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Las claves

El mundo (y los mercados) están expectantes a lo que pueda ocurrir en Estados Unidos esta semana. Y no sólo por la Asamblea General que se celebra en Nueva York. En Washington, este jueves, hay una cumbre clave entre Estados Unidos y China. Una reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en la que están en juego miles de millones de dólares y el futuro del sector de la inteligencia artificial (IA).

Las previsiones y los mensajes que lanzan tanto la Casa Blanca como Pekín son, en cualquier caso, tranquilizadores. Atrás queda la guerra comercial y arancelaria que provocó un terremoto en la economía global en los últimos años.

Estados Unidos y China han entrado en una progresiva desescalada de su conflicto comercial, que se constató con la visita de Trump a China hace unos meses y que se ratifica con el primer viaje oficial de Xi Jinping al país desde 2025.

De hecho, los informes de los equipos negociadores de ambos países -que están finiquitando los acuerdos que firmarán esta semana Trump y Xi- apuntan a que se aprobarán nuevas rebajas arancelarias para el comercio valoradas en 30.000 millones de dólares para ambos países. Es decir, 60.000 millones en total.

En el caso de China, Pekín rebajaría sus tasas a determinados productos agrícolas como la soja y al gas natural licuado made in USA. Por otro lado, Estados Unidos reduciría sus aranceles en diferentes componentes manufacturados claves para la industria americana.

Esta desescalada arancelaria beneficia a ambas partes. Por un lado, Estados Unidos sufriría un encarecimiento de sus productos, lo cual repercutiría en un aumento de precios ya disparados que Donald Trump quiere eludir con las elecciones mid terms a la vuelta de la esquina. Unos comicios que decidirán la composición del Congreso durante los próximos dos años.

Por otro lado, China mejora su acceso a uno de sus principales mercados. Y mantiene a toda máquina su economía productiva a base de su mejor cliente (Estados Unidos absorbe un 14% de las exportaciones de Pekín).

Pero hay más asuntos que no están tan cerrados. Estados Unidos quiere contar con mayor acceso a tierras raras y minerales críticos, un mercado que domina China.

Pero Pekín demanda a Washington que levante su veto a que las empresas estadounidenses le puedan vender chips. Los de Xi Jin Ping acusan a los de Trump de ejecutar una "asfixia tecnológica" a China. Sobre todo en el ámbito de la IA.

Precisamente, el futuro de ella y su seguridad van a ser el otro asunto clave de la cita. En las últimas semanas, los principales desarrolladores de esta tecnología han pedido frenar sus avances. "Creo que el mundo hace bien en tener miedo", decía el propio Sam Altman, CEO de Open AI.

Unas reservas que han expresado otros líderes tecnológicos y las propias autoridades chinas, que han alertado de la "evolución descontrolada de las capacidades autónomas de modelos avanzados de IA".

En este sentido, se espera que la Casa Blanca y China pacten esta semana varios acuerdos operativos de contención de riesgos de la IA, cuyo principal objetivo es evitar crisis tecnológicas.

La idea, en un principio, es gestar un sistema de alerta temprana y notificación mutua. Y establecer pautas para limitar y poner coto a los agentes autónomos de IA.

Con todo, no está clara la auténtica naturaleza de los pactos. Sobre todo por la postura de Trump al respecto, que ha afirmado, sobre los temores que ha despertado la IA: "No me preocupa en absoluto".

Es más, este martes ha ratificado que su Administración no la regulará y que Estados Unidos dejará de llamarla inteligencia artificial para denominarla "superinteligencia".

Invitados

En cualquier caso, a la cena de Estado que la Casa Blanca celebra este jueves con las autoridades chinas están invitados los principales magnates del sector tecnológico, como el propio Altman, Jensen Huang (Nvidia), Tim Cook (Apple), Elon Musk (Tesla y Space X), Sundar Pichai (Google), Jeff Bezos (Amazon) y Michael Dell (Dell).

Más allá de las armonías citadas, hay importantes desacuerdos geopolíticos ahora mismo entre Estados Unidos y China.

Taiwán sigue siendo el asunto más sensible entre ambas potencias. Pekín presiona para frenar la venta de armas de EEUU a Taiwán (valorada en unos 14.000 millones de dólares) y pide un rechazo formal a la independencia de la isla.

Mientras, Washington cuestiona las compras masivas de petróleo iraní por parte de China en el marco del conflicto actual, busca estabilizar los suministros energéticos mundiales.

Mercados

Desde la perspectiva de los mercados, la clave está en si "este acercamiento reducirá la incertidumbre que rodea a las inversiones tecnológicas", indica Manuel Pinto, de XTB.

Todo ello en un contexto en el que "Estados Unidos y China intentan poner límites a los riesgos de la IA sin frenar la carrera por dominarla", asegura.

Por su parte, Paris Horvitz, de LBP AM, considera en términos globales, que la cumbre "se encamina, sobre todo, hacia la búsqueda de una distensión, más que a un nuevo enfrentamiento".

"En este sentido, los responsables estadounidenses parecen dispuestos a retrasar la aplicación de los nuevos aranceles que contemplan y que, en su opinión, están justificados por el exceso de capacidad de producción de los chinos. Para los mercados, la ausencia de tensiones sería por sí sola una buena noticia", añade.

Veremos cuánto dura esta suerte de tregua entre las dos principales potencias mundiales. Al menos, así será durante una semana más.