A pocos días de aterrizar en Madrid, el Papa León XIV ha publicado ‘Magnifica Humanitas’, la primera encíclica de la historia dedicada íntegramente a la Inteligencia Artificial. Aunque circula mucha lectura interesada del texto, no se trata de un documento de rechazo tecnológico. Es, en realidad, una llamada al realismo: la IA puede curar, educar y conectar, pero el riesgo no está en la tecnología en sí, sino en quién la controla, quién la financia y hacia qué fines se orienta.
León XIV señala algo que los que trabajamos en políticas públicas de innovación sabemos bien: el poder tecnológico ya no reside principalmente en los estados, sino en actores privados transnacionales con recursos superiores a los de muchos gobiernos. Eso hace la gobernanza más compleja. Y precisamente por eso es tan necesaria.
Leer la encíclica desde Madrid produce una sensación peculiar: la de estar haciendo, dentro de la medida de nuestras posibilidades, desde lo concreto y lo local, parte de lo que el documento pide para lo universal y espiritual.
Cuando el Ayuntamiento puso en marcha DesafIA Madrid, lo hicimos convencidos de que el sector público tiene la responsabilidad de orientar la innovación privada hacia retos de bien común — movilidad, salud o inclusión social—. No para sustituir al mercado, sino para recordarle que existe algo más allá de la rentabilidad inmediata. La encíclica llama a eso gobernanza tecnológica al servicio del bien común. Nosotros lo llamamos política de innovación enfocada en las personas.
Cuando impulsamos APPtitud, nuestro programa de alfabetización digital para personas mayores de la ciudad, partíamos de una convicción sencilla: que un ciudadano que no entiende cómo funciona un algoritmo no es un ciudadano libre. León XIV habla de una "ecología de la comunicación" y de una "alianza educativa para la era digital". Llevamos tiempo construyendo esa alianza, barrio a barrio, en los centros de formación de la ciudad.
Cuando La Nave o los viveros de Madrid Emprende acompañan a un emprendedor que de otro modo dependería exclusivamente de capital privado lejano, estamos haciendo exactamente lo que la encíclica pide: crear ecosistemas donde el talento local no tenga que emigrar ni someterse a condiciones impuestas desde fuera.
No digo esto para atribuirnos méritos que no nos corresponden. Lo digo porque creo que es importante que la política de innovación tenga conciencia de su dimensión ética, y que esa dimensión no es nueva ni exclusiva de ninguna ideología. Viene de mucho más atrás.
La encíclica cita a Nehemías reconstruyendo los muros de Jerusalén: no impuso soluciones desde arriba, convocó a las familias, confió a cada una un tramo, escuchó los miedos y coordinó los esfuerzos. Es una imagen antigua que describe bien lo que debe ser la política pública ante la IA: lo importante no es el que decide todo, sino el que garantiza que nadie quede fuera de la construcción.
Queda mucho por hacer pero en Madrid lo tenemos claro. La IA es una herramienta que debe servir a las personas.
*** Ángel Niño es concejal delegado de Innovación y Emprendimiento del Ayuntamiento de Madrid
