La inteligencia artificial necesita reglas claras. Europa ha dado un paso decisivo con el Reglamento de IA y con el reciente Código de Buenas Prácticas para los modelos de propósito general, concebido para evolucionar al ritmo de una tecnología en constante cambio. Sin embargo, el éxito de este marco dependerá de su aplicación práctica: de la capacidad de las organizaciones para convertir sus principios en procesos, herramientas y decisiones que generen confianza e impulsen la innovación.
Ese es precisamente uno de los principales mensajes del informe que el AI Governance for Humanity Lab de Naciones Unidas ha presentado este mes en la Convención de Ginebra, con la aportación de la industria tecnológica española. La gobernanza de la IA no termina cuando se aprueba una regulación; empieza cuando las organizaciones la integran en su forma de trabajar y generan el conocimiento práctico que permitirá mejorar ese marco con el tiempo.
Existe un amplio consenso sobre los principios que deben guiar el desarrollo de la IA: transparencia, seguridad, supervisión humana y no discriminación forman ya parte del lenguaje común. El reto ahora consiste en traducirlos en procedimientos concretos: cómo garantizar la explicabilidad de un sistema, evaluar sus riesgos antes del despliegue o definir responsabilidades durante todo su ciclo de vida. Cada proyecto aporta una experiencia valiosa para consolidar buenas prácticas y enriquecer la gobernanza.
El informe también subraya que no existe un único modelo válido para todas las organizaciones. Una startup especializada en IA, una empresa industrial o una multinacional operan en realidades distintas, igual que una compañía europea y otra del Sur Global. Esa diversidad no debilita la gobernanza, sino que demuestra que unos mismos principios pueden adaptarse con flexibilidad a contextos muy diferentes.
La inteligencia artificial generativa y, especialmente, la IA agéntica introducen además un cambio de paradigma. Ya no basta con supervisar un sistema antes de ponerlo en marcha; es necesario acompañarlo durante toda su vida útil. No requiere el mismo nivel de control un asistente que redacta un correo que un agente capaz de ejecutar pagos o realizar acciones con impacto sin intervención humana inmediata. Por ello, las organizaciones más avanzadas ya están desarrollando mecanismos de supervisión adaptados al nivel de autonomía y riesgo de cada sistema.
La gobernanza tampoco es una responsabilidad individual. En cualquier solución de IA participan proveedores de infraestructura, desarrolladores, integradores, clientes y usuarios. La responsabilidad debe distribuirse allí donde existe capacidad real de decisión. En este contexto, la contratación pública y privada puede convertirse en un poderoso motor de cambio: cuando se incorporan requisitos de transparencia, evaluación de riesgos o trazabilidad, estos estándares se extienden de forma natural a toda la cadena de valor. Al mismo tiempo, esos mecanismos deben ser lo suficientemente flexibles para favorecer la participación de empresas de todos los tamaños.
El informe incorpora además una perspectiva global. Para muchas economías, la prioridad no es solo el cumplimiento normativo, sino también el acceso a capacidad de computación, datos representativos, talento especializado y modelos adaptados a sus idiomas y necesidades. La gobernanza también consiste en crear las condiciones para que una innovación responsable pueda desarrollarse de forma equilibrada en todo el mundo.
Con ese objetivo, el informe propone reforzar la cooperación internacional mediante espacios de experimentación compartidos, mecanismos para aprender de los incidentes, estándares técnicos más ágiles y herramientas abiertas que permitan extender las capacidades de gobernanza a organizaciones de cualquier tamaño.
La experiencia europea ofrece una referencia sólida, pero su verdadero valor dependerá de su capacidad para seguir aprendiendo. Las normas proporcionan seguridad jurídica; las empresas aportan el conocimiento que nace de la práctica. Es esa colaboración continua entre reguladores, industria, comunidad científica y sociedad civil la que permitirá construir una inteligencia artificial más innovadora, fiable y competitiva.
***Beatriz Arias, directora de Transformación Digital de DigitalES
