La sostenibilidad ha sido la diana de las críticas a los centros de datos desde que estos empezaron a florecer en España como motor de la vida digital. Unas acusaciones que, desde esta industria, siempre han alegado que son infundadas.
El escenario, sin embargo, está a punto de cambiar. El cuello de botella no es tanto el consumo energético -España es un país pionero en fuentes renovables- como el acceso a los puntos de conexión de la red eléctrica.
Y mientras la inteligencia artificial dispara las necesidades de potencia y transforma el diseño de estas instalaciones, el Gobierno acaba de presentar una propuesta que eleva los requisitos energéticos para su despliegue y pone en jaque la propia supervivencia de una industria estratégica para la economía digital.
El debate, por tanto, ya no es cuánto contaminan los centros de datos, sino en qué condiciones deben seguir creciendo.
El contexto es el de una economía digital que representa ya el 27% del PIB, según el último barómetro de la patronal tecnológica Ametic, lo que se traduce en una cifra récord de 146.660 millones de euros.
Este fuerte impacto en la productividad contrasta con su todavía reducido peso sobre la demanda eléctrica nacional: a cierre de 2025, su consumo representaba solo el 0,8% del total, unos 2 TWh, según SpainDC.
Entonces, la potencia instalada ascendía a 439 MW, un dato que permite medir la velocidad de crecimiento de una industria que DISRUPTORES - EL ESPAÑOL lleva siguiendo desde 2022, cuando publicó su primera radiografía del mercado español.
Dos años después, la segunda edición mostró ya la expansión de nuevos proyectos y la llegada de los grandes hiperescalares. Ahora, en esta tercera radiografía, queda patente que la cuestión no es solo dónde se construyen los centros de datos, sino cuánta potencia pueden incorporar y si hay capacidad suficiente para alimentarlos.
El mapa crece y las reglas cambian
La potencia TI instalada, que a cierre de 2025 se situaba en 439 MW, está previsto que alcance los 2.537 MW en 2030, según las estimaciones del sector.
Ese salto explica por qué la energía se ha convertido en una de las principales variables para decidir qué proyectos pueden desarrollarse y dónde.
El volumen potencial de nueva demanda también ayuda a entender la dimensión de lo que está ocurriendo en este mercado.. El Gobierno cifra en más de 12 GW las peticiones y permisos de acceso vinculados a estos proyectos. Un dato muy superior a la potencia que actualmente está instalada.
Es ahí donde está el cambio: el mapa de los centros de datos empieza a depender del mapa de la energía.
En aras de garantizar la soberanía, la resiliencia y la sostenibilidad, el Ejecutivo anunciaba a finales de agosto un proyecto de Real Decreto que eleva las actuales exigencias energéticas de los centros de datos.
El Ejecutivo justifica estas exigencias por el impacto que el crecimiento de nuevas cargas, especialmente las asociadas a los centros de datos, puede tener sobre la red y sobre las futuras necesidades de generación eléctrica.
La preocupación se centra, especialmente, en aquellos proyectos que llevan años de desarrollo y que ahora pueden verse condicionados por unas exigencias que no existían cuando se tomaron las decisiones de inversión.
Proyectos millonarios en el punto de mira
Nabiax, por ejemplo, acaba de anunciar un nuevo edificio en su campus de Alcalá de Henares (Madrid) que conlleva una inversión de 800 millones de euros para alcanzar 100 MW en 2029. Un caso que ilustra cómo un proyecto a largo plazo queda muy condicionado por las medidas que intenta imponer el Gobierno.
El sector considera que, de aprobarse, sería una de las medidas más restrictivas de Europa.
"La regulación debe garantizar la coherencia y proteger las inversiones a largo plazo"
Paula Bueno, responsable de Relaciones Institucionales para Infraestructuras de AWS en Iberia
“La sostenibilidad forma parte del crecimiento del sector, pero cualquier regulación debe ajustarse a la realidad del sistema energético y del mercado en el que se aplica”, indica Pablo Ruiz-Escribano, CEO de Nabiax, a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL.
“Tal y como está redactado, el Real Decreto puede generar incertidumbre sobre inversiones ya comprometidas y no distingue adecuadamente entre proyectos maduros con financiación aprobada, licencias obtenidas y obras que no han alcanzado ese grado de desarrollo”, añaden.
Más seguridad jurídica
Una posición similar mantienen AWS y Microsoft, dos de los grandes hiperescalares con proyectos en nuestro país.
"La regulación ha de alinearse con los marcos que están surgiendo en la Unión Europea para garantizar la coherencia y proteger las inversiones a largo plazo”, afirma Paula Bueno, responsable de Relaciones Institucionales para Infraestructuras de AWS en Iberia, en entrevista con este medio.
"Cualquier regulación debe ajustarse a la realidad del sistema energético y del mercado en el que se aplica"
Pablo Ruiz-Escribano, CEO de Nabiax
Desde la compañía de Redmond, y en palabras de Natalia Maeso, responsable de las Regiones Cloud y Centros de Datos de Microsoft para el sur de Europa, piden “seguridad jurídica, previsibilidad y condiciones”.
Por contraposición, Agustín Fernández, director de infraestructura y servicios de plataforma de T-Systems Iberia, manifiesta que “conceptos como la adicionalidad entre la producción de energía y los momentos de consumo representan un paso más en la transformación del modelo energético de los centros de datos, contribuyendo a acelerar su evolución hacia un futuro más sostenible”.
Por su parte, Nacho Velilla, CEO de Templus, mantiene una posición más crítica. Se pregunta a quién beneficia realmente este decreto, que deja al sector nacional “al pie de los caballos” y en clara desventaja con nuestros vecinos europeos.
“Somos una industria con un gasto predecible y estable durante todo el año”, asevera. “Es como si a un fabricante de coches le pidieran plantar bosques para absorber cada kilogramo de CO2 que emiten sus vehículos”.
La IA dispara las necesidades energéticas
Más allá del debate regulatorio, la creciente presión sobre el sistema energético tiene un origen evidente: el uso intensivo de la inteligencia artificial.
Según los designios del Ejecutivo, la demanda de capacidad de computación para 2030 será de unos 2,5 GW, lo que requerirá de entre 3,5 y 4 GW de potencia eléctrica. A escala global, los datos de la Agencia Internacional de la Energía ponen de relieve que el consumo eléctrico de los centros de datos se duplicará con creces para ese año, hasta rondar los 945 TWh.
"La adicionalidad representa un paso más en la transformación del modelo energético de los centros de datos"
Agustín Fernández, director de infraestructura y servicios de plataforma de T-Systems Iberia
Pero la lectura no es tan simplista. La inteligencia artificial no es solo una carga de trabajo más que llega al rack; es, en palabras de Héctor Briceño, manager de Operación de Datacenters Internacionales de Arsys, “un patrón de consumo distinto, con picos de demanda más pronunciados y densidades de potencia que pueden multiplicar por diez las de un entorno convencional”.
La consecuencia es una mayor presión sobre los sistemas eléctricos y de refrigeración, pero también sobre la propia planificación y operación de los centros de datos.
Vista aérea de uno de los centros de datos de Tamplus.
Ahora bien, Velilla, de Templus, apunta que conviene poner todo esto en contexto. Aunque considera que estamos ante el “mayor” cambio de patrón de consumo de la historia del sector, “el data center no crea la demanda, la concentra y la hace visible”.
Y añade un punto favorable más: “Para nosotros, crecer en potencia no significa hacerlo en emisiones”, asegura.
Más eficiencia
La otra cara de esta transformación es precisamente la eficiencia. Los datos recopilados para esta III Radiografía de los centros de daños en España, sitúan el PUE medio en 1,22, con una mediana de 1,20 y un recorrido que va desde 1,06 hasta 1,47.
Estas diferencias muestran que no todo el parque evoluciona al mismo ritmo. Tres instalaciones registran un PUE de 1,06 y otras tres se sitúan en 1,12.
Los datos recopilados por este medio arrojan que el PUE sigue dependiendo de factores como la infraestructura, su escala y su tecnología de operación.
La evolución histórica demuestra, al mismo tiempo, que aumentar la capacidad de computación no implica necesariamente incrementar el consumo al mismo ritmo.
Entre 2010 y 2018, el volumen de cómputo de los centros de datos se multiplicó por más de seis mientras su consumo energético apenas creció.
El reto de esta década es sostener ese desacoplamiento entre crecimiento y consumo en plena expansión de la IA.
“Utilizamos la propia IA para optimizar la refrigeración, el consumo energético y el funcionamiento de estas infraestructuras”
Natalia Maeso, responsable de las Regiones Cloud y Centros de Datos de Microsoft para el sur de Europa
Microsoft trabaja precisamente sobre esa ecuación, combinando mejoras en el diseño y la operación con avances en semiconductores, software y rendimiento de los modelos. “Utilizamos la propia IA para optimizar grandes sistemas, incluida la refrigeración, el consumo energético y el funcionamiento general de estas infraestructuras”, cuenta Maeso.
Por su parte, Fernández, de T-Systems, sostiene que la IA no solo aumenta la demanda, sino que también concentra mucha más capacidad de cálculo en el mismo espacio físico. “Esto supone mayores necesidades de potencia por rack y obliga a evolucionar los sistemas de refrigeración para gestionar de forma eficiente ese incremento de densidad”.
La batalla por la capacidad eléctrica
La eficiencia puede contener parte del crecimiento, pero no elimina la necesidad de nueva electricidad. Para las grandes tecnológicas, una parte de la respuesta pasa por garantizar que esa nueva demanda vaya acompañada de generación limpia.
.“El principal desafío es atender el crecimiento de la demanda de nube e IA con un suministro energético abundante, fiable y libre de carbono”, señalan desde Microsoft.
La compañía asegura que trabaja con eléctricas y operadores de red, comparte previsiones de carga y participa en inversiones en infraestructuras eficientes y nueva capacidad de generación.
El objetivo, apunta Maeso, es que el crecimiento de los centros de datos vaya acompañado de nueva capacidad limpia “sin restar recursos a los clientes locales, ni aumentar su factura eléctrica”.
“Somos una industria con un gasto predecible y estable durante todo el año”
Nacho Velilla, CEO de Templus
AWS también sitúa el acceso a la capacidad de la red eléctrica como uno de los principales desafíos ante el crecimiento de la IA. La tecnológica asegura que colabora con los operadores de red y los reguladores para dirigir sus inversiones hacia donde tengan mayor impacto y que financia los refuerzos de red necesarios para incorporar nueva capacidad al sistema a través de sus acuerdos de conexión.
Pero incluso con electricidad disponible queda otro problema: cómo meter cada vez más potencia dentro de las mismas instalaciones.
“La operativa del centro de datos es el gran desafío que se nos abre con la IA”, apunta Briceño, de Arsys. “Hoy no podemos gestionar un centro de datos con modelos operativos heredados de un data center diseñado hace diez años”.
El reto de la refrigeración
La consecuencia física de esa mayor densidad es inevitable: más potencia significa más calor.
:"En determinados entornos y para ciertas cargas de trabajo, soluciones como la refrigeración líquida pasarán a ser una pieza clave para garantizar el rendimiento y la eficiencia”, apunta Fernández, de T-System.
La mayor densidad de potencia asociada a la IA está obligando también a transformar la refrigeración.
Microsoft incorporará en sus nuevos centros de datos de Aragón refrigeración líquida directa a los chips mediante un circuito cerrado, que permite disipar el calor sin recurrir a la evaporación y reducir el consumo de agua para refrigeración a niveles cercanos a cero.
“Hoy no podemos gestionar un centro de datos con modelos operativos heredados de hace diez años”
Héctor Briceño, manager de Operación de Datacenters Internacionales de Arsys
En el caso de Arsys, del Grupo Ionos, su principal centro de datos en España, ubicado en Logroño, funciona desde 2015 con suministro 100% renovable y sistema de climatización que no consumen agua.
AWS también apuesta por un modelo híbrido en Aragón. Durante más del 90% del año, sus instalaciones funcionan mediante free air cooling, utilizando el aire exterior para refrigerar los servidores sin consumir agua. Solo durante los picos de calor más intensos se activa un sistema de evaporación directa.
Interio
En 2025, el consumo total de agua de sus centros de datos en Aragón fue de unos 68 millones de litros, según la compañía, el 0,03% de la demanda de agua industrial en la cuenca del Ebro.
“No existe una receta universal", añade Fernández. "Cada data center opera en un contexto diferente, condicionado por factores como la disponibilidad de energía, los recursos hídricos, el clima o la ubicación”.
En este sentido, Velilla coincide en que la alta densidad de la IA no se resuelve solo con aire: “Exige una refrigeración líquida y un rediseño de la sala”. El directivo asegura que la digitalización necesita capilaridad; llevar la capacidad allí donde están las empresas y los núcleos de producción.
Queda un último reto: medir mejor. “Hay que medir la eficiencia energética e hídrica con criterios homogéneos porque el debate público se está construyendo sobre percepciones y no sobre datos”.
En un sector que afronta una nueva ola de crecimiento, impulsada por la inteligencia artificial, el mapa de los centros de datos en España ya no está definido por la disponibilidad de suelo ni por la capacidad de inversión.
Es la capacidad energética que puede ofrecer cada territorio la que está dibujando un escenario más diversificado y favoreciendo la entrada de nuevos actores que hace apenas unos años no se planteaban su incursión en una industria que no para de crecer.
