El Institut Cerdà es una fundación privada independiente, con más de cuarenta años de experiencia, que se dedica a asesorar y acompañar a los agentes y organizaciones públicas y privadas en la toma de decisiones estratégicas. Y en este mundo cambiante, la innovación y la transformación digital están jugando un papel fundamental.
De hecho, la finalidad de la fundación es el impulso de la innovación permanente y la dinamización de la sociedad. En este sentido, el sector del gran consumo es uno de los que está viviendo un gran momento gracias a las aportaciones de entidades como esta. DISRUPTORES habla con su director general, Miguel Hernández, para reflexionar sobre este sector y sobre el papel que está teniendo la innovación en su evolución tras una época convulsa.
Pregunta. ¿Qué es para el Institut Cerdà el gran consumo?
Respuesta. Para nosotros, podría resumirse como la cadena de valor que llena las estanterías de los supermercados y otros formatos de distribución comercial.
Si bien alimentos y bebidas son las categorías con mayor peso, es importante señalar que también incluye cuidado personal, belleza, higiene del hogar y los productos para mascotas. Dentro de la cadena de valor se incluyen desde los insumos del sector primario hasta la gestión de los residuos post-consumo por parte de los clientes.
P. Han presentado la novena edición del Observatorio de Innovación en Gran Consumo en España. ¿Cuál es el dato que más le llama la atención de todo el informe?
R. Probablemente, la cantidad de empresas que ya afirman innovar: entre un 62% y un 74% según el eslabón, prácticamente el doble que en las primeras ediciones, cuando apenas innovaba un tercio del sector. Esto nos dice dos cosas: que la innovación ha dejado de ser algo puntual y reservado a unas pocas grandes compañías, y que la cadena, en sus diferentes eslabones (sector primario, industria y distribución comercial) ha entendido que innovar es una condición para competir en un contexto mucho más exigente por costes, regulación, sostenibilidad y cambios en el consumidor.
P. ¿Cuál sería la radiografía general del sector?
R. La lectura es doble. Por un lado, un sector más innovador y colaborativo, se identifica una mayor innovación en procesos que en el propio producto, aunque hay iniciativas también muy interesantes en este último ámbito. El crecimiento en la innovación en procesos está orientado a una mayor sostenibilidad, digitalización, eficiencia operativa y nuevas formas de relación con el consumidor.
Por otro, ha sido uno de los sectores más tensionados desde 2020: pandemia, crisis energética, inflación y disrupciones en la cadena de suministro han condicionado su capacidad inversora.
Aunque la inversión nominal está en máximos —1.411 millones de euros en 2025—, al descontar la inflación aún no se ha recuperado del todo el nivel prepandemia. Hay más empresas innovando; el reto ahora es reforzar la intensidad de esa innovación.
"La IA ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta operativa"
P. La innovación ya es clave en cualquier sector, pero ¿cómo se canaliza en el gran consumo? ¿A través de qué tecnologías?
R. Sobre todo, a través de la eficiencia. La prioridad de las empresas es incorporar nuevas herramientas y tecnologías —lo menciona el 42%—, seguida de la optimización de operaciones y procesos, la sostenibilidad y la mejora de los productos existentes.
Innovar ya no es solo lanzar una referencia al lineal. Hoy buena parte de la innovación está en producir con menos agua, reducir el desperdicio, anticipar la demanda, mejorar la trazabilidad o hacer más eficiente una ruta logística. En tecnologías, la inteligencia artificial gana muchísimo peso, junto a sensórica, automatización, robótica, analítica de datos, nuevos materiales de envase, eficiencia energética y plataformas digitales de colaboración entre eslabones.
P.¿Quién innova dentro de la cadena de valor del gran consumo?
R. Innova toda la cadena. La industria transformadora ha concentrado tradicionalmente la mayor inversión y las innovaciones más visibles, y sigue siendo central.
No obstante, en los últimos años la distribución ha ganado mucho peso: sometida a una enorme presión operativa, ha acelerado su apuesta por la tecnología, la logística, los datos, la eficiencia energética y la experiencia de compra. Su esfuerzo inversor en innovación ha pasado del 0,58% al 2,41% del valor añadido entre 2018 y 2025, por encima de la media nacional y muy por encima del conjunto del comercio.
P. ¿Dónde se concentra la innovación? ¿En qué ámbitos dentro del gran consumo hay más innovación?
R. Como comentaba, hay un desplazamiento del producto hacia el proceso. El producto sigue siendo clave —salud, calidad, conveniencia—, pero crece la innovación en lo que el consumidor no ve: procesos industriales, logística, stocks, reducción de desperdicio, envases, energía, trazabilidad o digitalización.
Es lógico: el sector trabaja con márgenes ajustados, mucha capilaridad y gran exigencia de servicio, así que cualquier mejora que reduzca costes, evite mermas o anticipe la demanda pesa mucho.
P. ¿Hay colaboración innovadora dentro del sector o cada empresa es celosa de sus disrupciones?
R. Hay colaboración, y cada vez más: no solo dentro del sector, también con agentes tecnológicos, centros de investigación, startups, administraciones o entidades especializadas. Hoy algo más de la mitad de las innovaciones que analizamos son colaborativas, casi el doble que en la primera edición del Observatorio.
Tiene sentido: el gran consumo no es un sector eminentemente tecnológico, y muchas de las capacidades que necesita —IA, visión artificial, nuevos materiales, sensórica, robótica, analítica avanzada— nacen fuera de su perímetro. La colaboración aporta esa agilidad y ese conocimiento especializado, y retos como la descarbonización, la circularidad o la trazabilidad no se resuelven en solitario.
P. ¿Ha llegado la IA al gran consumo? En caso afirmativo, ¿cómo está influyendo?
R. Sí, claramente. La IA ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta operativa: en 2022 un 8% de las innovaciones que analizamos en el Observatorio incluían la utilización en algún grado de inteligencia artificial, en 2025 el porcentaje de innovaciones que incluían la utilización de esta tecnología ya había escalado a un 37%.
El salto se aceleró en 2023 con la IA generativa, pero su impacto ha sido transversal: en el sector primario la IA impulsa la agricultura de precisión; en la industria, el mantenimiento predictivo y el control de procesos; en la distribución, la optimización de stocks, reposición, precios y logística y la reducción del desperdicio alimentario. Su valor está en pasar de una lógica reactiva a una predictiva.
P. ¿Cuáles diría que son los retos y desafíos en el corto y medio plazo para el gran consumo?
R. El reto más inmediato es sostener la competitividad: los costes siguen altos, los márgenes son estrechos y el consumidor se ha vuelto muy sensible al precio. A esa presión se suma la climática, que ya no es un escenario futuro: las sequías y los fenómenos extremos comprometen el agua y las materias primas, y obligan a adaptar cultivos, industrias y cadenas logísticas. El marco regulatorio es más exigente también en envases, desperdicio, descarbonización y reporte ambiental, mientras el sector pelea por atraer talento y resolver el relevo generacional. Y en lo digital el desafío es incorporar la IA sin abrir una brecha entre las grandes empresas y las pymes, cuidando la gobernanza, la ciberseguridad y el retorno real. En el fondo, todo apunta a lo mismo: un sector más eficiente, sostenible y transparente, capaz de dar al consumidor la calidad, la salud y la conveniencia que pide a un precio razonable.
P. ¿Cómo puede contribuir la innovación a solventarlos?
R. Es la herramienta que convierte esos retos en soluciones concretas. Frente a los costes, aporta eficiencia operativa, automatización, optimización logística y mejor planificación de la demanda. Frente al clima, reduce el consumo de agua y energía, valoriza residuos, adapta cultivos y refuerza la resiliencia de las cadenas. También permite ofrecer productos más saludables y convenientes sin renunciar a un precio atractivo o al sabor.
Pero lo más importante es que ayuda a ordenar la complejidad: el gran consumo no se transforma con una sola tecnología ni una sola empresa, sino combinando datos, colaboración, inversión, talento y visión de cadena. Innovar no es solo lanzar novedades: es cambiar cómo el sector produce, distribuye, informa y responde a la sociedad.
