La visita del Papa León XIV a España ha sido, en todos los aspectos, singular. Ha servido para que, por primera vez en mucho tiempo, todos estuviéramos de acuerdo en muchas cosas, algo que cada vez resulta más difícil. Para mí, una de las cuestiones que más me han llamado la atención ha sido su llamada al diálogo, poniendo a las personas en el centro de todo. El Papa afirmó que el progreso real solo se logra cuando las personas se reconocen mutuamente y se prioriza el diálogo colectivo.
Y cuanto más pienso en los retos y las oportunidades que la digitalización nos ofrece, más convencido estoy de que nos enfrentamos a un mundo nuevo por descubrir, donde el diálogo es más importante que nunca y donde poner a las personas en el centro de todas las decisiones estratégicas va a ser fundamental para alcanzar el éxito.
El éxito de la digitalización se medirá por su capacidad para impulsar el avance de la humanidad, mejorar el estado del bienestar en Europa y en todo el mundo, eliminar las barreras al conocimiento y garantizar la igualdad de oportunidades para todos, sin dejar a nadie atrás. Y, por supuesto, también por ayudarnos a utilizar los recursos naturales de forma sostenible y avanzar en la recuperación del planeta.
Aunque todo esto pueda parecer utópico, estoy convencido de que es posible. Precisamente, podremos conseguirlo mediante el diálogo y situando a las personas en el centro de todas las decisiones estratégicas en materia de digitalización y energía.
Como presidente de esta asociación me siento muy orgulloso y satisfecho al comprobar cómo empresas y organizaciones que fuera de la asociación son duros competidores, dentro de ella se convierten en grandes colaboradores, dedicando tiempo y esfuerzo a la búsqueda del bien común: conseguir que la industria digital sea el motor de la competitividad y del progreso del estado del bienestar y, de este modo, convertir a España en un referente mundial. Porque la industria digital española es una industria innovadora, inteligente, inclusiva y sostenible.
Nos enfrentamos a retos que hace apenas unos años no podíamos imaginar, como la necesidad urgente de alcanzar una soberanía tecnológica europea que nos permita avanzar en la autonomía estratégica necesaria para afrontar cualquier riesgo geopolítico en este nuevo escenario internacional.
También debemos abordar las grandes oportunidades y desafíos que plantea la inteligencia artificial. Una tecnología disruptiva que está cambiando nuestra forma de trabajar, informarnos, aprender, legislar e incluso relacionarnos con nuestro entorno. Una tecnología que evoluciona cada día y que no deja de sorprendernos con sus avances. Una tecnología tan potente y con tanto impacto que hace más necesario que nunca un diálogo abierto y franco, con las personas siempre en el centro. Un diálogo en el que participemos todos los actores de la sociedad civil y del Estado: empresas y organizaciones empresariales, academia, agentes sociales, administraciones públicas y expertos de todos los ámbitos.
Pero la digitalización no vive solo de la inteligencia artificial. Debemos seguir avanzando en ciberseguridad, tecnologías cuánticas, robótica, espacio, sensórica, drones, computación en la nube, supercomputación y centros de datos, entre otros ámbitos, así como en su aplicación a sectores clave como la salud, la defensa, la energía, la agroindustria, la movilidad, las ciudades inteligentes, el comercio y las administraciones públicas.
Europa ha tenido que despertar de forma abrupta de un mundo aparentemente feliz y casi perfecto, donde Estados Unidos se ocupaba de la defensa, Rusia de la energía y China de la industria. Habíamos delegado estas áreas estratégicas mientras disfrutábamos de un estado del bienestar envidiable para gran parte del planeta. Los conocidos informes Draghi y Letta, junto con el menos conocido informe Heitor, pusieron de manifiesto las debilidades de la Unión Europea y definieron las líneas estratégicas necesarias para recuperar el tiempo perdido.
La Unión Europea ha plasmado esta visión en la Brújula para la Competitividad, cuya implementación contará con el apoyo del Fondo Europeo de Competitividad 2028-2034, dotado con 410.000 millones de euros procedentes del mayor presupuesto plurianual de la historia de la Unión Europea, que asciende a dos billones de euros y representa el 1,26 % de la renta bruta nacional de la UE.
España debe trabajar con urgencia en un plan inteligente de digitalización que aborde la doble transformación: la digital y la energética. Un plan ambicioso y de gran impacto, capaz de transformar los modelos de negocio, mejorar las infraestructuras y preparar al país para los próximos treinta años.
Esta es nuestra gran oportunidad tras los fondos Next Generation. Unos fondos que han sido muy útiles, pero cuyo potencial no hemos aprovechado plenamente, en parte debido a la dificultad para acceder a ellos y a la falta de una estructura organizativa público-privada eficiente y dinámica que maximizara su impacto. Aprendamos de lo que funcionó y de lo que no funcionó para recuperar nuestra competitividad y garantizar el estado del bienestar.
AMETIC lanzó en marzo la Agenda Digital 2026-2030, una propuesta compuesta por 218 medidas abiertas a todos los interlocutores públicos y privados para construir un verdadero plan de país capaz de aprovechar al máximo el nuevo Fondo Europeo de Competitividad, así como el resto de fondos europeos y nacionales.
Confiemos en que la nueva Ley Ómnibus Digital reduzca la carga administrativa y en que la Administración española impulse oficinas técnicas público-privadas como instrumentos ágiles para convertir los planes en realidades de forma rápida y eficaz.
Estamos preparados. Tenemos talento, ambición y contaremos con financiación. Aprendamos del pasado y cambiemos aquello que sea necesario para ejecutar este nuevo fondo de forma inteligente y eficiente, generando un impacto real en las personas y en la sociedad.
Para terminar, y volviendo al inicio, la clave de todo es el diálogo abierto, ejercido con generosidad, buscando el bien común y manteniendo siempre a las personas en el centro. Definamos objetivos claros y planes capaces de funcionar en un entorno de cambio continuo e incertidumbre creciente, donde el diálogo y la colaboración público-privada, público-pública y privado-privada resultan fundamentales para seguir avanzando sin dejar a nadie atrás en esta carrera por el liderazgo tecnológico y el progreso social.
*** Francisco Hortigüela es presidente de AMETIC