Las claves
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Un 17,9% más de coste por trabajador frente a apenas un 1,3% más de productividad. Ese es el desnivel que dejan estos últimos cuatro años, marcados por la elevada inflación, en el mercado laboral español.
El contraste entre un dato y otro resume una de las tensiones de fondo de la economía española tras el último ciclo de inflación. Implica que el empleo se ha encarecido mucho más deprisa de lo que ha mejorado lo que produce cada trabajador.
La Encuesta Trimestral de Coste Laboral del INE muestra una subida casi ininterrumpida del coste por trabajador desde 2019, sin apenas respiros a la baja.
Entonces, antes de la pandemia de la Covid-19, el coste medio de cada trabajador rondaba los 2.646 euros mensuales. A cierre de 2025 supera los 3.260 euros. En sólo seis años, la factura ha engordado más de 600 euros al mes por empleo, algo más del 23%.
Si se toma como punto de partida el cuarto trimestre de 2021, justo antes de que la inflación se desbocara tras la invasión rusa de Ucrania, el alza ronda ese 18%. Ha pasado de 2.766,99 a 3.261,56 euros por trabajador.
No sólo suben los sueldos
Detrás del mencionado incremento no sólo hay mejores nóminas. El INE descompone el coste laboral en dos grandes bloques: lo que llega al bolsillo del trabajador —coste salarial— y lo que se queda por el camino en forma de cotizaciones y otros pagos.
Entre finales de 2021 y finales de 2025, el coste salarial total por trabajador pasa de 2.057,48 a 2.407,18 euros mensuales, un 17% más. Los otros costes —donde pesan sobre todo las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social, junto a indemnizaciones, dietas y pluses— suben un 20,4%.
Una parte del aumento responde a decisiones de política económica —como subidas del salario mínimo y cambios en cotizaciones— y otra a la necesidad de recuperar poder adquisitivo tras el repunte de la inflación.
De ahí que patronales y servicios de estudios hablen cada vez más de empleo caro. Suben las nóminas, pero también, y aún más, la parte del coste que se va en cotizaciones y otros conceptos.
Se trabaja más, pero no mejor
El reverso de la moneda está en la productividad. La serie del INE sobre productividad por puesto equivalente a tiempo completo muestra un comportamiento errático, con pequeños avances y retrocesos, pero sin un salto claro.
Tomando también el cuarto trimestre de 2021 como referencia, el nivel de productividad apenas se sitúa un 1,3% por encima.
Ha habido algún trimestre de respiro en 2022, varios en negativo en 2023 y una cierta estabilización en torno a tasas cercanas a cero en 2024 y 2025.
El resultado, visto con algo de distancia, es tibio. Cada trabajador medio produce prácticamente lo mismo que hace cuatro años, pero cuesta a la empresa cerca de un 18% más.
El nuevo Consejo de la Productividad de España, en su primer informe, pone el foco en varias razones de fondo que explican por qué la productividad no despega.
Habla de poca inversión en tecnología e intangibles, de un tejido de pymes poco dinámico, de un peso elevado de sectores de bajo valor añadido y de un capital humano y una gestión empresarial que no terminan de acompañar.
Cuando producir se encarece
Esta combinación de costes al alza y productividad plana tiene un nombre técnico que empieza a ganar peso en informes y ruedas de prensa: costes laborales unitarios, o CLU. Dicho sin jerga, miden cuánto cuestan salarios y cotizaciones por cada euro de producto interior bruto (PIB) producido.
Si el coste por trabajador se dispara casi un 18% y la productividad sólo mejora un 1,3%, el coste del trabajo por unidad de producto se encarece claramente.
Eso deja a las empresas con muy poco margen de maniobra. O aceptan ganar menos por cada bien o servicio que venden, o intentan trasladar parte de ese encarecimiento a sus precios, o logran un salto de eficiencia que compense.
El Banco de España viene avisando de este equilibrio delicado. En sus proyecciones macroeconómicas de 2025, el organismo señalaba que los costes laborales unitarios se han acelerado por la combinación de salarios negociados al alza y productividad debilitada.
Advierte de que esa dinámica “puede dificultar la continuación del proceso de desinflación y afectar a la competitividad” de la economía española.
En otras palabras: si producir aquí sale cada vez más caro en términos de trabajo que en otros países, vender fuera y mantener cuota de mercado se complica.
Todo esto ocurre, además, después de unos años en los que España ha sobresalido en Europa por la creación de empleo.
Informes recientes de BBVA Research y de la Fundación BBVA junto al Ivie apuntan a que la productividad sigue concentrada en determinados sectores y empresas, mientras persiste un peso relevante de actividades de menor valor añadido.
El IEE viene a decir lo mismo. En su informe sobre Crecimiento extensivo y dualidad macroeconómica, el think tank de la CEOE subraya que España crece sumando empleo en actividades de baja productividad, mientras las ramas más tecnológicas y con más valor añadido no terminan de ganar peso.
