Hace unos días leí un mensaje del Sr Trump diciendo que cuando se habla de déficit comercial se está usando un eufemismo para referirse a la pérdida comercial. Aunque él no lo reconocerá nunca porque no encaja con su narrativa política, la realidad es que Trump interpreta el déficit comercial como si fuera una cuenta de resultados empresarial: si sale más dinero del país que el que entra, entonces EEUU está perdiendo. Pero sabe perfectamente que no es así, lo normal es que un déficit comercial refleje la fortaleza económica de un determinado país, una alta demanda interna y una gran capacidad de atraer inversión extranjera.
En el mismo mensaje, decía que los tipos de interés de EEUU deberían estar en torno al 1%. Esto es algo que hace habitualmente, poner presión para que las autoridades no tomen las decisiones basándose en la lógica económica, sino en lo que a él le interesa en el corto plazo. Obviamente, en el corto plazo, tener los tipos de interés tan bajos puede beneficiar a quienes estén endeudados (incluidos los Gobiernos) y puede penalizar a quienes han ahorrado, sobre todo en un contexto inflacionario como el actual. Pero en el largo plazo penaliza al país en cuestión.
Por otro lado, más allá de la narrativa política, la ciencia económica nos dice que si EEUU redujera drásticamente su comercio, su PIB y su influencia global se desplomarían. El comercio es una fuente de productividad, innovación y poder geopolítico.
Y esto precisamente, la geopolítica de la Unión Europea, es lo que sufrió un cambio histórico hace unos días. Ya no queremos ser el bloque más abierto del mundo. Somos conscientes de que vamos tarde, pero también somos conscientes de que en un mundo con dos bloques tan duros y egocéntricos como China y EEUU, con tanta impredictibilidad, no podemos depender de ellos. Tenemos que acelerar nuestra propia agenda industrial y recuperar nuestra soberanía. Es una cuestión de autonomía estratégica, igual que EEUU tiene “Buy American” y China tiene “Made in China 2025”, nosotros ahora tenemos la “Preferencia Europea”.
Como he mencionado ya, esto no es un concepto económico, es geopolítico. La idea es muy fácil: si hay una alternativa europea, se elige la europea. No es proteccionismo clásico, es autonomía estratégica.
Para todos los escépticos, destacar que podemos conseguirlo creando un tercer bloque geopolítico real con Canadá y otros potenciales miembros asociados como Japón, Corea del Sur y Australia. Al fin y al cabo, todos nosotros estamos convergiendo en la idea, la necesidad, de crear un tercer bloque democrático, regulado, tecnológico y autónomo. Europa lo llama “autonomía estratégica”, Canadá lo llama "friendshoring" y Japón lo llama "resiliencia industrial".
Lo llamemos como lo llamemos, debemos tener claro que en esta batalla geopolítica la tecnología y la defensa juegan un papel fundamental. La "Preferencia Europea" es un paso interesante para dotar a Europa de más autonomía en defensa, en tecnología y en otras áreas estratégicas. Es imperativo crear alternativas europeas y para conseguirlo necesitamos que el capital público y el privado trabajen de la mano, con objetivos a medio y largo plazo.
Estamos entrando en una fase de desglobalización estratégica, donde cada bloque intenta proteger su autonomía industrial, tecnológica y geopolítica. Ninguno de los tres bloques es realmente amigo del otro, a veces se colabora, pero siempre se compite.
La UE está reaccionando tarde, pero está reaccionando. Parece que finalmente hemos entendido que no compartimos los mismos intereses estratégicos, que sin defensa y sin software propio, no hay soberanía y que sin soberanía, no hay geopolítica. Europa puede ser un bloque real, pero necesita decisiones políticas valientes y coordinación industrial.