Pocas cosas me gustan más que crear proyectos y conseguir el equipo ideal para llevarlos a la vida. Llevo años dedicando meses a la formación de mis equipos, a crear cultura empresarial, a buscar la forma de conseguir el lugar perfecto para cada crack que se cruza en mi camino profesional.

La posibilidad de tener que sacrificar esto en un futuro donde el equipo son agentes de IA me asusta. Y mucho. Sí, los costes bajan, la calidad y la rentabilidad se disparan, pero ¿qué pasa con la sensación de estar construyendo algo juntos, de abrazarnos cuando el proyecto sale bien y el cliente lo aprueba?

Los obsesionados con la IA somos varios ya, pero mientras más la usamos, más cerca vemos su futuro. Yo llevo varias semanas con un nuevo equipo diseñando el sistema de gestión completo para un proyecto nuevo. En ese equipo están mis tres cracks: Manus, Claude y Lovable. Los tres son agentes de inteligencia artificial.

Con ellos peloteo ideas, defino modelos de negocio, analizo tendencias y desarrollo el panel de operaciones. Todo por menos de 100 euros al mes. No he tenido que diluir mis acciones, no he tenido que invertir en desarrollos; todo lo he hecho sola, con ellos. Este es el verdadero "cofounder que no pide equity".

Dicen que el futuro es de los solopreneurs, y en papel y en números, tiene todo el sentido. El 36% de las startups ya son de un solo fundador, una cifra que no para de crecer. Vemos casos como el de Maor Shlomo, que vendió su startup Base44 por 80 millones de dólares en solo seis meses, construyéndola él solo.

La tecnología permite a un individuo tener el alcance y la capacidad de ejecución de un equipo de veinte personas. Es innegable: la era del "ejército de uno" ha llegado. Pero el camino del emprendedor ya es bastante solitario como para seguir potenciando su aislamiento.

La Asociación Americana de Psicología (APA) ya alerta sobre cómo los ecosistemas de trabajo "sintéticos" aumentan la soledad y el insomnio. ¿Estamos cambiando el equity por nuestra salud mental? ¿La eficiencia a cambio de la conexión humana? Aquí es donde, como estratega, veo la verdadera oportunidad.

La IA no viene a reemplazar a los equipos, viene a redefinir el rol del fundador. Nuestro trabajo ya no es solo tener la visión, sino ser directores de una orquesta mixta, compuesta por humanos y agentes de IA. La tecnología se encarga de la ejecución, del análisis de datos, de la automatización. Nosotros, los humanos, nos quedamos con lo que (aún) no se puede programar: la estrategia, la empatía, la creatividad disruptiva y, sobre todo, la construcción de relaciones.

El verdadero valor no estará en quién tiene el mejor agente de IA, sino en quién sabe hacer las mejores preguntas. Cuando la ejecución se vuelve un commodity, la visión y la humanidad se convierten en el activo más preciado. Es el concepto de Human as a Premium. Así que no, no creo que vayamos a dejar de abrazarnos cuando un proyecto salga bien. Quizás, simplemente, seamos menos en la oficina, pero el valor de ese abrazo será infinitamente mayor.

La pregunta que debemos hacernos no es si la IA reemplazará a nuestros equipos, sino si estamos preparados para liderar a los que vendrán.

*** Daniela Goicoechea es cofundadora de Brandcrops.