Publicada

Las claves

El sector exterior español se asoma a la nueva era del proteccionismo global desde una posición vulnerable. En pleno proceso de reconfiguración de las cadenas de suministro, y bajo la amenaza constante de nuevos aranceles, España ha visto cómo en 2025 se hundían sus ventas a Estados Unidos y se disparaban sus compras a China.

Por un lado, las exportaciones a Estados Unidos se han desplomado un 8%. Por el otro, las importaciones procedentes de China han aumentado un 11,2%.

Estas variaciones explican por sí solas el deterioro del saldo comercial español registrado en el último año.

Desde abril de 2025, la nueva ola de aranceles impulsada por la Casa Blanca, con gravámenes generalizados a la Unión Europea (UE) y subidas adicionales a China, ha endurecido el entorno para las exportaciones españolas.

Con Washington la relación se ha enfriado con rapidez. Por un lado, las exportaciones a Estados Unidos cayeron un 8% en 2025, hasta los 16.716,2 millones de euros.

Al mismo tiempo, las importaciones procedentes de ese país crecieron un 7%, hasta los 30.174,7 millones. Fruto de esta evolución, el déficit bilateral se amplió hasta los 13.458,4 millones.

En paralelo, el comercio con China se movió en la dirección opuesta. Las importaciones desde el gigante asiático aumentaron un 11,2%, hasta los 50.249,5 millones.

Las exportaciones españolas sólo avanzaron un 6,8%, hasta alcanzar los 7.971,6 millones. Esta combinación reforzó la dependencia de bienes chinos y elevó el desequilibrio comercial hasta los 42.278 millones.

El resultado de esta doble dinámica es un agujero comercial conjunto de casi 56.000 millones de euros que ya pesa sobre el conjunto de la economía española.

El agujero del déficit

Para comprender la verdadera magnitud de esta trampa comercial, hay que observar el saldo exterior de España en su totalidad.

Al término de 2025, la economía española registró un déficit comercial —la diferencia entre todo lo que exporta y todo lo que importa a nivel mundial— de 57.054,7 millones de euros.

De esa cifra, 55.736,4 millones proceden de los intercambios con China y Estados Unidos, lo que significa que el 97,6% de todo el déficit comercial se concentra en estos dos socios.

Este dato esconde una evolución histórica aún más extrema en los ejercicios recientes. En 2023 y 2024, el peso conjunto de EEUU y China en el déficit español llegó a superar el 100%.

En el ejercicio 2023, el déficit total español fue de 40.560,1 millones de euros, mientras que la suma del déficit con China y EEUU superaba los 46.000 millones.

En 2024 se repitió el mismo patrón. España tuvo un déficit general de 40.275,9 millones, frente a un agujero de más de 47.700 millones provocado por estas dos únicas potencias.

¿Por qué el porcentaje era superior al 100% en el pasado? Porque, durante esos años, las empresas españolas registraban superávit comercial con el resto del mundo, excluyendo a ambas potencias.

España obtenía saldo positivo en sus intercambios globales, pero ese beneficio quedaba absorbido íntegramente por el inmenso déficit estructural sostenido con Estados Unidos y China. Y ello arrastraba la balanza general a los números rojos.

En 2025, ese colchón se hizo más pequeño. El superávit con otros mercados se redujo y dejó menos margen para compensar las pérdidas con Estados Unidos y China.

Como resultado, casi todo el déficit del país —cerca del 98%— pasó a originarse en la relación comercial con estas dos economías.

El 'Made in Spain' en EEUU

La relación con el mercado estadounidense se ha convertido en uno de los focos más delicados para el comercio exterior español. La evolución de los últimos años muestra que el retroceso de las exportaciones registrado en 2025 –del mencionado 8%– no es un tropiezo puntual, sino una caída sostenida.

En 2023, las exportaciones españolas a Estados Unidos rozaban los 19.000 millones de euros. En 2024 bajaron a 18.179,1 millones y en 2025 cedieron hasta 16.716 millones.

En apenas dos años, España ha perdido más de 2.180 millones de euros de ventas en su principal cliente fuera de Europa.

El ajuste se concentra en sectores clave como la industria química y la alimentación (aceites y grasas), mientras la dependencia energética con Estados Unidos siguió aumentando.

El espejismo chino

En el caso de China, la dinámica va justo en sentido contrario a los planes de Bruselas de recortar la dependencia tecnológica del gigante asiático. España compra cada vez más bienes de equipo, electrónica y tecnología a este país, pese a que la UE intenta limitar esa exposición.

El salto del 11,2% en las importaciones asiáticas en 2025 ha estado liderado por la entrada masiva de bienes de equipo, aparatos eléctricos, ordenadores y equipos de telecomunicaciones.

La diferencia de volumen es muy amplia. Por cada euro que España logra vender en el mercado chino —sobre todo en minerales, carne de porcino y abonos— importa algo más de seis euros en bienes manufacturados y tecnología procedentes de China.

Al igual que ocurre con EEUU, la cronología es clave. En 2023, España logró una aparente victoria al frenar las importaciones chinas y reducir el déficit hasta los 36.665,5 millones.

Sin embargo, ese ajuste resultó pasajero. En 2024, el déficit volvió a ampliarse hasta los 37.706,6 millones y en 2025 superó los 42.000 millones, lo que refleja que la industria española sigue mostrando una elevada dependencia de las importaciones procedentes de China.

Con este telón de fondo, el balance exterior quedó marcado por un doble frente. Por un lado, un protagonismo creciente de las manufacturas chinas. Por otro, una pérdida de peso en Estados Unidos, el principal mercado extracomunitario.

En un momento de bloques comerciales más rígidos y aranceles en aumento, esta combinación deja a España con menos opciones para reorientar su comercio cuando cambian las reglas del juego.