En marzo, Incibe-CERT, el centro de respuesta ante incidentes de ciberseguridad de referencia para ciudadanos y entidades privadas en España, advertía de la existencia de una plataforma capaz de utilizar inteligencia artificial para automatizar las distintas fases de un ciberataque.
CyberStrikeAI llevaba actuando desde enero de 2026 en una campaña en la que los principales afectados fueron organizaciones que utilizaban firewalls corporativos. El origen del ataque se localizó en China y hubo afectados en más de 50 países.
Tres meses después, en junio, el Centro Criptológico Nacional (CCN) alertaba de lo que se denomina “IA ofensiva”: del uso de la inteligencia artificial para reducir la complejidad técnica de los ataques y favorecer la proliferación de campañas más rápidas, automatizadas y a gran escala.
Entre las amenazas que identifica están la explotación asistida de vulnerabilidades, la generación de malware y exploits, el reconocimiento automatizado y una ingeniería social cada vez más adaptativa.
Las advertencias de ambos organismos españoles ayudan a entender el alcance del salto que recoge la última investigación que el Grupo de Inteligencia contra Amenazas de Google (GTIG, por sus siglas en inglés) publica hoy. Un cambio en la forma de perpetrar este tipo de delitos, en los que los ciberdelincuentes han pasado de preguntar a la IA a incorporarla en sus acciones.
De asistente a operador
El uso de la IA agéntica con fines maliciosos es algo de lo que los expertos en esta materia llevan meses advirtiendo. La diferencia ahora es que los agentes cada vez asumen un mayor número de tareas dentro de un ataque.
Ya en marzo, John Hultquist, jefe de análisis de GTIG, advertía en una entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL que “la IA no crea nuevas amenazas, pero amplifica las que ya existen”. Entonces explicaba que los atacantes la estaban utilizando fundamentalmente para mejorar capacidades que ya tenían.
Dos meses después, el mismo laboratorio identificó por primera vez a un ciberdelincuente utilizando un exploit zero-day que, según sus investigadores, había sido desarrollado con ayuda de inteligencia artificial. También había detectado el uso de agentes para automatizar tareas de reconocimiento y búsqueda de vulnerabilidades.
En el último informe de Google se ilustra muy bien el escenario actual cuando da a conocer un caso en el que un atacante diseñó un sistema de agentes para planificar, crear y ejecutar una campaña masiva de robo de credenciales. Todo el proceso, de principio a fin, se completó en menos de seis horas.
Durante ese tiempo, los agentes gestionaron distintas partes de la operación, desde el escaneo de vulnerabilidades hasta la resolución de errores que iban apareciendo durante la ejecución. También fueron capaces de rotar direcciones IP y utilizar la infraestructura cloud comprometida para dirigir el tráfico de la campaña.
Esto da una idea de la nueva capa en la que se ha convertido la IA para coordinar herramientas y tomar decisiones con una intervención humana cada vez menor y a una gran velocidad. Eso sí, todavía sin una autonomía completa.
Lo que el equipo de investigación de Google ha observado es que los agentes cada vez asumen más funciones, una evolución que acerca ese escenario de ataques autónomos.
China, Rusia, Irán y Corea del Norte
Este cambio se aprecia también en las fases previas al ataque. Los grupos utilizan modelos de inteligencia artificial para investigar vulnerabilidades, preparar campañas de ingeniería social, desarrollar código malicioso y solucionar problemas durante las operaciones.
Google ha observado esta utilización entre actores vinculados a China, Rusia, Corea del Norte e Irán, además de grupos de ciberdelincuencia.
Uno de los ejemplos que recoge el informe es Basin Castle, un actor vinculado a China que utiliza modelos de lenguaje para identificar objetivos de interés, preparar señuelos, modificar malware y resolver problemas durante las fases posteriores a la intrusión.
En el caso de los actores iraníes, GTIG ha observado un uso similar. Calanque Ion ha recurrido a Gemini para preparar correos dirigidos a objetivos concretos, realizar tareas de inteligencia de fuentes abiertas, traducir contenidos y desarrollar pretextos adaptados a las víctimas. También ha utilizado el modelo para resumir información y apoyar tareas de ingeniería inversa.
Grupos de Corea del Norte también han incorporado la IA a distintas fases de sus operaciones, desde la búsqueda y selección de objetivos hasta la preparación de técnicas de phishing.
Y en Rusia, el grupo de espionaje Sandworm Relic también ha hecho uso de Gemini para labores de inteligencia y de ingeniería social, además de para generar y perfeccionar scripts destinados al robo automatizado de contraseñas y al reconocimiento de dispositivos.
La IA también es su objetivo
Pero la inteligencia artificial no solo está cambiando la forma en la que se ejecutan los ataques. También se ha convertido en un objetivo para los propios ciberdelincuentes.
Google ha detectado un aumento de los intentos de robo de modelos de IA, código, investigaciones y otra información relacionada con su desarrollo. Entre los afectados hay empresas tecnológicas, organizaciones sanitarias y farmacéuticas y medios de comunicación de Norteamérica y Europa.
Los atacantes también buscan algo tan sencillo como el acceso a las propias herramientas de IA. La demanda de servicios como Gemini y Claude ha aumentado en los mercados clandestinos durante 2026 y, en algunos casos, el precio de su acceso se ha más que duplicado.
Asimismo, el último documento de GTIG también recoge ataques contra empresas para aprovechar su capacidad informática y utilizarla para poner en marcha sus propios sistemas de inteligencia artificial. En uno de los casos investigados, un atacante consiguió entrar en la infraestructura cloud de una organización y la utilizó para desplegar servicios de IA y aumentar su capacidad de computación.
