La inteligencia artificial (IA) no es sólo la gran revolución tecnológica del presente; también está llamada a transformar el comercio internacional. Según el Informe sobre el comercio mundial 2025 de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la adopción de esta tecnología podría aumentar el valor de los flujos transfronterizos de bienes y servicios en casi un 40% de aquí a 2040.
Se trata de un salto sin precedentes, con implicaciones profundas para las empresas y, muy especialmente, para las pequeñas y medianas, que constituyen la mayoría del tejido productivo español.
Este potencial radica en la capacidad de la inteligencia artificial para actuar sobre los principales motores del comercio global: automatizar procesos aduaneros, agilizar la logística, reducir costes regulatorios, eliminar barreras lingüísticas y mejorar el acceso a financiación mediante análisis predictivos son algunas de las posibilidades que la inteligencia artificial ya está haciendo realidad.
Además, facilita la toma de decisiones en tiempo real, optimiza costes y contribuye a equilibrar la capacidad competitiva de las pymes, reduciendo la brecha existente con las grandes empresas para afrontar este tipo de desafíos.
La expansión del ecommerce ilustra bien este cambio. Gracias a la inteligencia artificial, las empresas pueden recopilar y analizar grandes volúmenes de información sobre hábitos de consumo, preferencias o tendencias emergentes sin necesidad de grandes inversiones al alcance sólo de algunos. Este fenómeno ha democratizado el acceso a mercados lejanos: hoy, una pyme española puede llegar a clientes en Asia o América sin apenas estructura física y con estrategias comerciales mucho más precisas y eficaces.
Sin embargo, según los datos del Libro Blanco del Comercio Electrónico Transfronterizo, editado en 2024, sólo el 9% de las pymes españolas llegan a otros países a través de la venta online. La internacionalización se convierte así en uno de los grandes retos del ecommerce español, y también en una de sus mayores oportunidades de crecimiento económico y generación de empleo, que podría aprovecharse en mayor medida con la aplicación de algunas de las potencialidades que ofrece la IA.
Pero el valor de esta tecnología para el comercio internacional va mucho más allá del canal digital. Su aplicación en herramientas públicas, combinada con datos y conocimiento experto, permite generar inteligencia comercial avanzada para anticipar tendencias de demanda, identificar oportunidades en mercados exteriores o analizar las cadenas de suministro con precisión inédita en búsqueda de su racionalización y reducción de costes. Todo ello ofrece a las empresas propuestas y soluciones adaptadas a sus características y necesidades.
Al unir la capacidad analítica de los algoritmos con la visión estratégica de profesionales especializados, las empresas estarán mejor preparadas. Y en un mundo donde la competencia se libra cada vez más en el terreno del conocimiento y la innovación, esa combinación puede ser la clave del éxito.
Más allá de su uso como herramienta de apoyo a la internacionalización por parte de cada empresa, la inteligencia artificial es también un vector estratégico para generar nuevos nichos de oportunidad empresarial y económica. Según el estudio Impulsando el crecimiento de España: El papel de las tecnologías, la IA y las multinacionales, facilitar su adopción por parte de las pymes impulsaría una industria nacional sólida en sectores clave, al tiempo que se refuerza la autonomía tecnológica de España, atrayendo inversión y situándola en una posición relevante en la economía global.
Además, su despliegue genera demanda de productos complementarios -infraestructuras digitales, equipos TIC o minerales esenciales- y nuevas oportunidades de negocio. Que España sea uno de los tres países de la UE con dos proyectos asignados ya en materia de “Fábricas IA” - centros experimentales de aplicación sectorial IA- y que estemos cerca de desarrollar también una gigafactoría son estupendas noticias en este sentido por efecto arrastre, de influencia y de impacto que generan estos proyectos.
Otros casos recientes muestran también el potencial de esta apuesta. Tecnologías españolas de anonimización de datos alimentados por inteligencia artificial o para el desarrollo de claves cuánticas entre satélites en órbita y estaciones terrestres, están escalando en el puente España-Norteamérica de la mano de contrapartes locales, que enriquecen los resultados aplicados de nuestras tecnologías.
Ahora bien, el impacto real de la inteligencia artificial dependerá de la capacidad de nuestras empresas para adoptarla. Hoy sólo una de cada diez pymes españolas utiliza tecnologías de IA, muy lejos del 45% de las grandes compañías. España tiene por delante una oportunidad histórica.
Las administraciones públicas debemos seguir proponiendo ahora más que nunca programas de capacitación profunda y acompañamiento en la implementación de estas tecnologías digitales e intangibles en el seno de las empresas, llegando a todos los territorios.
Si España logra que sus pymes incorporen la inteligencia artificial a su estrategia empresarial, no sólo estarán mejor preparadas para competir en el exterior, sino que contribuirán a construir una economía más productiva, innovadora y resiliente. El potencial está ahí: aprovecharlo es cuestión de visión y de acción.
*** José Mº Blasco, director ejecutivo de Crecimiento y Competitividad de ICEX.
