A. Iglesias
Publicada
Las claves

Durante años el centro de datos se ha auditado en base a reglas puras de la contabilidad más clásica: capacidad, rendimiento, disponibilidad, coste. Y aunque esas métricas no han perdido validez, también se han demostrado cortas en alcance para explicar por qué una infraestructura impecable sobre el papel puede convivir con un empleado que trabaja peor.

Ese desajuste atañe a qué experiencia recibe la persona que usa la tecnología cada día. Un asunto que para Javier Grande, Head Strategic Growth Solutions de Arrow - South EMEA, es el síntoma de un cambio de era en la forma de entender la tecnología corporativa.

El directivo de Arrow lleva años acompañando a empresas y partners de canal en la transformación de sus arquitecturas de puesto de trabajo y centro de datos, con Citrix como socio tecnológico de referencia. Y no duda en afirmar que el usuario final no distingue -ni le importa distinguir- si la aplicación que abre cada mañana corre en un centro de datos propio, en una nube pública o en un entorno híbrido.

"Lo que espera es que funcione, que responda rápido y que no le complique la jornada", defiende Grande, en entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL.

La experiencia del empleado como indicador de gestión

Javier Grande cita un dato de Gartner que ilustra la velocidad del cambio: la consultora prevé que en 2026 el 50% de los líderes de workplace digital habrá establecido ya una estrategia y una herramienta de experiencia digital del empleado, frente al 30% que la tenía en 2024.

Javier Grande, Head Strategic Growth Solutions de Arrow - South EMEA. DISRUPTORES

"La experiencia se está convirtiendo en un criterio de gestión tecnológica", insiste el directivo, que anticipa en que esa transformación obliga a repensar cómo se diseñan y se miden los proyectos de modernización.

Porque esa misma lógica se traslada de inmediato al terreno de la arquitectura híbrida, donde convive lo viejo con lo nuevo sin que el usuario deba enterarse de la mezcla. Muchas compañías arrastran aplicaciones modernas junto a sistemas heredados y servicios cloud, una convivencia que Grande describe como una de las mayores dificultades del momento.

"Muchas compañías conviven con aplicaciones modernas, aplicaciones heredadas, servicios en la nube y sistemas que siguen viviendo en entornos propios. Y el usuario, lógicamente, no puede pagar esa complejidad", explica.

La solución, defiende, no pasa por simplificar el discurso sino por abstraer la capa técnica: "Es decir, construir una plataforma que permita entregar aplicaciones y escritorios de forma homogénea, con independencia de dónde estén alojados. Por ejemplo, Citrix lleva muchos años trabajando justo en ese punto para lograr que la experiencia sea consistente, aunque por detrás la arquitectura sea híbrida o multicloud. Si se hace bien, el usuario no nota el laberinto. Y eso es precisamente lo que hay que buscar", detalla el directivo.

El perímetro de seguridad desapareció

Por si fuera poco, el puesto de trabajo se ha vuelto nómada -casa, hotel, otra ciudad, un dispositivo que la empresa no siempre controla igual- y eso ha reventado el modelo de seguridad que durante décadas se apoyó en proteger una red y unos accesos bien delimitados.

Javier Grande no disimula que ese modelo ha quedado obsoleto: "Eso obliga a cambiar el enfoque. El centro de datos, o la plataforma que lo gobierna, tiene que ayudar a decidir quién accede, desde dónde, con qué dispositivo y bajo qué condiciones. No es sólo permitir o bloquear. Es entender el contexto en tiempo real y aplicar el nivel de seguridad adecuado sin convertir la experiencia del usuario en una carrera de obstáculos".

Esa seguridad contextual es, en su lectura, la manifestación más visible de un movimiento de fondo hacia el Zero Trust, un modelo que desconfía por sistema de cualquier acceso hasta que se demuestra lo contrario.

"El cambio más claro es que la seguridad ya no puede depender únicamente de levantar muros alrededor de la infraestructura. Ese modelo funcionaba cuando todo estaba dentro. Ahora no basta y debemos no dar nada por supuesto. Se valida quién eres, qué dispositivo usas, desde dónde accedes y si ese contexto encaja con lo esperado", explica el directivo, que vuelve a apoyarse en Gartner para poner en perspectiva la distancia entre la teoría y la práctica: la consultora estima que, para 2026, solo el 10% de las grandes empresas contará con un programa Zero Trust maduro y medible.

"Es una cifra interesante porque muestra que muchas organizaciones ya han entendido el modelo, pero todavía están lejos de llevarlo a una operación realmente consistente", señala.

La multicloud da flexibilidad y también quebraderos de cabeza

La adopción masiva de multicloud ha traído consigo una paradoja que el ejecutivo de Arrow no rehúye: por un lado responde a una lógica de negocio impecable, pero por otro genera una factura operativa que muchas organizaciones no calculan hasta que ya están dentro.

"La multicloud tiene mucho sentido desde el punto de vista de negocio. Te permite elegir el mejor entorno para cada carga de trabajo, evitar dependencias excesivas de un único proveedor y ajustar costes. Pero no es gratis en términos de gestión", advierte. "La fricción aparece cuando tienes que operar varios entornos con reglas distintas, consolas distintas, modelos de seguridad distintos y equipos que no siempre hablan el mismo idioma tecnológico", apunta el directivo, que resume con precisión el dilema de fondo: "Ahí es donde muchas organizaciones descubren que la flexibilidad también puede generar cuellos de botella. Por eso la gestión unificada se vuelve tan importante. No para simplificar el discurso, sino para simplificar la operación real."

Para Grande, la discusión sobre si adoptar o no multicloud ya está superada; lo que queda pendiente es cómo gobernarla sin que se convierta en un mosaico de piezas descoordinadas. "Y ahí las plataformas de acceso, virtualización y gestión juegan un papel clave, porque ayudan a que el usuario y el administrador no tengan que lidiar con toda la complejidad de fondo", matiza el experto.

El ahorro real no está donde primero se mira

Cuando la conversación gira hacia el retorno económico, Javier Grande introduce una idea que contradice el reflejo habitual de cualquier comité de compras: "Muchas veces el ahorro no está donde primero se mira. Se suele mirar el coste de infraestructura, la suscripción cloud o la licencia. Y está bien mirarlo. Pero el mayor ahorro suele aparecer cuando reduces complejidad", razona.

El mecanismo que describe tiene más que ver con la consolidación tecnológica que con la negociación de precios. "Cuando una empresa consolida tecnologías, integra mejor sus entornos y evita mantener demasiadas herramientas desconectadas, empieza a ahorrar de verdad. Ahorra en soporte, en administración, en incidencias, en tiempos de despliegue y en horas de equipos técnicos. El retorno no viene sólo de pagar menos por una pieza, sino de operar mejor el conjunto", detalla.

Para él, este coste es el menos visible pero "uno de los que más pesa. Integrar soluciones que no nacieron para trabajar juntas consume tiempo, presupuesto y mucha energía de los equipos", explica, antes de añadir la consecuencia que considera más grave: "Además, tiene un efecto que a veces se mide poco y es que desgasta al talento técnico. Si tus profesionales más cualificados dedican demasiado tiempo a resolver fricciones entre plataformas, no están trabajando en proyectos de más valor. Ese coste de oportunidad es enorme. Por eso defendemos mucho la idea de plataforma. No por moda, sino porque reduce fricción operativa real".

El escritorio virtual deja de ser un parche de urgencia

En paralelo, el Desktop-as-a-Service (DaaS) y la virtualización de escritorios han recorrido un camino que Javier Grande tilda de cambio desde una solución táctica pensada casi en exclusiva para recortar costes o centralizar el puesto de trabajo, hasta la pieza estratégica que hoy condiciona la seguridad, la continuidad del negocio y la capacidad de adaptación de una compañía entera.

"DaaS y VDI permiten entregar un espacio de trabajo completo desde distintos entornos, manteniendo el control sobre los datos y la experiencia. Y en escenarios donde hay movilidad, teletrabajo, fusiones, despliegues rápidos o necesidades temporales, esa capacidad marca una diferencia enorme. Ya no hablamos sólo de virtualizar escritorios. Hablamos de hacer que el puesto de trabajo sea más flexible y gobernable", desarrolla Grande.

Preguntado por qué empuja con más fuerza esta adopción, el directivo evita quedarse con una sola causa y describe tres presiones que se refuerzan entre sí: seguridad, simplificación operativa y control de costes.

"La seguridad pesa mucho, porque centralizar el acceso y los datos reduce riesgos. La simplificación también, porque los equipos de IT necesitan gestionar entornos cada vez más distribuidos con recursos limitados. Y el coste, evidentemente, siempre está encima de la mesa", detalla, y remata explicando por qué el modelo encaja tan bien con la realidad actual de las plantillas: "Lo interesante es que DaaS responde a esas tres presiones a la vez. Permite escalar según necesidad, reducir dependencia del dispositivo físico y adaptar el consumo al uso real. Para muchas empresas, eso encaja mejor con la forma en la que trabajan hoy."

Convertir la capacidad en plataforma de experiencia

Todo ese diagnóstico converge en la apuesta concreta que Arrow, junto a Citrix, plantea al mercado: un centro de datos que deje de entenderse como un simple depósito de recursos y asuma funciones de observabilidad, seguridad contextual y optimización del rendimiento.

"Necesita dejar de verse como un sitio donde simplemente alojamos cosas. Un centro de datos moderno tiene que ayudar a entregar aplicaciones, datos y escritorios de forma segura, medible y consistente. Y, sobre todo, tiene que hacerlo pensando en la experiencia final", plantea Grande.

El directivo cita tecnologías concretas como UberAgent o DeviceTrust como ejemplos de hasta dónde ha evolucionado Citrix respecto a la virtualización clásica, y sitúa el papel de Arrow como el de facilitador de esa transición tanto para el canal como para los clientes finales. "Ahí Citrix ha evolucionado mucho. No hablamos sólo de virtualización clásica, sino de observabilidad, análisis de experiencia, seguridad contextual, acceso seguro y optimización del rendimiento. Tecnologías como UberAgent o DeviceTrust refuerzan esa visión. Desde Arrow Enterprise Computing Solutions, nuestro papel es ayudar al canal y a los clientes a aterrizar todo eso en proyectos reales, con una arquitectura que escale cuando el negocio lo necesite y que no añada más complejidad de la que resuelve", desarrolla.

Grande reivindica además el papel de Arrow Services y de la plataforma ArrowSphere Cloud como palancas para democratizar el acceso a estas arquitecturas, con una mención específica al segmento mid-market, que tradicionalmente ha tenido más dificultades para llegar a este nivel de sofisticación tecnológica.

"Vemos el centro de datos como una pieza fundamental de la transformación digital. Hoy ya no hablamos solo de infraestructura física, sino de entornos híbridos donde conviven data center, cloud e inteligencia artificial. En Arrow, ayudamos a nuestros partners de canal y clientes tanto con servicios especializados a través de Arrow Services como con plataformas de gestión y consumo en la nube como ArrowSphere Cloud, facilitando que organizaciones de todos los tamaños, incluido el segmento mediano, puedan acceder a estas tecnologías de forma eficiente y escalable", explica.

Con todo ello, cuando se le pide que señale un único gran reto para los próximos meses, Grande rechaza quedarse con una sola variable -ni seguridad, ni multicloud, ni eficiencia por separado- y apunta a un problema de orden superior que la inteligencia artificial ya está acelerando. "Las tres son importantes, pero creo que el reto de fondo es otro. Las empresas deben prepararse para cambiar rápido sin perder el control. La seguridad, la multicloud y la eficiencia son partes de ese mismo problema", indica.

Antes de advertir sobre la presión que se avecina: "La inteligencia artificial va a acelerar todavía más esta presión. Va a exigir más capacidad, más acceso al dato, más trazabilidad y más seguridad. Por eso las empresas no pueden diseñar su estrategia de centro de datos pensando sólo en lo que necesitan hoy. Tienen que construir una base flexible, segura y preparada para evolucionar. El centro de datos ya no es un lugar, sino que es la infraestructura invisible que permite que el negocio siga moviéndose".