Europa se encuentra ante una decisión estratégica que marcará su posición en el mundo durante la próxima década. El debate en torno a la futura Ley de Redes Digitales (Digital Networks Act, DNA), impulsada por la Comisión Europea, va mucho más allá de una reforma técnica del sector de las telecomunicaciones. Está en juego la capacidad de la Unión Europea para competir, innovar y garantizar su autonomía estratégica en un contexto global cada vez más exigente.
Durante los últimos años, Europa ha avanzado de forma notable en conectividad. Sin embargo, el sector europeo de las telecomunicaciones se enfrenta hoy a una paradoja preocupante: se le exige liderar la transformación digital, desplegar redes de nueva generación, garantizar la ciberseguridad y sostener los objetivos de la Década Digital, mientras opera bajo un marco regulatorio fragmentado, complejo y crecientemente desalineado con la realidad económica y tecnológica.
El resultado es evidente. Europa invierte menos en infraestructuras digitales que otras grandes economías, pierde escala frente a competidores globales y ve cómo se amplía la brecha entre quienes sostienen las redes y quienes capturan la mayor parte del valor en la cadena digital. Esta situación no es sostenible si aspiramos a una Europa digitalmente soberana, competitiva y resiliente.
Como representantes de las empresas tecnológicas que desarrollan infraestructuras, soluciones y servicios digitales, acogemos positivamente la iniciativa de la Comisión Europea de abrir un debate ambicioso sobre el futuro marco regulatorio de las redes digitales. Pero también somos claros: solo una reforma profunda y valiente permitirá corregir los desequilibrios actuales. El DNA no puede limitarse a reorganizar normas existentes; debe convertirse en una auténtica palanca para impulsar inversión, innovación y competitividad.
Para ello, el nuevo marco debe asentarse sobre tres principios esenciales. En primer lugar, la simplificación regulatoria. El sector opera hoy bajo una acumulación de obligaciones, informes y requisitos que penalizan la agilidad, encarecen los costes y reducen la capacidad de invertir. Reducir cargas administrativas, armonizar reglas y avanzar hacia un enfoque más basado en principios es imprescindible.
En segundo lugar, la armonización real del mercado único digital. La fragmentación regulatoria entre Estados miembros dificulta las operaciones transfronterizas, impide ganar escala y resta atractivo a Europa como destino de inversión. Un marco más uniforme, directamente aplicable y coherente permitiría a los operadores europeos competir en igualdad de condiciones dentro y fuera de la UE.
Y, en tercer lugar, el restablecimiento de un terreno de juego equilibrado en la cadena de valor digital. Hoy existe un claro desequilibrio entre los operadores que invierten miles de millones en desplegar y mantener las redes y las grandes plataformas digitales que generan un volumen creciente de tráfico sin contribuir de forma proporcional a su financiación. Garantizar relaciones más justas y mecanismos eficaces de negociación es clave para asegurar la sostenibilidad del ecosistema.
La futura Ley de Redes Digitales también debe ofrecer certidumbre para la inversión a largo plazo. Políticas de espectro más coherentes, licencias más largas, costes razonables y una regulación que favorezca el despliegue eficiente de redes -incluidas las que harán posible el 5G avanzado y el 6G- son condiciones indispensables para cumplir los objetivos europeos.
Europa no puede permitirse abordar este debate desde el inmovilismo ni desde soluciones parciales. El DNA es una oportunidad histórica para adaptar la regulación a un entorno digital profundamente transformado y para reforzar el papel estratégico de las infraestructuras de conectividad.
Si Europa quiere liderar la próxima ola de innovación digital, necesita redes sólidas, seguras y sostenibles. Se impone, por tanto, una mirada holística y realista, orientada al largo plazo y sustentada en una ambición estratégica a la altura del reto.
*** Carmen Sánchez, directora de AAPP y Regulación de DigitalES.
