Uno de los grandes mitos de la inteligencia artificial desde la década de 1960 es que el desarrollo de la misma nos llevaría a una era de “ocio absoluto”. Una vida de “vacaciones permanentes” en la cual las máquinas harían todo el trabajo y los seres humanos podríamos dedicarnos a disfrutar de la vida.
Por supuesto, esto es una utopía, pero un economista tan serio como Lord Maynard Keynes escribió en 1930 su célebre ensayo "Posibilidades económicas para nuestros nietos", donde predijo que hacia el año 2030 la productividad tecnológica permitiría a la gente trabajar solo 15 horas semanales, dedicando el resto al ocio.
También es verdad que la IA es capaz de liberarnos de tareas tradicionalmente pesadas, estresantes y de poco reconocimiento: desde hacer una traducción, conducir un vehículo, preparar una presentación o incluso organizar las propias vacaciones.
Los estudios más recientes de Simon-Kucher (Travel Trends 2026) indican que el 35% de los viajeros españoles ya usa IA para planificar itinerarios, cifra que sube al 50% entre la Generación Z. En mercados asiáticos la penetración llega al 60-80%.
Sin embargo, el uso de la IA para esto tiene sus riesgos y buenas prácticas documentadas. Vamos a resumir las siete reglas clave para relajarnos y usar la IA para evitar el estrés en la planificación y el disfrute de las vacaciones.
Usa la IA para inspirarte no para la decisión final
Pídele que cruce tus restricciones reales (presupuesto, fechas disponibles, clima que toleran los niños, vuelos directos, etc.) y te proponga 3-4 destinos plausibles en vez de partir de cero entre cientos de opciones.
Esto te ahorra las horas de pestañas abiertas comparando blogs y rankings genéricos, y reduce la parálisis por exceso de opciones — pero en la decisión de fondo (qué te apetece realmente, qué recuerdos quieres construir con tu pareja o tus hijos), la IA no aporta valor según el 80% de las personas en Europa Occidental.
Pide itinerarios como borrador de trabajo, no como plan cerrado
Genera un itinerario día a día y luego edítalo a mano: quita la mitad de las actividades y deja huecos.
La IA te da una estructura de partida en minutos en lugar de horas, pero un itinerario robótico suele no ser realista o es demasiado ambicioso. Además, los huecos son los que permiten improvisar, que suele ser lo que más se disfruta.
Verifica con otra fuente cualquier dato dinámico (precios, horarios, disponibilidad)
Una encuesta reciente sobre 7000 viajeros encontró que el 60% todavía no usa IA para organizar sus viajes. El motivo es simple casi un 50 % de los encuestados, señalan como puntos críticos los horarios desactualizados, enlaces rotos o lugares que figuran como abiertos cuando no lo están.
Por eso, usa la IA para el "qué" y "por qué" (qué ver, por qué es interesante) pero confirma el "cuánto cuesta" y "a qué hora abre" en la web oficial o en Google: evita el disgusto de llegar a un museo cerrado o pagar de más por una tarifa desactualizada.
Aprovéchala para resolver la logística con niños
Pídele explícitamente actividades con tiempos de traslado cortos, opciones de descanso a media tarde, restaurantes con menú infantil, o alternativas si llueve.
La IA es buena filtrando por restricciones muy específicas que a un buscador tradicional le cuesta combinar; esto reduce el estrés de la planificación.
Úsala en destino como asistente de bolsillo
Pregúntale cosas puntuales in situ: "qué hay cerca que esté abierto ahora", "cómo llego en transporte público", "qué significa este plato del menú". Entre quienes usan asistentes como ChatGPT para temas de viaje, un 37% la emplea para información en tiempo real sobre interrupciones, clima o eventos durante el viaje mismo. La idea del "asistente que acompaña" para resolver dudas in situ (rutas alternativas, clima, imprevistos) es una de las aplicaciones que más está creciendo.
El beneficio es resolver fricciones pequeñas en tiempo real sin romper el ritmo del día, sin necesidad de buscar una oficina de turismo o depender de la conexión de una app de reservas.
Pide alternativas y "planes B", no una sola respuesta
Ante cualquier sugerencia, pide explícitamente 2-3 variantes (más barata, más relajada, más activa) en vez de aceptar la primera respuesta.
Esto compensa la tendencia de los modelos a converger en las opciones más "populares" o estadísticamente más frecuentes (el mismo fenómeno que veíamos con las selecciones favoritas del Mundial). Esto te da margen real de elección, en vez de un plan impuesto por el algoritmo.
Reserva un margen del viaje sin IA de por medio
Decide de antemano al menos una tarde o un día "sin plan", guiado solo por lo que os apetezca sobre la marcha. Protege lo que ninguna herramienta puede optimizar, el descubrimiento espontáneo y la desconexión real. Si buscas descanso y relajación como el 52% de los viajeros actuales, evita que las vacaciones terminen pareciendo un proyecto gestionado por Excel.
Como vemos, la IA, sin excesos ni confianza absoluta, la experiencia del público indica que la IA es una buena herramienta para disfrutar de las vacaciones, reduciendo el tiempo que tardamos en organizarlas y los riesgos de equivocarnos o no aprovechar correctamente el viaje, todo esto con menos tensión.
Pero, yendo a la pregunta inicial, ¿Puede hacerse realidad el mito de las vacaciones largas o permanentes en el cual la IA hace casi todo el trabajo y los seres humanos se dedican a disfrutar? ¿Tenía razón Keynes?
Lamento decir que la tesis de Keynes no está respaldada por la evolución histórica de las economías desarrolladas. Casi un siglo después de su vaticinio, la evidencia documentada muestra justo lo contrario: el promedio de horas trabajadas al año en las economías avanzadas sigue rondando las 1.800 horas, prácticamente la misma cifra que en 1980, sin apenas cambios pese a décadas de digitalización.
El informe 'State of the Workplace 2026' de Productivity Lab (ActivTrak) indica que la incorporación de la IA en el entorno laboral ha aumentado la carga de trabajo en fines de semana y reducido los períodos de descanso. De hecho, el inicio de la jornada laboral en sábado se ha adelantado de las 8:35 a las 7:11 de la mañana.
Peor aún, según encuestas de Glassdoor, quienes trabajan más en contacto con IA presentan niveles más bajos de satisfacción laboral y mayor ansiedad. Es decir, las horas "liberadas" por la IA no quedan disponibles para el trabajador, sino que la organización las reabsorbe en forma de mayor exigencia o expectativas de disponibilidad constante.
En síntesis, la IA no reduce la jornada formal, sino que difumina los límites entre tiempo personal y profesional, fragmentando el descanso en lugar de liberarlo. Trabajamos menos en la oficina, pero más en casa, en viaje o en otros sitios. La utopía de Keynes y de los Jetsons parece muy lejana.
¿Debes resignarte a esto? No necesariamente, hasta que la sociedad en su conjunto encuentre respuestas a este desafío a través de regulaciones, nuevas prácticas de gestión de recursos humanos y, sobre todo, una nueva consciencia sobre el equilibrio del trabajo y el tipo de ocio o familiar, todo queda en el ámbito individual.
Las dos palancas que pueden permitirnos redistribuir el tiempo son dos: la educación y el emprendimiento. La educación como puente para ejercer habilidades necesarias para sacar partido a la IA: aprender a entrenar modelos, a robotizar procesos, a obtener la máxima productividad personal.
El emprendimiento nos permite que nosotros mismos podamos decidir qué hacer con las horas liberadas por la IA. Quizás no lleguemos a las 15 horas semanales, pero, al menos, será nuestra decisión hacerlo.
*** Víctor Deutch es profesor de Ciberseguridad en IMMUNE Institute.
