Pistoletazo de salida al curso en la industria digital. Como cada año, y ya van cuarenta, la capital cántabra escenifica este hito del calendario con el encuentro de la patronal Ametic, donde se congregan los principales líderes del sector y (esta vez sí) los responsables del ramo del Gobierno. Pero, una vez más, se reproduce la misma paradoja: mientras el tejido empresarial reclama una mayor ambición en estas lides, que conviertan realmente la digitalización en política industrial del país, el ministro Óscar López no duda en sacar pecho de sus logros ante un auditorio poco convencido de sus proclamas.
Sirva como muestra que el gran anuncio de López en esta cita haya sido un 'atlas' de la inteligencia artificial, que no deja de ser un documento resumen de las diferentes y heterogéneas medidas impulsadas por el Ejecutivo, tanto bajo su batuta como los logros de sus predecesores. ¿Está tratando de adueñarse y protagonizar los éxitos del pasado para ocultar el inmovilismo del presente? Saquen sus propias conclusiones. Máxima cuando, sobre el mismo escenario del Palacio de la Magdalena, los responsables del sector privado pedían menos bosque legislativo, más estabilidad, más financiación y, sobre todo, una Administración que ejerza de cliente y tractor de la innovación.
Es cierto que tanto el ministro para la Transformación Digital como su secretaria de Estado de Digitalización, María González Veracruz, han anunciado la inminente resolución de las convocatorias Red IA y Red IA Salud, que movilizan 180 millones de euros para 372 proyectos. Hasta aquí el capítulo de realidades; en el de preguntas sin respuesta están el papel cada vez más residual del mercado español en el tablero geopolítico de la IA, el fracaso de proyectos como los modelos públicos ALIA o las incertidumbres sobre el futuro de muchos programas con el fin del 'dopaje' de los fondos europeos.
Decía que las realidades se acababan ahí, porque de castillos en el aire sí que habló López con inusitada confianza. Así, el ministro no ha dudado en dar por lograda la tan proclamada gigafactoría de inteligencia artificial de la Comisión Europea. "Estoy absolutamente convencido de que la candidatura española va a ser una de las primeras gigafactorías de Europa. Tengo el orgullo y la convicción de que así será". Fuentes del Gobierno no han querido aclarar si esta seguridad en sí mismo implica que ha habido negociaciones paralelas a la adjudicación oficial, máxime cuando ni tan siquiera se han presentado todavía las candidaturas a este proyecto.
Recordemos: la UE creará tres de estos centros de datos especializados en IA, con 5.000 millones de euros de presupuesto en el caso español materializados en una doble sede en Móra la Nova, en Cataluña, y San Fernando de Henares, en Madrid. La candidatura patria está articulada alrededor de un consorcio público-privado en el que participan el Gobierno, la Generalitat de Cataluña, Banco Santander, ACS, Telefónica y Multiverse Computing.
Volviendo al plano de la realidad, por ahora lo único que tenemos es el anuncio de una inversión de 719 millones de euros a través de la SETT, junto a otra contribución voluntaria de 300 millones a EuroHPC, la empresa común europea encargada de impulsar y explotar estas infraestructuras.
Cortina de humo en semiconductores
La cuestión es que la política industrial digital española llega a este encuentro con una herida abierta en otro de sus grandes capítulos: los semiconductores. El componente fundamental, el que subyace bajo cualquier infraestructura o servicio digital, sigue dependiendo de una cadena de suministro en manos de muy pocos actores. Ninguno de ellos europeo y, mucho menos, español.
Pedro Sánchez anunció en 'Wake Up, Spain! 2022' el PERTE Chip: una de las iniciativas que movilizarían los fondos europeos, en concreto, 11.000 millones de euros para diferentes planes destinados a reforzar este segmento en territorio nacional. La joya de la corona era atraer una fábrica de semiconductores a España; así lo prometieron desde el propio presidente del Gobierno hasta sus sucesivos subalternos en mil y una ocasiones.
De las musas, al teatro: esa fábrica ni está ni se la espera. El fiasco de Broadcom, que tan rápido llegó como abandonó un acuerdo para instalarse en nuestro país, ha dejado la impronta de un PERTE imberbe, cuyos fondos han sido derivados a la SETT, aunque su inmensa mayoría sigue sin ser ejecutado.
Un instante de la inauguración del 40 Encuentro de la Economía Digital de Ametic.
Desde el Ejecutivo obvian ahora esas promesas ("no salió por falta de interés privado", se limitan a admitir) y rebajan el objetivo declarado por el propio presidente. El Ministerio afirma ahora que el foco no está ya en la fabricación de chips convencionales y ha encontrado un nuevo territorio de promesas en los chips fotónicos. Así que el nuevo relato pasa por inversiones en la gallega Sparc Foundry y el laboratorio europeo IMEC en Málaga.
Podríamos ser ingenuos y 'tragar' con este relato, olvidándonos de la hemeroteca y dejando a un lado cuáles son los pesos de la tecnología en el mercado internacional. Pero, con una actitud un poco más crítica, podríamos considerar que este desplazamiento permite al Gobierno mantener el discurso de soberanía digital mientras la realidad industrial obliga a jugar en otros eslabones de una cadena de valor dominada internacionalmente por inversiones de una escala extraordinaria.
"No queremos limosnas"
La contradicción adquiere todavía más relieve cuando se escucha a la industria. Francisco Hortigüela, presidente de Ametic, ha reclamado que la Administración refuerce su papel como "cliente estratégico y tractor de la digitalización y la innovación", además de reclamar una legislación que acompañe y apoye la innovación y el desarrollo sostenible y competitivo del sector. Nada de eso se está cumpliendo, siguiendo el guion original, en lo que concierne a los semiconductores.
Tampoco está alineado el sector privado con el público en lo que concierne al discurso soberano. Así, la patronal tecnológica plantea una "autonomía estratégica abierta", alineada con las prioridades europeas en inteligencia artificial, nube, ciberseguridad, computación cuántica, robótica, semiconductores, electrónica y datos. Pero sin volverse locos reinventando la rueda o construyendo castillos en el aire en cuestiones tan sensibles y estratégicas como las que nos ocupan.
Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, ha sido todavía más explícito en Santander. El presidente de CEOE ha identificado la hiperregulación como "el gran drama" del sector digital y ha descrito el actual escenario legislativo como un "bosque legislativo que constituye un freno brutal a la inversión y a la innovación". Garamendi ha advertido además de que determinadas reglas solo tienen sentido si existe una coordinación global: "Por mucho que en España queramos regular, por ejemplo, el tema ético, si Europa no quiere, si Estados Unidos no lo quiere o si no lo quiere China o India..., realmente no vale para nada".
Y cerramos con el mejor golpe de realidad al Ejecutivo: "No queremos limosnas, sino que nos dejen trabajar y gestionar, que lo sabemos hacer muy bien".
Adopción de IA y responsabilidad digital
Aunque el protagonismo de la primera jornada en Santander se lo han llevado estas disputas y vericuetos institucionales, también hubo espacio para tratar de adopción real de la inteligencia artificial o debatir sobre la responsabilidad de las grandes plataformas en internet. Paco Salcedo (Microsoft), Ana Alonso (Salesforce), David Alonso (Samsung), Josep Aracil (Inetum), Jorge Morillo (SAP) o Carmen Marquina (TikTok) han sido algunos de los líderes del tejido tecnológico que han desfilado por el evento de la patronal para profundizar en estas cuestiones.
