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Las claves

El consejero de Agricultura de Andalucía, Ramón Fernández-Pacheco, ha solicitado formalmente, con el apoyo de las organizaciones agraria, al ministro Luis Planas la suspensión del sistema de perfeccionamiento activo al aceite de oliva.

Una vía para importar aceite que los productores nacionales consideran un ‘coladero’ de “aceite fantasma” principalmente de Túnez, y que tira de los precios artificialmente a la baja.

Según la Agencia Tributaria, “el perfeccionamiento activo es un régimen especial mediante el cual las mercancías no pertenecientes a la Unión pueden ser utilizadas dentro del territorio aduanero de la Unión en una o más operaciones de transformación sin que dichas mercancías estén sujetas a derechos de importación ni a otro tipo de medidas”, como aranceles.

Los productos transformados deben salir por regla general del territorio aduanero de la UE, aunque excepcionalmente se permite su comercialización interna. Pagando los aranceles correspondientes, eso sí.

De fondo, lo que sospecha el sector es que hay un problema con la trazabilidad: aceite que entra en cisternas, como aceite a granel de Túnez, y sale como ‘envasado en España’. Un producto comunitario.

Por eso organizaciones agrarias como COAG hablan abiertamente de “aceite fantasma”.

“Si España es el principal o segundo comprador de aceite tunecino, ¿por qué no aparece prácticamente en ninguna etiqueta? ¿Dónde está y cómo se comercializa ese aceite?”, dicen.

La organización señala que “el aceite tunecino entra a gran volumen, pero no se identifica en los lineales ni en los productos finales, lo que indica que podría estar siendo mezclado, re-etiquetado o triangulado sin que el consumidor sea consciente del origen real del producto que compra”.

“Mientras el sector español se enfrenta a controles exhaustivos, certificaciones y obligaciones estrictas de información al consumidor, el aceite importado a bajo coste entra en el mercado con normas más laxas”, llevan años reclamando desde COAG.

Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, cuyos socios aportan dos tercios de la producción andaluza (que a su vez es el 80% del total nacional), sostiene una reclamación constante a las autoridades nacionales y europeas para un mayor control y seguimiento del aceite de oliva procedente de terceros países.

La federación considera “imprescindible” garantizar que todo el aceite de oliva que accede al mercado europeo cumpla estrictamente las mismas exigencias normativas, de calidad, trazabilidad y seguridad alimentaria aplicables a la producción comunitaria”.

También piden reforzar la transparencia sobre los volúmenes y destinos de estas operaciones.

“El objetivo es preservar unas condiciones de competencia equilibradas y evitar que estos instrumentos comerciales puedan ser utilizados de forma que distorsionen el funcionamiento normal del mercado o introduzcan una presión artificial a la baja sobre los precios en origen”, señalan.

Túnez, gran exportador

En la carta enviada por el consejero Fernández-Pacheco a Planas, la Junta hace mención expresa al “aumento notable de importaciones de aceite de oliva procedentes de Túnez en los últimos años, concretamente, en el caso del aceite de oliva virgen extra (AOVE)”.

Europa tiene un acuerdo comercial con Túnez donde se establece un contingente de 57.700 toneladas libre de aranceles tras la ‘primavera árabe’. Con el perfeccionamiento activo están entrando el doble de toneladas, calcula la Junta.

España importó 115.300 toneladas de aceite de oliva entre enero y junio de este año. Es un 27,5% más que en el mismo periodo del año anterior. El incremento llega al 83,9 % en las importaciones extracomunitarias (73.400 toneladas), con Túnez como principal proveedor.

El porcentaje de las importaciones de aceite de oliva de Túnez que entra bajo perfeccionamiento activo representa el 61,6 por ciento en 2025 y, en el período de enero a abril de 2026, esta tendencia se intensificó notablemente con el 76,3 por ciento.

Es por lo que el consejero Fernández-Pacheco afirma que “se está produciendo una distorsión en el mercado del aceite de oliva”, ante lo que pide al ministro Planas “que se utilicen todas las herramientas jurídicas disponibles”.

La medida tiene un precedente en el caso del azúcar de caña en bruto: la Comisión activó la suspensión del régimen de perfeccionamiento activo por el aumento de las importaciones en las últimas campañas.

El porcentaje que representa el aceite virgen extra sobre el total de las importaciones acogidas a perfeccionamiento activo ha aumentado considerablemente en los últimos años, representando ya el 75 por ciento en los primeros meses de 2026.

Una cuestión técnica

La Consejería de Agricultura y los productores nacionales entienden que “el aceite de oliva virgen extra no es sometido a ninguna operación de transformación, sino a intervenciones básicas y sencillas que no alteran la naturaleza ni las prestaciones técnicas del producto original”.

Con lo cual debería quedar fuera de estos mecanismos de perfeccionamiento activo.

Lo que ahora pide la Junta es “conocer si el aceite de oliva virgen extra puede acogerse al citado régimen de importación, y en caso de que así sea, se nos informe de cuál es la transformación que se realiza sobre esta categoría de aceite”.

Igualmente, se solicita saber el resultado de la evaluación de las solicitudes de Tráfico de Perfeccionamiento Activo del aceite de oliva que se hayan hecho en los últimos cinco años en España.

El perfeccionamiento activo, en realidad, se ideó para productos con cadenas de valor globales muy fragmentadas y márgenes estrechos.

El beneficio de suspender el pago de aranceles en la importación de las materias primas de tránsito es crítico en estos sectores de alta competencia internacional.

Pero en el aceite de oliva virgen extra no se dan esas cadenas de valor globales y fragmentadas. Es puro zumo de aceituna.

Andalucía concentra la inmensa mayoría de estas operaciones. Aunque la Agencia Tributaria no publica un listado segregado exclusivamente por ‘perfeccionamiento activo por provincias’, teóricamente para proteger el secreto estadístico de las grandes empresas, hay estudios que sitúan a Córdoba como la provincia más importadora.

Fuera de Andalucía, donde se concentra el grueso de la industria aceitera en todos los eslabones de la cadena, destaca Lérida.