Red Hat, compañía norteamericana especializada en desarrollo de software de código abierto, dispone de un departamento llamado Oficina del CTO. Esta área es un equipo estratégico que define la visión tecnológica de la empresa y trabaja en las áreas más innovadoras o todavía emergentes.
Según la compañía, esta oficina incluye investigación, análisis de tecnologías emergentes y programas internos de excelencia técnica. Es, por decirlo de otra manera, el lugar donde se piensan las cosas antes de que incluso ocurran.
DISRUPTORES, aprovechando la celebración del Red Hat Summit 2026 en Atlanta, tuvo la ocasión de hablar con el vicepresidente de esta oficina, Stephen Watt, que reflexionó sobre lo que se ha venido en llamar paradoja agéntica y sobre el papel de la compañía en un contexto en el que las empresas, cada vez más, necesitan libertad de acción.
La primera frase que llama la atención de todas las que dijo entronca directamente con el problema del empleo en el sector tecnológico, una de las grandes polémicas de todo lo que rodea al mundo de los agentes de IA, esos seres virtuales que ya no solo generan contenido o ayudan en la búsqueda de información, sino que además ejecutan tareas.
La frase es demoledora: "La primera persona a la que reemplazó el agente de IA fue a mí". Pero aun así no se le ve preocupado. Incluso ríe plácidamente al decir estas palabras. Cree sinceramente en que el poder de la IA agéntica no interferirá en determinados empleos.
"Yo tenía un sistema llamado Idea Bot que hace las preguntas de priorización a los ingenieros para dar forma a sus ideas. Esto no me quita el trabajo, sino que me permite dedicar mi tiempo a cosas más valiosas, como trabajar en los prototipos o resolver problemas de alineación entre equipos. La IA permite que me enfoque en lo que es realmente importante en lugar de simplemente aplicar una plantilla", argumenta citando su propia historia con los agentes de IA.
En cualquier caso, Watt está tratando de comunicar a analistas y clientes en este congreso algo relacionado con esta tecnología en lo que muchos no han caído. Se está produciendo una paradoja.
"La analogía es similar a lo que ocurrió con la nube pública; al principio, si necesitabas un servidor, lo tenías al instante sin esperar meses. Sin embargo, los cargos pueden acumularse y surge la duda de si estás obteniendo valor por ello. Para que el negocio sea rentable, si el uso de servicios de Anthropic u OpenAI aumenta, tus márgenes de beneficio deberían aumentar también. La paradoja es que los costes suben, pero los márgenes no lo hacen al mismo ritmo", explica el directivo.
Es lógico preguntarse, en este sentido, si el modelo actual de pago por uso de las grandes inteligencias artificiales públicas está cerca de su límite en un entorno empresarial. Responde Watt que "no diría que está al límite, sino que es un entorno donde el usuario no tiene mucho control".
De ahí que la solución esté clara -en beneficio de tecnológicas como Red Hat, por supuesto-: "Si quieres ejercer más control sobre los costes, debes volver al modelo autogestionado en tu propio entorno", donde el código abierto juega un papel fundamental.
La autogestión, en cualquier caso, tiene muchas aristas. De nuevo de forma didáctica, Stephen Watt remarca que "todo el mundo está en un viaje y la siguiente parte de ese viaje es preguntarse si lo que se está haciendo con modelos como Claude -una IA generativa de Anthropic que puede usarse en flujos de trabajo empresariales- es sostenible a largo plazo".
Stephen Watt.
En su opinión, "el punto de inflexión ocurre cuando intentas cambiar el código de Anthropic a un modelo abierto; si no funciona de inmediato en un entorno autogestionado, requiere inversión en aprendizaje por refuerzo para cerrar la brecha de rendimiento".
En resumen: "Las empresas mantendrán en modelos públicos solo aquello donde no valga la pena el esfuerzo de migrar", adelanta el directivo de Red Hat.
En cuanto a los beneficios del código abierto, los que tantas veces se han repetido: "Con un proveedor propietario, si tienen un fallo que afecta a tu negocio, no puedes hacer nada si ellos no lo priorizan. Con los modelos abiertos, tienes la capacidad de arreglarlo tú mismo. Además, la transparencia permite ver todo el proceso de entrenamiento y los datos, lo cual es vital para la seguridad", admite.
Ese viaje al que hace referencia Watt también lo están haciendo en la oficina de la que es vicepresidente. "No solo construimos productos, sino que cambiamos la forma en que los hacemos. En mi organización de investigación utilizamos un enfoque diferente: en lugar de tocar el código fuente, declaramos la intención en una especificación, escribimos pruebas y le pedimos a la IA que lo fabrique. Si el resultado es incorrecto, no lo arreglamos manualmente; tiramos el producto y arreglamos la especificación. Esto ha supuesto un aumento de 10 veces en la velocidad de todo lo que hacemos", resume Watt.
Y aún quedan un par de temas más por abordar. El primero, la soberanía; el segundo, el futuro del sector.
En cuanto al primero, Stephen Watt indica que "la soberanía es una prioridad estratégica para nuestra plataforma. En EEUU, soberanía significa usar modelos que no sean chinos, pero en Europa significa no querer usar infraestructura estadounidense y mantener los datos locales. Pero nosotros trabajamos por ofrecer opciones de infraestructura allá donde esté el cliente".
En cuanto al futuro, Watt es claro: "Creo que cada negocio decidirá qué mantiene en casa y qué envía a una API pública según su ventaja competitiva. Las tareas de bajo valor irán a modelos abiertos, mientras que el núcleo del negocio se mantendrá privado. Lo más importante que desde Red Hat queremos darles es la posibilidad de elegir". Y todo ello, además, sin olvidar, como última predicción, que la cuántica está a la vuelta de la esquina.
