Luis Ezcurra
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Las claves

Rubén Merino (Madrid, 1980) es ingeniero de Minas. En 2022 obtuvo el título de Máster en Formación del Profesorado que lo habilita como profesor de secundaria: "Doy clases de Matemáticas, Física y Química o Tecnología en la ESO. También doy Química en bachillerato", explica.

Como otros profesionales, Merino emplea herramientas de IA en su trabajo: “Para preparar la clase de Química subo una colección de 500 problemas a NotebookLM y en dos minutos tengo la selección de los que voy a poner al día siguiente. Antes me costaba media hora o más elegirlos", asegura. 

Considera que es fundamental que los alumnos aprendan a utilizar bien las herramientas que ofrece la tecnología: “Los que saben usar la IA tienen una ventaja muy destacada frente a los que no la utilizan. Hay chicos muy avanzados digitalmente que dominan varias aplicaciones”, añade.

Cuando se empezó a hablar de ChatGPT, Merino decidió probar: "No sabía muy bien cómo funcionaba, pero se me ocurrió proponer a la clase de Tecnología que prepararan una presentación sobre la IA utilizando las aplicaciones gratuitas que estaban disponibles. Tenían que describir qué es, qué herramientas utilizaban y buscar referencias".

Reconoce que aprende a la vez que sus alumnos. "Al principio, yo los guiaba un poco, pero hemos descubierto juntos muchas cosas sobre la marcha”, explica. Desde el curso pasado, ha extendido su uso a todas las materias, no sólo a Tecnología o a Digitalización y Computación.

El profesor recuerda que hay que considerar dos aspectos importantes: las herramientas digitales pueden servir para desarrollar la competencia de ‘aprender a aprender’. También el pensamiento crítico. “Les enseño que hay que contrastar toda la información que reciben. La de ChatGPT y la de otras fuentes. Siempre deben preguntarse si es cierto todo lo que leen por ahí”, indica.

Algunos educadores temen que los alumnos se acostumbren a copiar directamente lo que genera la IA. En este sentido, Merino ha propuesto al claustro de su centro un código de conducta que oriente acerca de las actuaciones del profesorado en caso de usos no autorizados o maliciosos de las herramientas de inteligencia artificial en clase.

Pasillo del colegio donde el profesor Merino imparte clases con ayuda de la IA. L. Ezcurra

“Yo los amenazo con un cero si detecto que copian sin más. Ya lo hacía con Google. También procuro premiar a los que veo que han trabajado”, aclara.

Lo que más le sorprende es la naturalidad con la que los alumnos ven la IA. “A nosotros nos parece algo extraordinario”, comenta. “Pero ellos la conciben como una herramienta más. Le quitan importancia y la integran en su vida como han hecho con otras tecnologías”, declara.

El centro donde trabaja deja al criterio del maestro la decisión de usar la inteligencia artificial en clase. Eso produce un cierto desequilibrio. No todos los miembros del claustro son partidarios de su uso. "Algunos creen que los alumnos se pueden acostumbrar a que el ordenador piense por ellos y no quieren ni oír hablar de la IA", dice.

Algo así opina el profesor Javier Peña (Madrid, 57 años). “Yo veo año tras año que los chavales se interesan cada vez por menos cosas. Si ni siquiera son capaces de crear porque dejan que todo lo haga la IA, entonces, ¿qué mundo estamos construyendo?”, declara.

Peña enseña Literatura, Lengua y Latín a alumnos de  bachillerato del mismo centro en el que Rubén Merino imparte sus clases. Él prohíbe el uso de la IA, tanto en clase como en los trabajos que hacen en casa: “Sé perfectamente cuándo lo han escrito ellos o la IA. Se nota a la legua porque emplean expresiones que ni siquiera conocen. Antes alguno intentaba colarme una redacción hecha por su padre o su madre. Ahora es ChatGPT”.

El lenguaje empleado en las redes sociales introduce una jerga procedente del inglés. Términos como: ‘vibra’, ‘bro’, ‘ringe’, ‘hype’ y otros desplazan el castellano convencional. Peña relata esta anécdota: “Un día les pedí que me escribieran tres sinónimos de ‘cochino’ y me dijeron que no sabían lo que era eso. Creía que se referían a ‘sinónimo’ y se lo expliqué, pero lo que no sabían era qué quiere decir ‘cochino’”.

El profesor es partidario de provocar el proceso reflexivo como base del aprendizaje. Explica que no está en contra de la IA por sistema. Cree que primero hay que dominar las herramientas básicas, como el lenguaje, para poder utilizar luego las más complejas.

Este es un debate abierto en muchos sectores de la sociedad y el ámbito de la enseñanza no es ajeno a él. En España algunas instituciones educativas lo excluyen de las aulas o lo limitan a aplicaciones muy concretas.

La opinión experta

César Poyatos (Madrid, 1977) es doctor en Educación y profesor de Tecnología Educativa en la Universidad Autónoma de Madrid: “La IA es una opción muy eficaz para reducir la carga burocrática de los docentes. La legislación actual obliga a un papeleo ingente y los maestros deben alargar su jornada laboral para cumplir con las exigentes normativas”.

Según el profesor Poyatos, la tecnología debe aportar valor añadido al proceso de aprendizaje: “No se trata de elegir entre lo analógico y lo digital”, dice. “Es compatible usar la IA como herramienta de aprendizaje y, al mismo tiempo, desarrollar las relaciones humanas”, añade.

César Poyatos, profesor de Tecnología Educativa en la UAM.

“Lo importante no es la herramienta, sino para qué la necesito y qué me aporta”, explica. Bajo este criterio, la mejor estrategia para introducir la inteligencia artificial en el aula es el modelaje: “Si el profesor hace un uso responsable, los alumnos aprenderán a seguir su ejemplo”. puntualiza.

Recuerda que la normativa vigente y las recomendaciones de las instituciones internacionales ayudan a comprender cómo introducir un instrumento tan potente en la enseñanza: La LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación), la guía de la UNESCO para el uso de la IA por el profesorado, el Marco Europeo DigComp, que hace referencia al desarrollo de competencias digitales en la enseñanza, y otras.

Qué dice la ley

La LOMLOE se publicó en 2020, antes de la aparición de la IA generativa para el ‘gran público’. No hace mención específica sobre la inteligencia artificial, pero resalta la importancia de desarrollar las competencias digitales entre profesores y alumnos.

El preámbulo de la ley especifica: “En consecuencia, se hace necesario que el sistema educativo dé respuesta a esta realidad social e incluya un enfoque de la competencia digital más moderno y amplio, acorde con las recomendaciones europeas relativas a las competencias clave para el aprendizaje permanente”.

Más tarde, en 2022, el BOE publicó el Real Decreto que desarrolla las normas de aplicación en la ESO. En él se citan las ocho competencias clave que deben desarrollarse en esta etapa. Entre ellas, la competencia matemática, ciencia, tecnología e ingeniería y la competencia digital.

La educación afronta el desafío de cerrar la brecha digital que mencionan la LOMLOE y los marcos internacionales. La realidad sugiere que la inteligencia artificial requerirá formación continua, sobre todo del profesorado, y una nueva comprensión de las competencias clave. En este proceso, la figura del docente permanece como guía indispensable hacia un uso ético y efectivo de las herramientas.