Bruselas

La activación de la artillería pesada del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) que pide el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, con el apoyo de Francia o España choca con la resistencia de Alemania, Holanda y los países nórdicos. La emergencia del coronavirus ha reabierto la brecha entre países del sur y del norte de la UE, entre deudores y acreedores, que ya se evidenció durante la crisis de 2010-2012 y que a punto estuvo de hacer estallar la moneda única.

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El hecho de que, igual que entonces, Italia y España sean ahora los principales afectados por la pandemia agrava los problemas de desconfianza y dificulta una respuesta potente de la UE al covid-19. Los nórdicos siguen temiendo que Madrid y Roma se aprovechen de la situación para obtener recursos baratos sin haber hecho los deberes en materia de ajustes y reformas.

El plan de 750.000 millones de euros que acaba de anunciar Banco Central Europeo (BCE) ha reducido además la presión para actuar de forma urgente con el MEDE. "La tensión está ahí, sin duda, y tiene sus raíces en crisis previas y periodos previos", ha admitido el comisario de Asuntos Económicos, Paolo Gentiloni, en una entrevista en la radio Rai1.

"Lo que algunos parecen no entender y que muchos de nosotros en las instituciones europeas estamos intentando que comprendan es que esta crisis desafortunadamente afecta a todo el mundo. No es un problema de tal o cual país que debido a circunstancias o errores pasados", ha dicho Gentiloni. Tanto él como su jefa, Ursula von der Leyen, apoyan a Italia, Francia y España en su petición de movilizar el fondo de rescate con carácter de emergencia.

En contraste, para Alemania, Países Bajos y los nórdicos, lo urgente es esperar y ver cómo evoluciona la crisis. Lo primero es que cada Estado miembro responda con sus propios planes presupuestarios nacionales y sólo si es estrictamente necesario podrían apoyar un bazuca europeo contra el coronavirus. Lo mismo ocurrió durante la crisis del euro: Merkel se resistió cada vez a activar mecanismos de solidaridad hasta el último minuto, hasta que la eurozona estaba al borde del abismo. 

El fondo se creó en 2010

"Lo que se necesita es hacer un análisis completo y en profundidad de todas las opciones -el MEDE, pero también el presupuesto de la UE, por ejemplo- con el fin de poder tomar decisiones informadas sobre qué instrumento utilizar, cuándo y cómo. Todavía no estamos en esa etapa (de decisiones)", explican a EL ESPAÑOL fuentes de uno de estos países.

El fondo de rescate de la UE se creó primero con carácter temporal en 2010 en plena crisis del euro para asistir a los países que se quedaban sin financiación de los mercados. En 2012 se convirtió en un instrumento anticrisis permanente de la eurozona con el nombre de MEDE. Ha participado en los planes de salvamento de Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y España.

Debido a que quedan créditos pendientes de devolver, su potencia de fuego actual está reducida a 410.000 millones de euros. Para financiar sus préstamos, el MEDE acude a los mercados a captar financiación. Gracias a la garantía conjunta de todos los países de la eurozona, paga tipos mucho más bajos que los de los países con problemas. 

Es decir, en la práctica el fondo de rescate ya emite una especie de eurobonos. Y sería el instrumento que se utilizaría para lanzar los 'coronabonos' para financiar la respuesta a la pandemia porque podría hacerlo de manera inmediata, según ha explicado Gentiloni. Los coronabonos "serían activos financieros europeos y la estructura más apta para lanzarlos sería el MEDE y eso coincide con la opinión del primer ministro Conte", ha  explicado el comisario de Asuntos Económicos. "Pero todavía no estamos ahí", añade.

Cualquier otra solución que suponga emitir deuda conjunta de la eurozona, que también piden muchos analistas y dirigentes comunitarios, tardaría mucho más en ponerse en marcha y sigue siendo tabú en la mayoría de países nórdicos.

El problema ahora es que para activar el MEDE los Estados miembros deben someterse a un duro plan de ajuste presupuestario y reformas estructurales. Un memorando de entendimiento y la supervisión de la troika que conllevan además un 'efecto estigma' de país rescatado. 

Líneas de crédito para todos los países

Lo que está pidiendo Italia es que se suprima esta condicionalidad -que para los nórdicos es imprescindible- y que el MEDE abra líneas de crédito para todos los países de la eurozona para ayudarles a amortiguar el impacto del coronavirus. La única condición, según Roma, debería ser que cada Gobierno rinda cuentas de cómo gasta el dinero del bote común.

Incluso Von der Leyen, que pertenece al mismo partido de Merkel y durante toda su carrera ha sido estrecha aliada y ministra en su Gobierno, apoya las demandas de Conte. "Estamos utilizando todos los instrumentos y cualquier cosa que pueda ayudar se utilizará", dijo este viernes a la radio alemana Deutschlandfunk. "Esto se aplica a los coronabonos: si ayudan y están correctamente estructurados, se usarán".

La activación del fondo de rescate se discutió en el Eurogrupo por videoconferencia del pasado lunes. Allí se analizó "la posibilidad de que el MEDE actuara de forma conjunta para todos los países europeos", según ha dicho el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos. Pero el único compromiso que se logró allí es estudiar en profundidad las distintas opciones.

La cuestión ha vuelto a abordarse este viernes durante una teleconferencia restringida de los ministros de Finanzas de Alemania, Finlandia, Holanda, España, Francia, Italia y Portugal. Los representantes del norte y del sur, que tampoco han logrado un acuerdo. La siguiente oportunidad será la videocumbre de jefes de Estado y de Gobierno anunciada por el 26 de marzo. Las dudas y retrasos recuerdan a los de la crisis del euro. ¿Esperarán los líderes europeos a que sea demasiado tarde para actuar conjuntamente de forma decisiva?