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Las claves

"Es desesperante ver como envías tu currículum una y otra vez y los reclutadores ni siquiera lo leen, sólo por tu edad". Helena tiene 62 años y ha estado más de un año en el paro. Ahora, por suerte, en la última semana ha encontrado empleo. Sin embargo, cuenta a este diario la odisea que ha tenido que pasar para lograr conseguir su actual puesto de trabajo.

En España, el síndrome del teléfono apagado afecta de lleno a los mayores de 50 años. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el INE, 762.500 personas de esta edad se encuentran actualmente en situación de desempleo, lo que representa el 30% del total de personas en paro (2,9 millones).

De ellas, 399.000 (el 52%) llevan un año o más buscando trabajo. Un dato que confirma que el paro de larga duración es uno de los principales retos para este colectivo.

La comparación con otros grupos de edad pone de manifiesto esta diferencia. El 10% de las personas desempleadas de 20 a 29 años lleva más de dos años buscando empleo, frente al 18% de quienes tienen entre 30 y 39 años y el 20% de las personas de entre 40 y 49. En cambios, el 38% de los mayores de 50 está en esta situación.

Las cifras confirman que, a medida que aumenta la edad, también lo hacen las dificultades para incorporarse al mercado laboral, a pesar de ser el colectivo con más experiencia y conocimiento acumulado.

Helena ha trabajado en distintos ámbitos, desde la educación especial hasta en banca y seguros como comercial, además de desarrollar proyectos de diseño como autónoma. "He estado en periodos cortos en el paro. Pero nunca tanto tiempo como ahora".

Para ella hay una "perversión" total del sistema. "Hoy en día, las empresas buscan a personas con la energía de los 30 años, pero que a la vez tengan la experiencia, el bagaje y la madurez de alguien de 60. Es una contradicción imposible que nos deja fuera del mapa a toda una generación hiperpreparada", lamenta.

"Este año he sido totalmente invisible". La especialista en asesoría denuncia un fallo en el sistema público de empleo.

"Intenté buscar apoyo en el Sistema Nacional de Empleo, pero su enfoque no sirve para nosotros. Por muchos cursos genéricos que te ofrezcan, no se paran a mirar quién eres, qué has hecho durante toda tu vida laboral ni el valor real que tienes para aportar. Sientes que para ellos sólo eres un número más en la lista del paro", señala.

"Por muchos cursos que te ofrezcan, no se paran a mirar quién eres o qué has hecho durante toda tu vida laboral. Sientes que para ellos sólo eres un número más en la lista del paro"

Por eso, decidió probar con otras alternativas. En mayo se incorporó al programa de Savia, un proyecto de la Fundación Endesa, que desde hace más de ocho años impulsa la empleabilidad de los profesionales sénior.

"A diferencia del sistema público, ellos me dieron las herramientas que necesitaba para entender el mercado actual, pero lo más bonito es que me ayudaron a reactivar mis propios valores. Cuando llevas meses en el paro te olvidas de lo que vales", precisa.

Después de esta montaña rusa, hace justo una semana firmó un contrato como asesora de empresas.

"A mis 62 años, vuelvo a estar en primera línea. Me siento ilusionada, valorada y con una energía increíble para demostrar todo lo que los sénior podemos ofrecer", termina.

Más de dos años

También está el caso de Toni (56 años), lleva dos años y medio en paro. Es publicista y fotógrafo. Relata a este medio que al leer las ofertas siente que encaja con los requisitos, sin embargo, está siendo rechazado de forma sistemática en los procesos de selección, lo que le ha llevado a sentirse en una especie de "limbo".

Ha estado varias veces en paro. Terminó la carrera con 45 años. Fue entonces cuando recibió un mensaje del campus de Alicante, diciendo que una empresa "potente" buscaba personal y quería convocar alumnos que habían terminado la carrera para captarlos y trabajar con ellos.

"Me presenté y nos llevaron a una sala de reuniones. Éramos unas 15 personas. Y nos pusieron durante media hora o así casos prácticos para resolver. Entonces, en todo momento estuve muy activo. Les propuse soluciones. La seleccionadora se fijó en mí y cuando terminamos la sesión, se me acercó para darme las gracias y me dijo que había estado muy bien. Acto seguido me comenta: 'oye, ¿pero tú ya tienes una edad, no?' Le dije que tenía 45 años y me respondió que estaban buscando gente joven de entre 25 y 30 años", cuenta.

"Acto seguido le comuniqué que a mí eso no me lo había dicho nadie y que me molestaba que me hubieran hecho perder el tiempo. Esto pasó con 45 años, ahora imagínate cuando ya tienes más de 50: la cosa ha ido a peor", lamenta.

El profesional señala que ha tenido que tomar la decisión de emprender. "Me he sentido tan solo y dessamparado que al final no tienes más remedio que intentar salir adelante como autónomo".

Muy pronto empezará a gestionar la automatización de cinco empresas para las que está desarrollando sistemas con Inteligencia Artificial (IA). "Todo esto surgió hace unos meses cuando me empecé a mover porque ya no aguantaba más", aclara.

La experiencia no vale

Por su parte, Elena tiene 56 años y lleva un año y medio en el paro. Ha desarrollado su trayectoria en el ámbito de la inserción laboral, como coordinadora de equipos en proyectos de la Junta de Andalucía y también en Fundación Don Bosco, trabajando con personas en situación de vulnerabilidad.

Señala que este proceso está siendo bastante complicado de gestionar. "Especialmente porque llega un momento en el que una persona con experiencia puede sentir que tiene que demostrar constantemente que sigue teniendo valor profesional", precisa.

En la actualidad, está en búsqueda activa de empleo. "Estoy atravesando una etapa de desempleo, pero he procurado que no se convierta en una etapa de inactividad", señala.

Continúa formándose, desarrollando su perfil profesional y participando en proyectos relacionados con su ámbito de especialización. "Se trata de encontrar un lugar donde mi experiencia pueda volver a convertirse en valor. Entiendo que ese lugar existe si yo existo", reflexiona.

"A mí me sigue apasionando mi profesión, realmente después de tantos años sigo encontrando sentido en acompañar a las personas, coordinar proyectos y buscar soluciones. Eso es algo que el desempleo no me ha quitado y espero que no me lo quite", cuenta Elena a este diario.

Sobre el tema de la edad, argumenta que el paso del tiempo supone un aporte de experiencias y aprendizajes que se acumulan y "que ahora puedo poner al servicio de una organización o una entidad".

"La edad realmente se convierte en una ventaja y hay que verlo así porque es la que tenemos y cuando se mira como experiencia, criterio y capacidad de afrontar situaciones complejas que se han vivido y resuelto, seremos capaces de evaluar y de tomar conciencia", precisa.

Tanto Elena como Tino y Helena forman parte del citado proyecto de Savia, que ofrecen orientación laboral personalizada, así como otros programas de formación y actualización de competencias a mayores de 50 años y ayudarles a incorporarse al mercado laboral.

Actualmente, 50.000 profesionales sénior y 930 empresas están registrados en el proyecto y 200 entidades colaboran en él.