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Las claves

El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, ha presentado hoy en Madrid la maqueta de lo que se ha convertido, por fuerza mayor, en el proyecto estrella del Perte Chip: el centro avanzado de investigación, desarrollo y prototipado de semiconductores y chips del IMEC en Málaga.

Con una inversión comprometida de 500 millones por parte del Ejecutivo, el político ha anunciado una partida adicional de 267 millones de euros para la compra de maquinaria y ha asegurado que la instalación estará en funcionamiento antes de 2030. El acto de colocación de la primera piedra se hará durante el primer trimestre del año que viene.

Este es uno de los proyectos más importantes para la transformación digital de España; el futuro nodo sur de la industria de los chips europeos”, ha declarado.

López, que ha avanzado que el laboratorio tendrá una sala blanca de 200 metros cuadrados para el diseño y prototipado de chips -donde se trabajará en el I+D de semiconductores de 300mm-, cree que la promesa de esta instalación no reside solo en el crecimiento de la competitividad y el PIB del país, sino que reforzará la soberanía tecnológica y ayudará a atraer y retener talento de alto perfil.

“Vamos a ser punta de lanza en microelectrónica con productos en medicina, movilidad, fotónica y cuántica”, ha indicado.

Para esta afirmación el político se apalanca en un el avance imparable de esta industria en el mercado. Según datos que maneja el propio Gobierno, las ventas de semiconductores experimentaron en julio su decimoséptimo mes de repunte consecutivo. En ese periodo de tiempo, las empresas suministradoras facturaron 146.800 millones de dólares en todo el mundo, lo que supone un 135% más con respecto al mismo mes del año anterior.

Así funciona el IMEC

El anuncio de la instalación se produjo en 2023. Entonces, el Gobierno celebraba que el mayor laboratorio de nanoelectrónica de toda Europa, IMEC (Centro Interuniversitario de Microelectrónica), con sede en Lovaina (Bélgica), eligiese a Málaga como su segundo enclave continental.

Creado en 1984, en sus instalaciones de Lovaina -visitadas por este medio recientemente- trabajan unos 5.500 científicos de 96 países. A diferencia de los fabricantes, su aproximación al sector no es comercial: no compite, sino que investiga con fondos de todas las empresas asociadas y pone a su disposición el conocimiento generado.

Su actual CEO, Patrick Vandenameele, ha estado presente hoy en el acto de lo que el ministro López ha denominado “aperitivo visual” del próximo centro. El directivo ha celebrado la futura “conexión” de las dos regiones -Málaga y Lovaina- y ha defendido la importancia de “actuar de manera conjunta” en el Viejo Continente.

“Nuestro modelo parte de conectar ecosistemas: IMEC es una puerta abierta para toda la industria europea”, ha dicho.

En este sentido, ha subrayado el “potente” talento de España y la importancia de la colaboración con administraciones públicas y universidades: “Somos mucho más que infraestructura: la conexión de los datos con la IA, la ciencia y los agentes que nos ayudarán a crear los chips del futuro”.

La gran baza de un Perte Chip venido a menos

El centro del IMEC en Málaga se ha convertido en el pilar central, junto con la inversión de 752 millones de euros en la firma estadounidense Diamond Foundry, de un Perte Chip que ha pecado de “demasiado” ambicioso para muchos expertos en el terreno.

Anunciado en 2022 como el Perte con mayor dotación, 12.000 millones de euros hasta 2027, fracasó en su intento por implantar grandes plantas de fabricación: una de las negociaciones que mantuvo fue con Broadcom, que finalmente no llegaron a buen puerto.

Y la realidad es que tampoco ha conseguido atraer a ningún otro ‘primer espada’ en este ámbito, como Intel, TSMC o Samsung. De hecho, se estima que solo se ha ejecutado cerca del 10% del gasto previsto y Bruselas ha llegado a recortar el presupuesto a 1.936 millones de euros.