su déficit exterior principalmente por la energía que ha tenido que importar en medio de sucesivas crisis internacionales.
En el caso del año 2022, en récord histórico, se produjo por la importación de crudo y gas ante la escasez de suministro por la invasión de Rusia a Ucrania.
Pero ahora la situación es diferente. Entre enero y agosto el déficit energético (22.000 millones) es equivalente al no energético. Y en agosto el no energético se impone por 5.000 millones contra 2.000 del desequilibrio energético.
La realidad es que por primera vez en casi dos décadas, el sector español del automóvil ha registrado un déficit comercial. Esto se debe a la oleada de importaciones de vehículos eléctricos y de combustión procedentes de China con marcas como BYD, MG u Omoda.
De esta manera, se confirma el gran auge del comercio chino en España. Una situación que contrasta con las promesas del Gobierno de construir estos coches en España, aunque con inversión de Pekín.
En un año, España ha pasado de tener un superávit comercial en el sector del automóvil con 1.965 millones, hasta un déficit de 1.368 millones de euros.
Pero hay otras causas. El coste de importar gas y petróleo se ha disparado debido al alza de los precios internacionales, registrando un incremento en las importaciones de estos productos.
Por otro lado, la economía española ha mantenido un ritmo de crecimiento superior al de la media de la eurozona, con previsiones del PIB en torno al 2,5% para este año.
Este dinamismo, respaldado por un sólido consumo privado y el incremento del crédito al consumo, ha elevado notablemente la adquisición de bienes fabricados en el extranjero para abastecer el mercado local.
Por otro lado, las empresas españolas han acelerado su inversión en la modernización de sus plantas de producción mediante la compra de maquinaria, sistemas tecnológicos y bienes de equipo extranjeros.
En este apartado el déficit se ha disparado hasta los 21.433 millones, 3.000 millones más que los primeros ocho meses del año pasado.
Por otro lado, los sectores con mayores superávits fueron: alimentación, bebidas y tabaco (10.735 millones de euros), otras mercancías (4.330 millones) y semimanufacturas no químicas (4.204 millones).
Los países respecto a los cuales la economía española registró los mayores superávits fueron: Portugal (12.921 millones), Francia (11.792 millones) y Reino Unido (9.264 millones).
