Escribir de IA se ha convertido en pura monotonía, así que esta columna se inspira en uno de los mensajes que la DGT muestra en las carreteras españolas: 'Motorista, te queremos seguro'. Sí, soy motero (además de ciclista) y soy de los que se llevan las manos a la cabeza cuando veo a alguien con el casco sin atar… tan difícil es entender que el casco te puede salvar la vida, que tu motivación para ponértelo no debe ser que te salve de una multa.
No negaré que me alarma otro de los mensajes que indica que uno de cada cuatro fallecidos en carretera se desplazaba en moto. Pero hoy quiero reflexionar sobre los cascos (tanto los que se usan para ir en moto, como el resto), ese elemento fundamental de la seguridad que muchas veces es menospreciado de manera consciente porque da calor, porque te despeinas… y otras veces es menospreciado de manera inconsciente porque seguimos usando material que tiene más años de los recomendables y que ha perdido buena parte de sus propiedades originales por el paso del tiempo o porque se nos cayó al suelo accidentalmente.
Cualquier amante de las dos ruedas que use el cerebro sabe que la cabeza debe protegerse bien. Igual no os habéis preguntado nunca cómo nos salvan la vida los cascos, ni cómo están hechos. Los cascos tienen una estructura de cebolla con dos capas fundamentales orientadas a tareas totalmente opuestas: la calota exterior y la estructura interior. La parte exterior podríamos compararla con una coraza y la parte interior con un amortiguador.
El trabajo de la parte más visible del casco es resistir la abrasión, evitar que objetos punzantes perforen el casco y distribuir la fuerza inicial del impacto en una superficie mayor. Los materiales usados para su fabricación varían en función de qué gama estemos hablando, partimos de los termoplásticos e inyectados (Policarbonato, ABS), seguimos con los de fibra de vidrio y en la parte más alta encontramos los cascos de fibras compuestas o tricomposite (carbono, kevlar/aramida y el vidrio). Cuando nos fijamos en la parte interior de los cascos vemos que casi todos los fabricantes apuestan por el EPS (poliestireno expandido). Ese famoso corcho blanco cuya densidad está milimétricamente calculada.
Ahora que sabemos con qué materiales se fabrican los cascos, es importante entender que la seguridad real se basa en tres pilares: la gestión de la desaceleración o absorción progresiva, el ajuste y retención dimensional; y las homologaciones estrictas. Pero todavía es más importante ser conscientes, sensibilizarnos, sobre el hecho de que un casco no dura para siempre, ni siquiera los que nunca han sufrido un accidente.
La vida útil suele fijarse entre los tres y los cinco años para los termoplásticos (policarbonato) y hasta los siete años para los de fibra. No os preocupéis que no soy ningún influencer pagado para estimular las ventas de cascos de una marca concreta, simplemente soy un motero que durante unos años también pensaba que un casco que no se ha caído nunca al suelo, que no ha sufrido ningún accidente, seguía perfecto en todo lo relativo a su función de protección, de seguridad. La realidad es que yo también estaba equivocado porque el sol, la lluvia, las variaciones de temperatura y la propia contaminación del aire van cristalizando y volviendo quebradiza la resina exterior y el plástico. Un plástico viejo se raja en lugar de flexionar. Sin olvidar que la parte interior sufre de una corrosión química invisible (sudor, grasa capilar, gominas, ceras, lacas…) y que el mismo uso diario también los deteriora lentamente.
Si queréis un motivo adicional, os diré que los fabricantes invierten mucho para innovar y mejorar la seguridad de los cascos; lo cual redunda en una mayor seguridad. Algunas de las innovaciones actuales incluso usan impresión 3D en parte del proceso productivo, algo imposible hace unos pocos años. Otras innovaciones que os pueden resultar familiares son: los sistemas de mitigación rotacional (MIPS y derivados), las estructuras de nido de abeja (Koroyd), los airbags integrados o, la ya mencionada, impresión 3D de estructuras elásticas. ¡Buen verano, a disfrutar de actividades que requieran casco con material en condiciones!