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La robótica humanoide ha entrado en una nueva fase. El avance de la inteligencia artificial, junto a la reducción de costes y la llegada de plataformas comerciales, está acercando estos robots a entornos industriales reales.

Este ha sido el caldo de cultivo para la creación hace unos días de Ánima, la Asociación Española de Robótica Humanoide e IA Física, pero también una forma de poner sobre la mesa lo que llega con esta nueva tecnología: máquinas capaces de percibir su entorno e interactuar físicamente con él.

La primera pregunta, como mandan los cánones, es obligatoria: ¿por qué nace Ánima ahora? "Empiezan a darse las condiciones necesarias para que se produzca una verdadera aceleración de la curva de adopción, cuando confluyen el avance tecnológico, la reducción de costes y la disponibilidad comercial", esgrime Carlos Méndez, presidente de Ánima y CSO de Aritex, en la entrevista que mantiene con DISRUPTORES-EL ESPAÑOL.

Un escenario que convierte este momento en el "idóneo" para que en España "identifiquemos las capacidades que tenemos en el ámbito de los humanoides y la IA física". Detrás, como viene siendo habitual en los últimos meses, un elemento al que pocos pueden mantenerse ajenos: la inteligencia artificial como "aceleradora de la robótica humanoide".

"Hasta hace relativamente poco hablábamos fundamentalmente de prototipos y proyectos de investigación. Hoy, sin embargo, empezamos a disponer de robots humanoides comerciales a precios accesibles y, poco a poco, vemos también empresas que empiezan a probarlos en aplicaciones reales", argumenta Méndez, con una trayectoria profesional de más de dos décadas ligada a la ingeniería y la automatización industrial.

Mercado incipiente

Ánima no parte de cero. AFM Cluster y AER Automation son dos asociaciones que ya venían tiempo trabajando (desde 1946 y 1985, respectivamente) para construir un lugar común en pro de esta industria. Ambas representan en la actualidad a más de 1.000 empresas pertenecientes a diferentes ámbitos.

Ambas patronales han confluido en esta nueva asociación para hacer frente a un mercado incipiente: "Lo que hemos detectado es la aparición de un nuevo ámbito tecnológico e industrial que está creciendo muy rápidamente y que requiere un foco específico. Es importante darles un espacio propio, conectarlas y proporcionarles visibilidad para contribuir a que este nuevo segmento gane velocidad", explica Méndez.

"Empezamos a disponer de robots humanoides comerciales a precios accesibles y con aplicaciones reales"

"El objetivo debe ser que nuestra industria no sea únicamente usuaria de esta tecnología, sino que participe también en su desarrollo y forme parte de una nueva cadena de valor que se está construyendo a escala mundial [...] y que se está definiendo precisamente ahora. Y queremos que las empresas españolas estén presentes y tengan un papel activo desde el principio".

La intención está, y es firme, pero no evita las dudas.

DISRUPTORES.: ¿Se están exagerando sus capacidades de la robótica humanoide? ¿Cuáles son sus límites?

CARLOS MÉNDEZ.: La robótica humanoide está todavía en una fase temprana de desarrollo, y estoy seguro de que vamos a ver muchísimas iteraciones y avances en los próximos años. También hay que reconocer que existe bastante hype y que algunos de los vídeos que se difunden pueden generar una percepción de capacidades muy superiores a lo que un robot puede hacer hoy de manera autónoma, fiable y repetitiva en un entorno industrial real.

Pero al mismo tiempo están ocurriendo cosas que hacen que debamos tomarnos esta tecnología muy en serio. [...] Si pensamos en cómo han evolucionado los modelos de IA en apenas unos años, podemos imaginar el potencial que supone trasladar progresivamente esas capacidades de percepción, comprensión y aprendizaje al mundo físico.

D.: China y Estados Unidos están acelerando sus inversiones en esta industria. ¿En qué posición están Europa y España?

C.M.: Ambos están avanzando muy rápido, aunque con modelos diferentes. China tiene una enorme capacidad industrial, una cadena de suministro muy desarrollada y una gran capacidad para escalar y reducir costes.

Estados Unidos, por su parte, concentra algunas de las compañías que están realizando las mayores apuestas en inteligencia artificial y robótica humanoide, y es capaz de movilizar inversión privada.

Europa parte de una posición diferente. Tenemos una base industrial muy potente, excelentes capacidades en robótica, automatización, mecatrónica, ingeniería e investigación, y un tejido de fabricantes y centros tecnológicos de primer nivel.

El reto europeo estará en ser capaces de coordinar esas capacidades, construir cadenas de valor sólidas y convertir rápidamente nuestro conocimiento y nuestra propuesta tecnológica en productos y servicios concretos.

La oportunidad de España

Y de lo global a lo local, llegamos a España. Nuestro país, según Méndez, tiene una oportunidad "interesante" dentro de Europa: "Somos el tercer mercado europeo por instalaciones de robots industriales según la International Federation of Robotics (IFR) y contamos con una industria muy relevante en automatización, máquina-herramienta, ingeniería y fabricación avanzada".

"No partimos de cero: tenemos muchos de los ingredientes necesarios para participar en esta nueva cadena de valor", añade.

"La española PAL Robotics lleva más de 20 años fabricando robots humanoides"

Y lo han podido comprobar con el lanzamiento de Ánima: "Nos ha sorprendido la cantidad de empresas que se han acercado a la asociación para compartir con nosotros los desarrollos en los que están trabajando y sus planes futuros para este nuevo mercado, muchos de los cuales todavía no son públicos".

D.: ¿Dónde está nuestra oportunidad en esta nueva cadena de valor?

C.M.: El ecosistema de la robótica humanoide va mucho más allá. En Ánima contemplamos toda la cadena de valor: componentes, actuadores, sensores, sistemas de visión, software, inteligencia artificial, integración y también fabricantes de robots humanoides.

En España también tenemos interesantes capacidades en este ámbito. PAL Robotics lleva más de 20 años fabricando robots humanoides y este año ha nacido Primus Robotics, una joint venture participada al 50% por Fagor Arrasate y Funditec Intelligence, dedicada al diseño, desarrollo y fabricación de robots humanoides industriales.

El salto a la IA física

Los humanoides son solo la parte más visible de esta transformación. La combinación de inteligencia artificial, robótica y capacidad de percepción está dando paso a lo que se conoce como IA física.

Son sistemas que no solo ejecutan instrucciones, van más allá: también interpretan su entorno, aprenden y adaptan su comportamiento. Una evolución que puede extenderse a buena parte de la maquinaria y los sistemas productivos.

D.: Habláis de IA física como la evolución de la inteligencia artificial hacia el mundo real.

C.M.: Es difícil anticipar hasta dónde llegará, pero su impacto puede ser comparable. La IA generativa ha supuesto un salto enorme porque ha democratizado el acceso a capacidades de inteligencia artificial que antes estaban reservadas a especialistas. La IA física supone trasladar progresivamente esas capacidades de percepción, razonamiento, aprendizaje y adaptación al mundo físico.

"El impacto de la IA física será comparable al de la IA generativa"

Un humanoide es probablemente la representación más visible de la IA física, pero estas capacidades pueden incorporarse también a robots industriales y colaborativos, robots móviles, vehículos autónomos, máquinas-herramienta y, en general, a todo tipo de equipos productivos.

Todavía estamos al principio y es precipitado anticipar hasta dónde llegará o a qué velocidad. Pero la convergencia entre el dato, la inteligencia artificial y la robótica y máquinas cada vez más autónomas va a ser, sin duda, la gran transformación industrial de los próximos años.

D.: ¿Qué diferencia habrá entre una fábrica automatizada y una fábrica en la que las máquinas tengan capacidad para percibir, razonar y adaptarse en tiempo real?

C.M.: La principal diferencia estará en la capacidad de adaptación. Hoy tenemos fábricas altamente automatizadas, pero funcionan porque hemos estructurado previamente el entorno: definimos y programamos dónde está cada pieza, qué movimiento debe realizar el robot, qué secuencia tiene que seguir y qué debe ocurrir ante determinadas situaciones.

Cuando introducimos capacidades de IA física, empezamos a cambiar ese paradigma. Las máquinas pueden percibir lo que ocurre a su alrededor, interpretar esa información, tomar determinadas decisiones y adaptar su comportamiento ante situaciones que no han sido programadas de antemano.

D.: Esta evolución también plantea una pregunta clave para la industria española: ¿cuándo veremos despliegues comerciales significativos en las fábricas?

C.M.: Tenemos que diferenciar entre empezar a ver robots humanoides en las fábricas y hablar de una adopción significativa. Los primeros pilotos y pruebas industriales ya están ocurriendo a nivel internacional y creo que en muy breve tiempo vamos a empezar a ver cada vez más experiencias también en España.

Otra cosa distinta es hablar de despliegues a gran escala. Para llegar a ese punto, todavía tienen que mejorar aspectos como la autonomía, la fiabilidad, la destreza, la seguridad, la facilidad de programación y, por supuesto, el coste y el retorno de la inversión.

A ello se suma el reto normativo [...] y la necesidad de garantizar una interacción segura con las personas en entornos mucho menos controlados que los de una célula robotizada tradicional.

Probablemente, los primeros casos de uso aparecerán en tareas relativamente acotadas donde exista una necesidad clara: manipulación de materiales, logística interna, alimentación de máquinas, inspección o determinadas operaciones repetitivas.

De experimento a inversión

El presidente de Ánima prefiere ser prudente y no poner una fecha: "Si se cumplen los planes de fabricación de las principales empresas productoras, cuyas inversiones están siendo fabulosas, va a ser más rápido de lo que imaginamos".

El salto de los pilotos a la adopción industrial dependerá, en último término, de una cuestión: que los números salgan.

D.: ¿Qué condición tiene que cumplirse para que una empresa considere un humanoide una inversión y no un experimento?

C.M.: La condición fundamental es sencilla: tiene que aportar valor y ofrecer un retorno de inversión justificable. Una empresa no va a comprar un humanoide porque camine, porque resulte espectacular o porque incorpore la última tecnología de inteligencia artificial. Lo comprará cuando le resuelva un problema mejor o de una forma más flexible y rentable que las alternativas disponibles.

Y para llegar ahí no basta con mirar el precio del robot. Hay que analizar el coste total de la solución, su productividad, disponibilidad, autonomía, mantenimiento, seguridad, facilidad para aprender nuevas tareas y, sobre todo, cuántas horas puede trabajar realmente de manera útil y fiable.

Cuando podamos demostrar todo esto en casos de uso concretos y con una lógica económica clara, dejaremos de hablar de experimentos para empezar a hablar de inversión industrial.