Las empresas digitales están haciendo más esfuerzos para reducir su impacto climático, pero hay una brecha que empieza a ser difícil de ignorar: los compromisos avanzan más rápido que las emisiones.
El 89% ya informa de sus emisiones directas y el 76% cuenta con objetivos de reducción a corto plazo. Sobre el papel, son buenas noticias. Sin embargo, solo el 41% tiene un plan completo para cumplirlos. Y si antes el tiempo apremiaba, ahora más.
Mientras las compañías refuerzan sus estrategias de sostenibilidad, la expansión de la inteligencia artificial está elevando el consumo energético y dificultando aún más la reducción de emisiones. La transparencia climática mejora y cada vez son más las compañías que fijan objetivos para reducir sus emisiones, pero cuando se analiza cuál es el impacto real del sector, los datos cuentan otra historia.
Al menos así ocurre tras el análisis de 200 compañías digitales que ha realizado la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), junto a la World Benchmarking Alliance (WBA), y cuyas conclusiones se recogen en el informe. Greening Digital Companies: Monitoring Emissions and Climate Commitments 2026.
En 2024, estas compañías declararon 301 millones de toneladas de emisiones operativas, un 1,2% más que el año anterior. Una cifra que equivale al 0,8% del total de emisiones mundiales relacionadas con la energía.
La IA cambia la ecuación
En este escenario, la inteligencia artificial puede ayudar a reducir el consumo energético, optimizar infraestructuras, mejorar las previsiones de generación renovable o hacer más eficientes determinados procesos. Pero también tiene su lado menos amable: para desarrollar y utilizar esos sistemas también hace falta electricidad, centros de datos y capacidad de computación.
El informe de la UIT refleja cuál es el impacto medioambiental de esta expansión. En 2024, las emisiones operativas de Amazon, Microsoft, Alphabet (la matriz de Google) y Meta se situaron entre el 192% y el 239% de las registradas en 2020.
Las cifras se entienden mejor tomando 2020 como referencia. Si entonces el nivel de emisiones de cada compañía equivalía a 100, en 2024 Microsoft alcanzó 239. Es decir, sus emisiones fueron un 139% superiores a las de cuatro años antes. En Amazon el incremento fue del 121%, en Meta del 119% y en Alphabet del 92%.
Una evolución al alza que, según el informe, está relacionada con la alta demanda energética y la expansión de sus infraestructuras, especialmente aquellas relacionadas con la nube y la IA, aunque sus autores puntualizan que este aumento no puede atribuirse únicamente a la inteligencia artificial.
El contraste con las telecomunicaciones es significativo: 14 grandes operadores redujeron sus emisiones un 11% durante ese mismo periodo.
La IA se convierte así en un arma de doble filo. Puede ser una herramienta para acelerar la transición energética, pero su propio despliegue está aumentando la demanda de electricidad y, con ella, la presión sobre las emisiones.
Más consumo
El crecimiento de estas infraestructuras tiene también un reflejo directo en el consumo eléctrico del sector. Las 163 compañías participantes en el informe que comunicaron sus datos energéticos consumieron 494 TWh de electricidad en 2024, alrededor del 1,7% del consumo eléctrico mundial.
Pero hay otro elemento que llama especialmente la atención: diez empresas acumulan el 54% de todo ese consumo. En conjunto, utilizaron 269 TWh, “más que toda la electricidad utilizada anualmente por algunos países”, reza el documento de la UIT.
Al desglosar el consumo, China Mobile fue la compañía con mayor consumo, con 63 TWh, seguida de Alphabet y Samsung, con 32 TWh cada una, y Microsoft, con 30 TWh. Amazon, por su parte, no comunicó sus datos de electricidad correspondientes a 2024 para la elaboración del informe.
El sector digital es, al mismo tiempo, uno de los grandes compradores de electricidad renovable. El problema es que ese esfuerzo todavía no cubre toda la demanda. Sin embargo, solo 25 de las 200 empresas analizadas declararon abastecerse al 100% de estas fuentes de energía.
La huella que queda fuera
Pero el problema energético va más allá de lo que consumen directamente estas compañías. Las emisiones de alcance 3 (aquellas vinculadas a proveedores, fabricación o uso de sus productos) son uno de los grandes problemas de la industria. Solo el 47% informa sobre ellas y, cuando se contabilizan, representan el 76% del total de la huella de carbono.
Esta concentración demuestra que reducir el impacto climático de las empresas digitales no pasa únicamente por hacer más eficientes sus oficinas, redes o centros de datos. También implica actuar sobre todo aquello que necesitan para fabricar y vender sus productos y servicios.
La electrónica, por ejemplo, concentra el 53% de las emisiones declaradas en el conjunto de los tres subsectores analizados: telecomunicaciones, servicios de tecnologías de la información y electrónica.
De ahí la importancia de que toda la cadena de suministro dirija sus pasos en la misma dirección, incluidos los fabricantes de dispositivos y las energéticas que alimentan esta economía digital que, con la inteligencia artificial, ha acelerado un ritmo de consumo de recursos que ya de por sí era frenético.
Del compromiso a la ejecución
Todo esto ocurre mientras las compañías digitales avanzan en la fijación de objetivos climáticos. De las 200 empresas analizadas, 151 (el 76%) tienen establecidos objetivos para reducir a corto plazo sus emisiones de alcance 1 y 2.
Pero si se analiza qué hay detrás de esos compromisos, el número va menguando. Solo 114 de esas metas están basadas en la ciencia y 85 parecen avanzar adecuadamente para alcanzarlas.
Al comprobar cuántas disponen de un plan de transición climática completo, la cifra vuelve a bajar. Son 81, el 41% del total. Es decir, menos de la mitad ha definido cómo pretende alcanzar sus objetivos, qué indicadores utilizará o quién será responsable de ejecutarlos.
Esta secuencia muestra la distancia que hay entre el compromiso y su ejecución. Una dificultad que aumenta cuando en esa hoja de ruta intervienen los proveedores de la industria digital.
Para cerrar la brecha, la UIT plantea cuatro prioridades. Una de ellas es reforzar la información sobre las emisiones, especialmente las de alcance 3; además de mejorar la aplicación de los planes de transición climática.
También recomienda que la expansión de la IA y de la infraestructura digital avance al mismo ritmo que el desarrollo de las energías limpias. Y, por último, reclama más colaboración entre las empresas y sus proveedores para reducir las emisiones asociadas a toda la cadena de valor.
