Calviño había previsto una caída del 9,2% del PIB este año, pero el efecto de los rebrotes sobre la recuperación del tercer trimestre deja obsoleto ese cálculo.

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España retomará al 100% el curso político la próxima semana con los rebrotes descontrolados y el PIB en recesión técnica ya de manera oficial. El próximo lunes el Gobierno ha citado a los empresarios a un acto en el que se esperan anuncios en materia económica y el miércoles, el presidente, Pedro Sánchez, se verá con el líder de la oposición para hablar, entre otros, de los Presupuestos.

Al igual que ocurre en el ámbito sanitario, la situación económica vive un momento crítico. Los rebrotes del mes de agosto han dado al traste con el optimismo y el Ministerio de Economía ya ha asumido que tendrá que revisar a la baja su cuadro macroeconómico en las próximas semanas para elaborar las cuentas públicas del próximo año que debe tramitar el Congreso.

Según las previsiones actuales, la economía española caerá este año un 9,2% y se recuperará el próximo ejercicio un 6,8%. La tasa de paro cerrará 2020 en el 19% y 2021 en el 17,2%. 

Con todas las dificultades que entraña hacer pronósticos económicos por la falta de precedentes de una pandemia similar, la vicepresidenta económica del Gobierno, Nadia Calviño, presentó este cuadro macro el pasado 1 de mayo, tras enviarlo la noche anterior a Bruselas.

Ya en aquel momento se consideró optimista. La Autoridad Independiente Fiscal (AIReF) lo avaló, aunque puso varios 'peros' a las cuentas de Calviño. Entre otros, afirmó que el ritmo de recuperación previsto por el Gobierno era más intenso del que estimaban sus técnicos y puso en cuestión la V asimétrica que prometió la vicepresidenta económica.

Además, el organismo que preside Cristina Herrero fue muy claro en advertir que si se producía otro escenario de confinamiento en otoño, el PIB caería un 11,7% este año.

Esta hipótesis -de un nuevo cierre total- no está sobre la mesa en este momento, pero sí se barajan confinamientos selectivos y la incertidumbre que está generando la evolución de la crisis sanitaria en los consumidores y las empresas está provocando un parón económico con el que no se contaba para este verano.

Caída del turismo

Sin que el mes de agosto haya terminado ya hay indicadores que permiten afirmar que la economía está padeciendo las consecuencias de los rebrotes. Tras el mal dato de pernoctaciones hoteleras de julio y la mala evolución del mes siguiente, esta semana el lobby de las hoteleras Exceltur empeoró las previsiones de pérdidas para el turismo hasta situarlas en 98.700 millones de euros.

A esto se suma la ralentización de la recuperación del gasto con tarjeta que se ha producido en las últimas semanas, coincidiendo con los rebrotes de la Covid-19.

En el ámbito laboral, la intensidad de la recuperación que se inició con la desescalada también se ha frenado.

Al falta de la actualización de los datos del paro, que el Ministerio de Empleo publicará la próxima semana, la última cifra sobre los ERTE por fuerza mayor que facilitó Sánchez el pasado martes en su comparecencia tras el Consejo de Ministros confirma que la buena tendencia de julio, cuando un promedio de 32.000 personas diarias retomó la actividad, se ha terminado. Estos expedientes permanecen estancados con unos 800.000 afectados.

Hay algunos 'brotes verdes', como la recuperación del sector de la automoción, que se está trasladando al mercado de trabajo. Pero no parece suficiente para compensar el turismo.

Según explica el profesor de EAE Business School, Juan Abellán, la caída de más del 60% que ha sufrido el turismo se va a trasladar en una pérdida al conjunto del PIB del 15%.

Este dato permite hacerse una idea de que el cierre del tercer trimestre del año podría ser peor de lo aventurado por Pedro Sánchez el pasado martes, cuando utilizó un modelo que utiliza AIReF para afirmar que la recuperación entre julio y septiembre puede ser superior al 15%.

Menos ingresos

La revisión a la baja del cuadro macroeconómico implicará una rebaja de la previsión de ingresos que se verá compensada, en parte, con las ayudas que comiencen a llegar el próximo año desde la Unión Europea. Junto a esa previsión, se presentará el techo de gasto, que también ha quedado obsoleto.

Negociar los Presupuestos sin dinero será aún más complejo para Sánchez, que ya tuvo que convocar elecciones en 2019 porque los independentistas no le prestaron sus votos para aprobar las cuentas públicas de aquel ejercicio.

En esta ocasión, la supervencia política de Pedro Sánchez no es lo único que depende de la aprobación de los PGE. España tiene que enviar su Plan Presupuestario a Bruselas antes del próximo 15 de octubre para poder optar a las ayudas que necesita para financiar el gasto de 2021.

Esto obliga a llevar unas cuentas al Congreso ya este mes de septiembre. La semana que se maneja sería la tercera de ese mes, como publicó este periódico.

Esta semana, el presidente del Gobierno ya explicó la importancia que tiene para España aprobar unos "Presupuestos de país" y pidió apoyo a la oposición para sacarlos adelante, dado que los vigentes son los que elaboró Cristóbal Montoro en 2018 y no reflejan la realidad económica española en este momento.

Con la economía en estado crítico, la recuperación en 2021 depende en buena medida de esas cuentas públicas. Por ello, antes de ver al líder del PP, Pablo Casado el próximo 2 de septiembre, Sánchez quiere conseguir una foto con empresarios el lunes en busca de una imagen que ayude a presionar al principal partido de la oposición a apoyar sus Presupuestos.