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Las claves

Julio y agosto son, por antonomasia, los meses de vacaciones de los españoles. Pero los días de descanso cada vez son más reducidos. Y la capacidad de gasto cada vez es menor. El aumento de los precios y la pérdida de poder adquisitivo está empujando a los españoles a recortar lo que gastan en su tiempo de desconexión.

Así lo indica una encuesta dada a conocer por Randstad Research. Este estudio apunta que el aumento del coste de la vida ha llevado a que el 77,3% de los trabajadores recorte sus vacaciones.

Más del 40% de los trabajadores opta por reducir la duración del correspondiente viaje. Mientras que el 37,2% prioriza buscar destinos o alojamientos más económicos.

Tan sólo un 22,7% de los trabajadores mantiene sus vacaciones sin ningún tipo de reajuste.

Por edades, el colectivo de 25 a 44 años es el que más ajusta sus planes, en concreto el 79,2%, al ser la generación más expuesta al encarecimiento de las hipotecas y los alquileres, según Randstad.

Este grupo lidera tanto el recorte en días de viaje (40,6%) como la búsqueda de alojamientos más económicos (38,6%), superando claramente a los mayores de 45 años (76,2% de modificación) y a los jóvenes de 18 a 24 años (73,5%).

Finalmente, las mujeres sufren un mayor ajuste global en sus vacaciones (80% frente al 74,6% de los hombres). En concreto, un 39,3% de las trabajadoras elegirá un destino más barato (frente al 35,2% de los varones) y un 40,7% recortará días de estancia (frente al 39,4% de los hombres).

Como ya viene contando este periódico, los trabajadores españoles sufren una importante erosión de su poder adquisitivo por la inflación (y que las subidas salariales no la igualan).

Se trata de un fenómeno al que no escapa el consumo vacacional. Pongamos varios ejemplos sobre la mesa.

El alojamiento está en máximos históricos. Alquilar una habitación de hotel o un apartamento para disfrutar del descanso ha subido un 11,4% respecto al año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Salir a comer también está más caro. Concretamente, ir a un restaurante o a un bar y pedir una ración o un bocadillo cuesta un 4,4% más.

Moverse hasta los destinos vacacionales también se ha encarecido. Dependiendo del medio de locomoción, claro. Viajar en tren ha subido un 6,2%, mientras que hacerlo en avión lo ha hecho un 4,2%.

Con todo, queda algún consuelo. Quién haya decidido adquirir un paquete vacacional, paga prácticamente lo mismo que el año pasado.