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Si el Gobierno de Xi Jinping confiaba en que sus concesiones de última hora -recortar a la mitad las exportaciones de coches híbridos a la UE o rebajar los aranceles al aceite de oliva, el calzado o los helados- bastarían para desactivar el endurecimiento de la política comercial europea hacia China, se ha equivocado por completo.

La Comisión de Ursula von der Leyen celebra que el diálogo con Pekín haya dado, por una vez, resultados concretos: el gigante asiático limitará a 350.000 unidades anuales las ventas de vehículos híbridos en el mercado comunitario durante los próximos cuatro años, menos de la mitad de las 800.000 previstas para este año. El acuerdo reducirá su cuota de mercado del 12% al 6%.

Pero el Ejecutivo comunitario considera que este gesto es apenas una gota en el océano y no bastan para corregir el "insostenible" déficit comercial con China, que alcanza los 1.000 millones de euros diarios y acelera la desindustrialización europea.

Por eso, Von der Leyen planteará a los líderes europeos, en la cumbre del jueves y viernes en Bruselas, acelerar el refuerzo del arsenal de defensa comercial de la UE. El objetivo es dotar a Bruselas de más instrumentos para responder con mayor rapidez y contundencia a las prácticas de competencia desleal de China.

"Además del diálogo -y esto es también lo que la presidenta expondrá a los líderes durante el almuerzo del jueves en el Consejo Europeo-, debemos debatir qué más necesitamos hacer", ha explicado este lunes un alto responsable del Ejecutivo comunitario.

"Porque el diálogo debe dar resultados y los ha dado. Pero parece poco probable que el diálogo por sí solo permita resolver los problemas estructurales y los desequilibrios insostenibles que tenemos con China", ha avisado.

La presidenta anunciará, en primer lugar, un "instrumento de diversificación" que obligará por ley a las empresas europeas a buscar proveedores alternativos cuando su dependencia de un único país o proveedor supere un determinado umbral.

"Estamos diversificando y nuestras empresas también lo están haciendo, pero no con la suficiente rapidez. Por eso, tomaremos medidas para acelerar ese proceso", ha explicado el alto funcionario. Bruselas quiere aprovechar a fondo la red de 80 acuerdos comerciales con 45 países para reducir la dependencia europea de China.

En segundo lugar, Von der Leyen prepara un "mecanismo de solidaridad" para respaldar a los Estados miembros, regiones o sectores industriales más castigados por las prácticas comerciales desleales o las represalias de Pekín. La Comisión pretende así evitar que las presiones económicas dividan a los Veintisiete y garantizar una respuesta común.

Ambas propuestas legislativas se presentarán a principios de diciembre, antes del último Consejo Europeo del año. Pero los líderes debatirán esta semana si la UE necesita ir más lejos y dotarse de un instrumento más contundente, como el "botón de desconexión" que propusieron la semana pasada el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz.

Este mecanismo permitiría, como último recurso, bloquear total o parcialmente el acceso al mercado interior a un país que provoque distorsiones graves y sistemáticas.

"Disponemos de numerosos instrumentos y tenemos margen para utilizarlos también a muy corto plazo. Pero, como siempre, podemos hacer más y hacerlo mejor. Eso es precisamente lo que debatiremos esta semana".

En este contexto, Pedro Sánchez corre el riesgo de quedarse de nuevo solo en el Consejo Europeo con su apuesta por la conciliación con Pekín, que ha visitado cuatro veces en cuatro años, una vez que Merz ya ha virado hacia una política de mano dura ante la amenaza que la competencia china representa para la industria alemana.

El presidente del Gobierno volvió a defender la semana pasada "tener un espacio de interlocución y de gestión inteligente de las discrepancias que tengamos con este país asiático". Y los eurodiputados del PSOE se desmarcaron de la resolución aprobada por la Eurocámara reclamando un endurecimiento de la política comercial de la UE hacia China.

Moderar las exportaciones chinas

Hasta ahora, Bruselas había centrado sus esfuerzos en reequilibrar la relación comercial con China en exigir a Pekín que abriera más su mercado a los exportadores e inversores europeos. "Esto sigue siendo importante, por supuesto. Queremos vender más y acceder a un mercado tan amplio como el chino", explican las fuentes consultadas.

Pero la estrategia ha dado un giro. "Ahora estamos más centrados en conseguir que China nos venda menos", reconocen. El cambio responde al impacto del llamado shock de China 2.0, que, en palabras de la presidenta de la Comisión, está golpeando de lleno al corazón industrial de Europa. La prioridad ya no es solo abrir el mercado chino a las empresas europeas, sino contener la avalancha de importaciones que amenaza con acelerar la desindustrialización del continente.

De ahí que la pieza central del acuerdo alcanzado el pasado viernes entre Bruselas y Pekín sea recortar a la mitad las exportaciones de coches híbridos chinos, fijando una cuota anual de 350.000 unidades durante los próximos cuatro años, con una tasa de ajuste del 6% al año.

Este tope se ejecutará mediante una medida de salvaguardia de la UE, compatible con las reglas de la OMC y entrará en vigor a principios de diciembre. Una vez se supere la cuota, las aduanas nacionales ya no dejarán entrar más vehículos chinos.

En segundo lugar, Pekín rebajará los aranceles a una serie de productos europeos que suman casi 4.000 millones de euros en exportaciones anuales: piezas de automóviles, aceite de oliva, helados y calzado. El recorte, que está previsto que entre en vigor el 1 de enero de 2027, permitirá a los exportadores comunitarios ahorrar al menos 225 millones de euros en gravámenes.

Finalmente, la tercera concesión de China a la UE es agilizar las licencias de exportación de tierras raras e imanes permanentes, materiales estratégicos para la industria europea cuyo suministro Pekín restringió en abril de 2025. Bruselas quiere así dar mayor previsibilidad a las empresas y evitar interrupciones en las cadenas de suministro, especialmente en sectores como el automóvil y la sanidad.