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Con la maleta casi hecha para visitar Valencia "por primera vez" -nos confiesa con una sonrisa empática y contagiosa-, Carmen Köhler atiende a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL por videollamada en mitad del fin de semana previo a VDS 2026, el evento tecnológico internacional organizado por Startup Valencia, que se celebrará el próximo miércoles y jueves en la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

La investigadora, empresaria y astronauta análoga -estos profesionales participan en misiones de simulación que reproducen en la Tierra las condiciones de una misión espacial real- es uno de los platos fuertes de la agenda de VDS en esta novena edición debido a su trayectoria y proyección global dentro del mundo de la tecnología y la ciencia.

Nos colamos de manera online en su casa en Getxo (Bilbao) en una soleada mañana que parece haber desobedecido -al menos así sucedió en las primeras horas del pasado sábado cuando se desarrolló la entrevista- los pronósticos de cambio brusco de temperaturas por la irrupción de la dana Adam.

Su viaje previsto esta semana a la capital del Turia no tiene nada que ver con sus habituales periplos por los lugares más inhóspitos del planeta para testar la tecnología que puede llevar a la humanidad a conocer otros mundos. Sin embargo, según reconoce entusiasmada, también le ilusiona y ha levantado en ella grandes expectativas: "Sé que hay un ecosistema con un gran potencial que estoy deseando conocer".

Reconforta encontrar un perfil como el de Carmen Köhler en estos tiempos que exigen dar certidumbre y herramientas a la ciudadanía para que puedan mantener una voz crítica y rigurosa ante una realidad tan cambiante. Más si cabe si hablamos de inteligencia artificial: urge poner negro sobre blanco y alejarse de mensajes apocalípticos y fake news.

Porque ser realistas y reconocer el mayúsculo reto que afrontamos no está reñido con mantener una actitud optimista sobre el potencial de la IA y el uso que las personas podemos -y debemos- hacer de ella.

En medio de esta ola de la inteligencia artificial, su visión sobre el futuro es inspiradora, casi sanadora.

Köhler durante una de las misiones donde se simulan las condiciones que sufrirán los astronautas en las exploraciones espaciales a Marte. Florian Voggeneder

Natural de Berlín (Alemania), doctora en física y con formación en matemáticas, Köhler ha participado como astronauta análoga del Austrian Space Forum (OeWF) en misiones que pueden ser determinantes para la conquista del espacio como puede ser la próxima misión a Marte.

Además, es investigadora en el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya, donde su papel es crucial para la lucha contra los incendios que está marcando esta nueva era climática, y lidera como CEO y fundadora la empresa P3R, especializada en el desarrollo de software meteorológico y en la prestación de servicios relacionados con la observación de la Tierra y del clima.

Con esa trayectoria al más alto nivel, asombra la cercanía, empatía y sentido del humor que brinda a quien la escucha desde el minuto uno.

Defensora empedernida del potencial de la IA para resolver los desafíos actuales -"la IA para el bien", matiza en nuestra entrevista-, Köhler irradia aquello que nos hace únicos como humanos y que, al menos por ahora, no puede ser reemplazado por una máquina.

"Concibo la inteligencia artificial no como un peligro intrínseco, sino como una herramienta que nos ayuda a procesar volúmenes masivos de datos para resolver problemas complejos como el cambio climático"

"Concibo la inteligencia artificial no como un peligro intrínseco, sino como una herramienta que nos ayuda a procesar volúmenes masivos de datos para resolver problemas complejos como el cambio climático", afirma, y recuerda que la sociedad siempre ha sabido adaptarse a las grandes revoluciones tecnológicas a lo largo de la historia.

Para la astronauta análoga, la tecnología en sí es neutra y su impacto depende exclusivamente del uso que le den los seres humanos: "La tecnología no es mala, en todo caso, serían las personas".

Köhler es doctora en Física. Torsten Zimmermann

Sin embargo, su visión optimista no evade una asignatura pendiente a su juicio que debería atajarse: la falta de educación y concienciación desde la escuela sobre los límites y las consecuencias de los costes reales de la tecnología.

Por este motivo, insiste en que "se debe reintroducir la formación tecnológica en las escuelas para transmitir no solo cómo usar la herramienta, sino cuáles son sus límites e impactos colaterales".

Inteligencia humana emocional

Desde su perspectiva, es vital promover una actitud de "benevolencia" en las personas que desarrollan y emplean estas herramientas.

Frente al avance algorítmico, Köhler sostiene categóricamente que la "inteligencia humana emocional" representa "el pilar más importante para la sociedad actual".

"La capacidad de escuchar, comunicarse sin ambigüedades y comprender al otro supera ampliamente cualquier capacidad de cálculo puramente computacional"

Elementos genuinamente humanos como la "empatía" y el "humor" resultan "insustituibles", defiende, para identificar las necesidades reales de la población.

Ya sea analizando riesgos meteorológicos, colaborando con empresas o participando en simulaciones de misiones a Marte, la investigadora recalca que "la capacidad de escuchar, comunicarse sin ambigüedades y comprender al otro supera ampliamente cualquier capacidad de cálculo puramente computacional".

Concluimos nuestra conversación con una idea clara: Köhler defiende una tecnología al servicio directo del bienestar de las personas, donde la IA debe ser "confiable y explicable" para respaldar la toma de decisiones en situaciones críticas.

Como bien apunta, la clave del progreso social reside en entender "qué necesitan la gente de verdad" antes de desplegar soluciones complejas. La inteligencia artificial constituye un aliado estratégico de primer nivel, pero "la ética, el criterio y la calidad humana de quienes la diseñan y utilizan" son lo que realmente determinará un futuro próspero.

Con esta inspiradora visión, sumamos una conclusión más: VDS 2026 en la ciudad de Valencia va a ser toda una experiencia para la investigadora. Quizás no determinante para la próxima misión espacial de la humanidad a Marte, pero sí para fortalecer ese ecosistema de talento que España está impulsando a nivel internacional y del que ella ya forma parte.