El creciente coste de los componentes de memoria está generando una nueva presión sobre los fabricantes de ordenadores y smartphones. El principal culpable de esta situación es la expansión imparable de la inteligencia artificial y sus infraestructuras, que están consumiendo una parte cada vez mayor de la producción mundial de memorias.

Los fabricantes están priorizando la venta de componentes para los centros de datos de IA, donde los márgenes de beneficio son más altos que en los dispositivos de consumo. Sin embargo, los chips de memoria como las DRAM y los SSD siguen siendo cruciales para el rendimiento de los portátiles, tabletas y smartphones que las empresas utilizan a diario. Algunos informes predicen un aumento de hasta el 130% en los precios combinados de las memorias DRAM y las unidades de estado sólido (SSD) para finales de 2026, lo que añade aún más presión sobre los costes en todo el mercado de dispositivos.

La "cultura de usar y tirar" aplicada a la tecnología empresarial impone una doble carga, tanto económica como medioambiental. En respuesta a esta realidad, España ha articulado el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR) 2025-2035, su principal instrumento para alcanzar los objetivos de economía circular de la Unión Europea. Este plan se centra en los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, con el objetivo de abandonar el insostenible modelo lineal de "producir, usar y desechar", al tiempo que refuerza la prevención y la preparación para la reutilización como pilares fundamentales.

Sin embargo, esta visión choca a menudo con una mentalidad que persiste en las organizaciones, donde los dispositivos se sustituyen con frecuencia de forma prematura debido a una visibilidad limitada sobre su estado, rendimiento o valor, y no porque el hardware sea inutilizable. Alargar la vida útil de los dispositivos no solo es bueno para el medio ambiente, sino que también es una forma inteligente de reducir costes, fortalecer la resiliencia y extraer más valor de las inversiones tecnológicas actuales.

Aunque la concienciación sobre la "TI verde" y la longevidad de los dispositivos está creciendo, sigue existiendo una clara brecha entre la comprensión del problema y la adopción de medidas. Las organizaciones que priorizan el mantenimiento, la actualización y la reparación de los dispositivos durante su ciclo de vida activo, en lugar de sustituirlos antes de tiempo, pueden reducir gastos innecesarios y frenar la basura electrónica al mismo tiempo. La magnitud de esta oportunidad queda clara en un informe que concluyó que el 69% de los responsables de TI de todo el mundo identificaban los teléfonos móviles como el dispositivo que se desecha innecesariamente con más frecuencia.

La investigación sugiere que, si bien muchos responsables de TI reconocen la importancia de alargar la vida útil de los dispositivos, sigue existiendo una brecha evidente entre la concienciación y la acción. Las actualizaciones periódicas de software son importantes para ayudar a que los dispositivos duren más, pero demasiadas organizaciones siguen sustituyendo el hardware antes de que sea realmente necesario. Adoptar estrategias de gestión de la movilidad empresarial (EMM) puede ayudar a cerrar esa brecha, dando a las organizaciones las herramientas y la visibilidad operativa necesarias para gestionar los dispositivos de forma más proactiva.

Con un mayor conocimiento sobre el estado de los dispositivos, el rendimiento de la batería, las actualizaciones de software y las tendencias de uso, los equipos de TI pueden detectar los primeros signos de deterioro, solucionar los problemas antes de que se agraven y evitar la sustitución de dispositivos que todavía son aptos para su uso.

Una estrategia de gestión de este tipo puede reducir significativamente la "mentalidad de reemplazo" dentro de una organización, ayudando a las empresas a responder a las presiones de la cadena de suministro mientras construyen operaciones más resilientes y sostenibles a largo plazo.

La supervisión proactiva, el diagnóstico remoto y el mantenimiento predictivo permiten mantener los equipos en servicio durante más tiempo sin comprometer el rendimiento ni la seguridad. Es una estrategia beneficiosa para los presupuestos, para la resiliencia operativa y para los objetivos de sostenibilidad.

Con el aumento de los costes de las memorias y la incertidumbre en la cadena de suministro, la pregunta ya no es si las empresas pueden permitirse abandonar la cultura de "usar y tirar". La verdadera pregunta es si pueden permitirse no hacerlo.

*** David Parras es director regional senior para el Sur de Europa en SOTI