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Las claves

Madrid acoge este domingo su primera carrera de Fórmula 1 en 45 años, un lapso de tiempo que en términos tecnológicos equivale casi a una era geológica. Los 5.417 kilómetros del Madring pondrán a prueba la velocidad y valentía de Alonso, Russell, Antonelli, Hamilton y compañía, en un circuito parcialmente urbano de 22 curvas. Y con una atracción especial para todos los amantes de este deporte: 'La Monumental', la convierte en la curva peraltada más larga de todo el calendario de Fórmula 1, con más de 500 metros de longitud y un peralte del 24%.

Mucho ha cambiado desde la última vez que los monoplazas corrieron en la capital. Cuando el circuito del Jarama despidió a la categoría reina del motor en 1981, el cronometraje se fiaba a células fotoeléctricas y cronómetros de mano, los boxes se comunicaban por radio de baja fidelidad y a ningún ingeniero se le habría ocurrido soñar con ver en directo lo que ocurre dentro de un motor mientras el coche sigue rodando a 300 kilómetros por hora.

Cuatro décadas y media después, el nuevo trazado de Madring, levantado junto a los pabellones de Ifema en Valdebebas, devuelve el Gran Premio de España a la capital convertido en otra cosa completamente distinta: un despliegue de sensores, cámaras de última generación, fibra óptica y algoritmos que va a competir por arrebatar la milésima de segundo al rival y, de paso, ofrecer el mejor espectáculo para todos los fans.

La carrera de Madrid será, en realidad, dos carreras superpuestas. En la pista, 22 monoplazas se disputarán la victoria a base de física del automóvil y talento humano. Bajo la carrocería y en los muros, en cambio, se librará una competición mucho menos visible pero igual de disputada: la de quién procesa antes un dato, quién lo prioriza con mayor inteligencia y quién consigue que esa información llegue a la persona correcta en el instante exacto en que puede cambiar el resultado de la carrera. Y es que, en muchas ocasiones, ya no gana sólo el mejor coche, sino quien aprovecha las ingentes cantidades de datos que generan estos vehículos para ejecutar la configuración y la estrategia perfectas.

Un fin de semana histórico

350.000 personas se darán cita este fin de semana en Madring, con más de 120.000 entradas vendidas entre grada y zonas de hospitality, de las que 20.000 corresponden a paquetes VIP con un precio medio en torno a los 3.000 euros.

Un estudio de PwC cifra el impacto económico del evento en 467 millones de euros y la creación de cerca de 8.850 empleos, con una recaudación fiscal asociada de unos 83 millones de euros, mientras que la factura total del proyecto (construcción del circuito, derechos de competición y promoción) asciende a 481,5 millones de euros a lo largo de una década de contrato.

Es parte de la propia evolución de este deporte, siempre conocido por estar a la vanguardia de los alardes técnicos en el mundo del motor. No en vano, la Fórmula 1 arrastra desde hace más de una década una transformación hacia la ingeniería de datos, la inteligencia artificial y la ciberseguridad como disciplinas tan determinantes como la aerodinámica o la química de los neumáticos.

Madrid, con su estreno absoluto como sede del calendario, se convierte en el escaparate perfecto para comprobar hasta qué punto ese cambio ya es irreversible.

Así, detrás de cada Gran Premio conviven, en realidad, dos infraestructuras tecnológicas distintas. Por un lado, la de la propia organización de la Fórmula 1, que debe retransmitir, cronometrar y distribuir la señal a todo el planeta sin margen de error. Y están las de los equipos, que compiten entre sí por exprimir cada cifra de telemetría hasta convertirlo en una estrategia ganadora.

En DISRUPTORES - EL ESPAÑOL hemos querido conocer ambos enfoques dentro del apasionante universo que constituye la F1. Para ello, nos vamos raudos y veloces al circuito, donde tenemos ocasión de hablar con Lee Wright, Associate Director of IT de Formula One; Dan Keyworth, Executive Director of Performance Technology & Systems en el equipo McLaren y con el equipo de ingeniería de Ferrari.

Montar un centro de datos cada semana

Acostumbrados a los largos plazos de construcción y entrada en operación de un centro de datos, es harto complicado aceptar que la Fórmula 1 sea capaz de montar, poner en funcionamiento y desmontar un centro de datos cada fin de semana de carreras. Pero esa es la pura realidad de una infraestructura maestra que controla desde la realización audiovisual que se emite a todo el planeta como la telemetría que consultan los equipos y la propia FIA para tomar decisiones durante toda la competición.

Aunque el centro de datos es modular y diseñado específicamente para ser transportado y levantado en pocos días, Lee Wright admite que cada circuito nuevo obliga a rehacer buena parte de ese trabajo desde cero, y Madring no es una excepción: "Cada circuito es único, pero nosotros somos muy autosuficientes. Traemos con nosotros toda la infraestructura necesaria; al promotor solo le pedimos una superficie de hormigón para construir nuestro centro técnico del evento, agua potable, aguas residuales y comunicaciones".

El equipo de ingenieros que trabaja con Wright lleva visitando el trazado madrileño desde que se anunció la carrera, aportando planos y soluciones para integrar su infraestructura estándar en el nuevo circuito. Así que nada de la magia de este fin de semana es fruto de la casualidad.

El despliegue tecnológico previsto para el Gran Premio de España se articula en tres fases: adquisición, procesamiento y distribución.

Lee Wright, Associate Director of IT de Formula One. A.I.

Para la primera de ellas, el Event Technical Centre, instalado junto al circuito, se encargará de agregar todas las señales del fin de semana -cámaras, micrófonos, datos del coche, cronometraje y telemetría- antes de enviarlas al Reino Unido. "Transmitimos esa información de vuelta al Reino Unido para su procesamiento en nuestro Media and Technology Centre de Biggin Hill, donde tenemos un centro de operaciones que procesa esa información y la distribuye a la retransmisión y a terceros", explica Wright.

Detrás de esa arquitectura hay un equipo de unas 300 personas repartido entre el circuito y el Reino Unido, con alrededor de 160 operarios en pista y 140 en Biggin Hill trabajando "como un único equipo armonioso para producir nuestra señal internacional", según describe Wright. Esa señal viaja a través de dos circuitos ópticos de 10 gigabits, geográficamente independientes entre sí, que nunca llegan a cruzarse hasta reunirse en el centro británico. La cifra agregada resulta difícil de imaginar para cualquiera que no trabaje con datos a diario: entre 600 y 650 terabytes de información en cada Gran Premio, transmitidos a un ritmo de 8,5 gigabits por segundo desde el circuito.

Ese volumen no habría sido manejable con la misma infraestructura que la Fórmula 1 empleaba hace apenas un lustro. Wright recuerda que hasta 2020 el modelo era radicalmente distinto: "Transportábamos un centro de datos de 250 toneladas por todo el mundo cada semana, basado fundamentalmente en 14 contenedores de carga. Pasamos de una producción hecha íntegramente en el circuito a una producción remota, y reducimos de 14 contenedores técnicos a solo tres".

El cambio no solo aligeró la logística; también permitió incorporar talento que antes quedaba fuera del alcance de la competición. "Nos permitió acceder a personal de ingeniería que no podía comprometerse a viajar 24 semanas al año y que ahora puede contribuir desde nuestro Media and Technology Centre en Biggin Hill", explica Wright. Él mismo admite haber vivido en primera persona ese cambio de vida: antes de la operación remota viajaba a unas 15 carreras al año, hasta que la paternidad le obligó a tomar una decisión.

Sólo hay una excepción a esa regla de operación remota: la telemetría se procesa directamente en el circuito, "para garantizar la latencia más baja posible", matiza el responsable de TI. Un campo que ha vivido su propia revolución en los últimos meses ya que la Fórmula 1 ha desarrollado, junto a Lenovo, un sistema completamente nuevo sustentado en una plataforma virtual que reduce drásticamente la latencia respecto al modelo anterior.

"En un circuito como Melbourne, con el modelo anterior había un retraso de al menos 300 milisegundos en la transmisión y retransmisión de esos datos de vuelta al circuito. Trabajando con los equipos de Lenovo desarrollamos una plataforma virtualizada, con cargas de trabajo completamente en contenedores, que nos permite entregar esos datos a los equipos con una latencia mucho menor que en carreras anteriores", explica.

El proyecto, pensado para dar cobertura a la llegada de una nueva escudería al calendario en 2026, se probó a lo largo de toda la temporada 2025 y se estrenó de forma oficial durante los test de pretemporada en Baréin. Una mejora en latencia que se une a las exigentes medidas de ciberseguridad y de fiabilidad que ya venía atesorando el sistema de telemetría antiguo. No en vano, la precisión con la que se calcula la posición de cada coche en pista, añade, llega hasta cinco decimales, aunque solo se publican tres tras aplicar el redondeo correspondiente, lo que permite reconstruir cualquier incidencia de cronometraje con un margen de error prácticamente inexistente.

El centro de datos rodante de McLaren

McLaren Racing lleva años reconstruyendo su relación con la tecnología desde una premisa que Dan Keyworth, Executive Director of Performance Technology & Systems del equipo, resume sin rodeos: la diferencia entre una buena idea y una ventaja competitiva depende de convertirla en una decisión fiable, tomada en el momento preciso y con las personas adecuadas conectadas entre sí.

"No vemos la tecnología como una capa adicional, es una parte fundamental de nuestra operación de rendimiento", defiende el directivo de McLaren, que insiste en que la infraestructura debe ser "rápida, resiliente y segura, pero también sencilla de utilizar bajo presión". La frase no es un eslogan corporativo vacío: cuando un ingeniero necesita analizar un escenario de carrera en pleno Gran Premio, añade Keyworth, "la tecnología tiene que desaparecer del proceso" y funcionar sin convertirse en una preocupación añadida para quien debe tomar la decisión en segundos.

Dan Keyworth, Executive Director of Performance Technology & Systems de McLaren Racing. Cisco

De ahí la alianza de esta escudería con la norteamericana Cisco. Edward Green, Field CTO de esta empresa, amplía esa confluencia entre digitalización y coches librando cruentas batallas a más de 300 km/h: "Un monoplaza es, en muchos sentidos, un centro de datos móvil", que es tan sólo el último escalón de una infraestructura corporativa que "trabaja en decenas de ubicaciones, toma decisiones en segundos y necesita proteger propiedad intelectual extremadamente valiosa".

El volumen de información que genera un solo monoplaza de McLaren durante un fin de semana de competición roza ya el terabyte, aunque Keyworth prefiere no obsesionarse con la cifra bruta. "Más que fijarnos en un único número, nos centramos en la calidad, contextualización y velocidad con la que los datos pueden convertirse en una decisión operativa", matiza. Esa corriente incluye telemetría del propio coche, pero también variables externas como temperatura de pista y ambiente, viento, adherencia, evolución de los neumáticos, tráfico, posiciones de los rivales y previsiones meteorológicas, todo procesado casi en tiempo real por los especialistas de Mission Control (su centro de control remoto).

Green, encargado de llevar el WiFi 6E a este equipo y de que no fallen ninguna de sus comunicaciones, añade que la información viaja desde el circuito hasta su base "en tan sólo 18 milisegundos", lo que permite a un equipo remoto de unos 40 ingenieros participar en las decisiones de carrera sin moverse del Reino Unido.

Ingenieros de McLaren y Cisco analizando datos del monoplaza. Cisco

Por si fuera poco, la inteligencia artificial ha entrado en ese engranaje, aunque ambos directivos coinciden en marcar límites claros a su uso. "Nuestro propósito no es automatizar la decisión humana, sino mejorar la capacidad de nuestros especialistas para identificar señales relevantes, evaluar escenarios y actuar con mayor rapidez y confianza", explica Keyworth, que cita como ejemplos la detección de patrones, la predicción de degradación de neumáticos o el filtrado de comunicaciones complejas en plena carrera.

Green añade una capa adicional a esa reflexión: "McLaren no utiliza la tecnología como un experimento aislado: el valor aparece cuando la IA, los datos, la red, la seguridad y las personas funcionan como un sistema integrado".

Llevar ese ecosistema a un circuito nuevo, como el estrenado en Madrid, añade una capa extra de complejidad que ninguno de los dos directivos minimiza. "Cada circuito presenta un entorno tecnológico distinto. Cambian la infraestructura disponible, el diseño del paddock, la densidad de dispositivos conectados, la cobertura inalámbrica y los requisitos regulatorios locales", detalla Keyworth.

El motor del Gran Circo: los aficionados

En la categoría reina del automovilismo, la tecnología no solo persigue el objetivo de mejorar el rendimiento de pilotos, coches e infraestructuras. Si por algo se le denomina el Gran Circo es por la cantidad de fans que moviliza a lo largo y ancho de todo el mundo. Solo en Madring, decíamos, se darán cita unos 350.000 aficionados, y el cartel de no hay billetes ya está colgado desde hace unos días en las taquillas para el público en general.

De hecho, un reciente estudio de IBM pone de manifiesto que la Fórmula 1 es el tercer deporte más seguido en España solo por detrás del fútbol y el tenis: hasta el 43% de los encuestados reconoce seguir asiduamente la temporada. Una dimensión de audiencia que ha convertido la experiencia de usuario en otra de las grandes batallas de la innovación digital.

Es precisamente en este terreno, el de revolucionar la experiencia de los espectadores, donde entra en juego el Gigante Azul. En 2024 firmó un acuerdo con Ferrari para aterrizar una alianza que trasciende a todo lo que sucede sobre el asfalto: aprovechar la IA y el enorme volumen de datos generados por la escudería para crear una aplicación móvil con información personalizada y contenidos exclusivos.

La unión reúne así con mayor solera de sus respectivos sectores. De una parte, Ferrari, la escudería más laureada de todos los tiempos fue fundada por el italiano Enzo Ferrari en 2029 y convertida desde entonces en una de las marcas más icónicas de este deporte. No solo relucen en sus vitrinas sus 16 campeonatos de constructores, sino que también ha tocado la gloria por haber encumbrado a la que es, quizás, la mayor leyenda histórica del circuito: Michael Schumacher.

Con siete títulos individuales, solo el británico Lewis Hamilton ha conseguido igualarle en el palmarés. Este último forma parte en la actualidad de la escudería y correrá por las calles de la capital haciendo gala del rojo característico de la firma de coches de lujo.

Por otro lado, IBM es considerada la empresa moderna de la informática moderna. Nacida en 1911 en Estados Unidos, ha pasado de liderar la era de los mainframes y los PC a ser uno de los actores más relevantes de la nube y la inteligencia artificial.

Revolución en el mundo de las aplicaciones móviles

Los números respaldan el sentido de esta alianza y ponen en órbita la aplicación: los usuarios empiezan a abrazar la inteligencia artificial mientras buscan experiencias de navegación más simplificadas.

El mismo estudio de IBM revela que el uso de la IA entre los fans españoles alcanza el 69%, aunque solo el 61% confía en los contenidos generados por esta tecnología. Estos buscan, además, contenido preciso por encima de la rapidez, y hasta el 26% utiliza estadísticas y análisis en directo más que hace dos años.

Por otra parte, el 37% señala que su motivación principal para utilizar aplicaciones móviles deportivas es tener información en un solo lugar, mientras que el 32% las usa para recibir actualizaciones en tiempo real cuando no pueden ver o escuchar un evento.

"Para nosotros es esencial la tecnología; la IA y el conocimiento de IBM nos permiten sentir de cerca a nuestros aficionados", aseguran desde el equipo de ingeniería de la escudería.