Alemania y España se enfrentan en público y al máximo nivel por el próximo presupuesto de la UE. En dos artículos publicados en paralelo este viernes en Politico —la biblia de los eurócratas de Bruselas—, el canciller Friedrich Merz y el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, defienden posiciones contrapuestas e incompatibles sobre cómo debe ser el marco financiero plurianual para 2028-2034.
Sin embargo, Cuerpo firma su tribuna en solitario. Al otro lado del frente, Merz escribe arropado por los líderes de los 'países frugales', que además son contribuyentes netos a las arcas comunitarias: la danesa Mette Frederiksen, el holandés Rob Jetten, el austriaco Christian Stokcker, y el finlandés Petteri Orpo.
"Queremos un presupuesto ambicioso, a la altura de los retos que tenemos por delante", ha defendido Cuerpo durante el Ecofin informal que se celebra en Dublín.
El Gobierno de Pedro Sánchez considera insuficiente la propuesta de la Comisión de Ursula von der Leyen, que sitúa el gasto en el equivalente al 1,15% del PIB comunitario, y reclama elevarlo hasta el 2% para mantener el volumen de ayudas agrícolas y regionales y, al mismo tiempo, financiar las nuevas prioridades de defensa y competitividad.
En su artículo paralelo, Merz y sus aliados replican que "en un mundo de fuertes restricciones presupuestarias, Europa no puede financiar las nuevas prioridades simplemente sumándolas a las antiguas". "No habrá soberanía europea sin finanzas públicas sólidas", advierten.
Alemania y los frugales consideran que la propuesta de Von der Leyen para el próximo presupuesto plurianual es excesiva: supone un incremento nominal del 60%. "Por eso reclamamos un recorte equilibrado de varios cientos de miles de millones de euros sobre la propuesta de la Comisión", escriben, aunque salvando en la medida de lo posible las nuevas prioridades de defensa, competitividad y lucha contra la inmigración.
Frente a esta posición, Cuerpo plantea una serie de propuestas que, a su juicio, pueden servir de "puentes" para acercar a los 'frugales' y a los países que, como España, reclaman aumentar el presupuesto de la UE.
La más novedosa consiste en aplazar la devolución de la deuda generada por los fondos Next Generation, que en el plan original de Bruselas absorbería una partida de 24.000 millones de euros al año, el 8% del presupuesto total.
El Ejecutivo comunitario plantea concentrar el repago de la deuda al principio del periodo y reducirlo progresivamente después: del 0,1% del PIB al comienzo al 0,04% al final. Cuerpo propone sustituir este esquema por un pago constante de en torno al 0,06% del PIB cada año.
"Esto liberaría de manera inmediata 70.000 millones para el siguiente marco financiero plurianual. Estos 70.000 millones ayudan a acercar posturas y a hacer un uso eficiente y racional del dinero del contribuyente y esperamos que esta propuesta contribuya a que se pueda llegar a un acuerdo", ha defendido el vicepresidente.
Cuerpo también reitera su propuesta de que Bruselas emita una parte de la deuda de los Estados miembros con el fin de rebajar sus costes de financiación, una medida que permitiría ahorrar hasta 25.000 millones de euros al año en intereses.
Pero Merz y los frugales cortan de raíz ambas vías. "El endeudamiento conjunto tampoco puede ser la solución", replican. La deuda contraída durante la pandemia ya lastrará el próximo marco financiero en casi 170.000 millones de euros.
"Ese dinero ya no está disponible para financiar nuestras nuevas prioridades. Además, buena parte de ese coste corresponde al pago de intereses, que debe hacerse con independencia de cuándo se devuelva el principal. Aplazar el repago sirve de poco para resolver la ecuación de financiación", sostienen Alemania y sus aliados.
La guerra de tribunas deja así sobre la mesa dos posiciones difícilmente conciliables sobre el próximo presupuesto plurianual de la UE. El calendario añade presión: el objetivo es cerrar el acuerdo en diciembre, pero hace falta unanimidad de los 27, lo que concede a cada Gobierno capacidad de veto.
A ello se suma otro factor de presión: las elecciones francesas del año que viene y la posibilidad de que Marine Le Pen llegue al poder. Los líderes europeos quieren evitar que el proceso presupuestario se prolongue hasta ese escenario y se han conjurado para intentar cerrarlo antes de abril.
