Pedro Sánchez presume ahora de ser "un traidor" a los "fondos buitre que especulan con la vivienda". Así lo dijo, ufano, el pasado 30 de septiembre, en una rueda de prensa conjunta con Emmanuel Macron al responder a las críticas del PP por los decretos de vivienda que acababa de aprobar.
Su ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, había elevado aún más el tono un día antes. Llamó "pyme buitre, muy carroñera" a la empresa propietaria del piso del que había sido desahuciada Maricarmen.
Nadie sabía qué definición jurídica tenía un "fondo buitre", ni la propia ministra en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. Pero la terminología ya se había no sólo apropiado del debate, sino de las posiciones políticas ante una votación clave, este viernes en el Congreso.
El caso es que, en apenas cinco años, también en esto Sánchez ha hecho como el camaleón, que no siempre viste el mismo color. No hacía tanto que el presidente iba cada año a Nueva York en busca de esos gigantes financieros para ofrecerles España como destino de inversión.
El ejemplo más paradigmático fue en julio de 2021.
Apenas un día después de que su Consejo de Ministros, entonces integrado por el PSOE y por Podemos, aprobara el acuerdo político para impulsar la primera Ley estatal de Vivienda, Sánchez aterrizó en Nueva York para reunirse con la élite financiera estadounidense.
En la agenda figuraban Blackstone, Lone Star, Morgan Stanley, Soros Fund Management, Ares Management, Brookfield, JP Morgan y otros bancos y gestores de activos. Moncloa presentó la gira como una misión para captar inversión privada vinculada a los fondos europeos y al Plan de Recuperación.
No era una audiencia inocua. Blackstone era ya uno de los principales propietarios institucionales de viviendas en alquiler en España; Lone Star controlaba Servihabitat y gestionaba una gran cartera de activos procedentes de la banca.
Ares, Brookfield y otros grupos tenían intereses inmobiliarios, financieros o industriales en el país.
Los inversores preguntaron al presidente por esa Ley de Vivienda que negociaban PSOE y Unidas Podemos. En aquel momento, la discrepancia central entre ambos socios era la posibilidad de intervenir el precio de los alquileres.
Sánchez no esquivó la cuestión. Según las fuentes consultadas entonces por EL ESPAÑOL, les garantizó que la futura norma daría "seguridad jurídica" y que no afectaría "a las inversiones" de los grupos nacionales e internacionales presentes en España.
Pero aquel Sánchez era uno muy distinto del que acababa de cerrar el trato con Pablo Iglesias en Madrid.
Para darle el sí a los Presupuestos de 2022, su todavía vicepresidente segundo ya había aclarado en público lo siguiente: "Sin ley de Vivienda con alquileres no hay Presupuestos", mientras Moncloa trataba de tranquilizar a los grandes propietarios e inversores internacionales.
Los avisos y los años
No hacía ni dos semanas que el jefe del Ejecutivo había revolucionado su Gobierno, sacando del mismo a su mano derecha y a su mano izquierda, Carmen Calvo –la "enemiga" de los morados– y José Luis Ábalos –el que avisó a Sánchez de que Iglesias quería un modelo como "la renta antigua franquista"–.
Pero tras anunciar el acuerdo interno del Gobierno en ese Consejo de Ministros del 20 de julio, Sánchez se fue a Estados Unidos de roadtrip, en busca de inversores y para ofrecer "seguridad jurídica" a los que ya habían puesto sus dineros en España.
El presidente combinó ambos mensajes en apenas 24 horas.
En Madrid pactó con sus socios de izquierda la arquitectura de una futura intervención del mercado... que luego dilató aún dos años más. En Manhattan ofreció estabilidad a las gestoras que podían verse afectadas por ella.
Aunque el contraste se ha agudizado con el paso de los años.
Hoy el Gobierno sitúa a los fondos en el centro de su ofensiva política sobre vivienda y ha llegado a plantear restricciones a determinadas compras inmobiliarias, aunque la definición legal de "fondo buitre" quedó sin cerrar en los decretos finalmente rechazados en el Congreso.
La paradoja es que varias de las firmas a las que ahora se asocia con esa etiqueta figuraron hasta hace un año en la agenda internacional de Sánchez.
En Nueva York, Davos o los encuentros de promoción económica, el presidente les pidió inversión, les vendió España como mercado estable y defendió la seguridad jurídica de sus proyectos.
Aquella cita de 2021 no fue una excepción. La relación de Sánchez con los grandes inversores comenzó nada más llegar a La Moncloa y se prolongó durante sus dos legislaturas.
Los 'road trips'
Apenas tres meses después de aterrizar en Moncloa, Sánchez viajaba a Nueva York. Allí se reunía en una cita organizada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España con una veintena de grandes fondos, multinacionales y bancos.
Estaban, entre otros, Dawn Fitzpatrick, jefa de inversiones del Soros Fund Management; el presidente de Blackstone, Stephen A. Schwarzman y representantes de LoneStar o Morgan Stanley.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la entonces ministra de Industria, Reyes Maroto, durante su reunión con los principales bancos, gestoras y fondos de Nueva York, en julio de 2021.
¿El objetivo? Enviar un mensaje de estabilidad y de continuidad en la política económica pactada con Bruselas. Sánchez acababa de llegar al poder tras la moción de censura y había sellado su apoyo parlamentario con Podemos.
También expuso las ventajas de España para invertir en renovables, tecnología e industria.
Eso sí, ya entonces el camaleonismo de Sánchez se dejaba ver.
Quince días más tarde, el Gobierno anunció una reforma de la Ley de Vivienda que no llegó a aprobarse en aquella legislatura. En el debate político empezaba a generalizarse el uso de la etiqueta "fondos buitre" para los grandes inversores inmobiliarios.
Pero más allá de esos escarceos con la pancarta, lo cierto es que en Moncloa se esforzaban por aquel entonces en situar a Pedro Sánchez como el líder que España necesitaba.
Un presidente del Gobierno capaz de sentarse con quienes manejan el dinero para atraer inversiones.
En 2019, Sánchez volvió a Nueva York y repitió la operación. En otro encuentro con inversores, entre ellos Centerbridge, se presentó como un dirigente favorable a la inversión y defendió las oportunidades de las renovables españolas.
Sin embargo, la pandemia truncó todos los esfuerzos de la factoría de Moncloa. En 2020 todo quedó parado hasta que en 2021 Sánchez se lanzó a la calle otra vez.
Era julio de 2021 cuando llevó a cabo la que se puede clasificar como su gira más pro business y pro fondos de inversión. Blackstone, Lone Star, Morgan Stanley, Soros Fund, JP Morgan y otros bancos de inversión se sentaban a escuchar las oportunidades que se presentaban para el Plan de Recuperación Transformación y Resiliencia pactado con Bruselas por la Covid.
Pero hubo más. Aquel 21 de julio, Sánchez también mantuvo una reunión separada con Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock. Después almorzó con Michael Bloomberg y continuó su gira por Los Ángeles y Silicon Valley.
Pedro Sánchez y Michael Bloomberg en las instalaciones de Bloomberg TV en 2021.
Moncloa difundió la agenda bajo el título "Sánchez se reúne con las principales gestoras de inversiones y fondos de capital riesgo de Nueva York", acompañada de imágenes del presidente con los inversores.
El mensaje privado a los fondos fue el mismo que ya ha quedado reflejado: seguridad jurídica y la garantía de que la futura Ley de Vivienda no perjudicaría sus inversiones inmobiliarias.
Retrasando la tramitación de la ley de vivienda, algo similar les pudo decir un año más tarde (2022) cuando el presidente del Gobierno se reunía "en Nueva York con un grupo de inversores" para hablar de las perspectivas y oportunidades de España en el contexto geopolítico de la guerra de Ucrania.
Entre los asistentes: Ares Management, Carlyle Group, JP Morgan, KKR, L-Catterton o Providence Equity.
Descargar El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el desayuno de trabajo con inversores en la Oficiana Comercial de España en Nueva York.
Pero el amor de Sánchez y los fondos se truncó. La presión de sus socios, los "muros" levantados en la sociedad española, y la necesidad de ocupar cada vez más espacio a su izquierda, obligaron al presidente del Gobierno a virar con el paso de los meses. Sobre todo ante las elecciones de 2023.
Especialmente llamativo fue el giro cuando comenzó su segunda legislatura.
Es cierto que Sánchez endureció su perfil contra las empresas. Comenzó sus invectivas contra el sector privado y las patronales.
Pese a ello, guardó hueco y tiempo para sus encuentros con los grandes fondos. Siempre de la mano de su recién estrenado, por entonces, ministro de Economía. Un Carlos Cuerpo que llegaba desde el Tesoro y que desde que accedió al cargo ha tratado de tender puentes entre el Ejecutivo y el mundo financiero.
Me he reunido con los CEO de dos de los mayores fondos de inversión del mundo, Khaldoon Al Mubarak, de @Mubadala, y Larry Fink, de @BlackRock.
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) January 17, 2023
Confían en nuestras buenas perspectivas económicas y renuevan su apuesta por España con inversiones en sostenibilidad y digitalización. pic.twitter.com/jYLIxl0nTO
La primera ocasión fue en el Foro de Davos.
Sánchez presentó en la localidad suiza su "triángulo virtuoso" para la economía, que ya daba pistas del intervencionismo que le caracterizaría haciéndose con el control de empresas como Telefónica e interviniendo en la venta de Talgo y en la opa de BBVA sobre Sabadell.
Aquel enero de 2024 Sánchez se citó con el propio Larry Fink, presidente y CEO de BlackRock. También se vio en reuniones privadas los principales directivos de Blackstone, CVC, KKR y GIP.
Esa reunión provocó críticas de sus socios. Gabriel Rufián (ERC) le reprochó reunirse con Fink en plena negociación de la ley de vivienda. Sánchez respondió que era "su deber" como presidente dar "seguridad" y "garantías" a estas compañías y sus empleados.
Todos grandes fondos ya citados que, hoy en día, el Ejecutivo desprecia por encajar en su denominación de "buitres".
Ello no impidió que el socialista les vendiera los proyectos españoles, en particular el enfoque de transformación industrial basado en renovables y redes de hidrógeno verde. Unas redes que, por cierto, todavía están por llegar.
La Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York de hace dos años fue, de nuevo, aprovechada por Sánchez para vender los beneficios de España como destino inversor.
Todo ello en una cita en la que, según explicó Moncloa, participaron directivos de fondos de inversión como Lone Star Funds, BlackRock, Blackstone y CVC. También de entidades como Citigroup y J.P. Morgan Chase.
En 2025 se repitió este ritual. En Davos celebró varias reuniones. Las públicas fueron con primeros filas de PIMCO y J.P. Morgan Asset Management y de fondos soberanos multinacionales como el Mubadala (de Emiratos Árabes Unidos) y el QIA (de Qatar).
Mientras, en septiembre, se citó en la Gran Manzana con gestoras de activos, fondos de capital riesgo y analistas internacionales de BlackRock, KKR y J.P. Morgan.
Este 2026, Sánchez no asistió a Davos. El presidente del Gobierno suspendió el viaje debido al accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), que sucedió en enero.
Con todo, hace unas semanas, cuando estuvo en Nueva York de nuevo para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente español ya no celebró ninguna reunión con inversores. Sólo abordó cuestiones macroeconómicas en foros abiertos.
Fondos chinos
Sin embargo, sí que se sentó con algunos fondos durante su viaje a China el pasado mes de abril. Allí estuvo reunido con Changan, SAIC, Ming Yang, Hithium, Hunan Yuneng, DataCanvas, EHang, Gotion, Tianqi Lithium y XPeng.
Pero todo eso fue antes de Maricarmen, del rechazo a los decretos de vivienda y de que se abriera una ventana de oportunidad para convocar e intentar ganar las elecciones.
Porque a medida que el presidente del Gobierno y la factoría Moncloa han visto un espacio que ocupar en la izquierda, también han optado por olvidar a los fondos.
Esas figuras que fuera de España se intenta atraer y que en casa son "buitres y carroñeros" (citando a la ministra de Vivienda) que vienen a aprovecharse de los españoles.
Una extraña dicotomía. Porque para Sánchez los fondos son amables e inversores cuando se trata de invertir en renovables, hidrógeno u otros proyectos de interés nacional para Moncloa. Pero que son "especuladores" cuando de lo que se trata es levantar el muro entre españoles.
