El año pasado se gestó la mayor adquisición de una tecnológica española hasta la fecha: la canadiense Clio anunciaba la integración de la barcelonesa vLex, una de las principales bases de datos de información legal y jurídica de todo el mundo, por 1.000 millones de dólares (852 millones de euros).
La operación, que elevaba a la startup patria al estatus de unicornio, unía dos piezas hasta entonces separadas del trabajo jurídico: la tecnología de Clio para gestionar el día a día de los despachos y la inteligencia legal de vLex, sustentada en dicha base de datos de más de 1.000 millones de documentos de 110 países para fundamentar sus respuestas en legislación y jurisprudencia.
Además, permitía a Clio dar un salto cuántico en materia de inteligencia artificial de la mano de la solución Vincent, que aporta la capacidad de investigar, analizar y generar respuestas apoyándose en todo ese volumen de información.
El objetivo era ambicioso: convertirse en el software jurídico y de gestión de despachos de abogados más reputado de todo el planeta. Una pretensión que, por lo pronto, ya está aportando sus primeros frutos en la evolución de la compañía. Clio ha repuntado su valoración hasta los 5.000 millones de euros.
Y no solo eso. La compra lleva aparejada varios récords más: “También ha sido la mayor absorción tecnológica de la historia de Canadá y la más importante en la industria legaltech”, enumera un orgulloso Jack Newton, CEO y cofundador de la empresa. “Nuestra visión es crear la plataforma más inteligente del trabajo jurídico, y aunar esta práctica con el negocio de los despachos. […] Esto es lo que nos ha llevado a pagar 1.000 millones de dólares por vLex”.
El directivo conversa con DISRUPTORES – EL ESPAÑOL durante la puesta de largo de la firma el país en un evento celebrado en Madrid hace escasas semanas. Lo hace con un mensaje principal muy entusiasta: “Ya hemos llegado. Clio ya está en España”, asevera.
La pieza que faltaba para completar el puzle
Vlex, que mantiene su marca y a sus directivos -Lluís y Ángel Faus-, no es más que el cimiento de mayor visibilidad de la apuesta de Clio por España. Tal y como explica Newton, el país ya es líder en adopción de inteligencia artificial jurídica, por lo que la firma ha incrementado un 30% su inversión en el terreno y ha aumentado su equipo en otro tanto durante el último ejercicio.
Además, creará un hub dedicado a esta tecnología en Barcelona y ya ha firmado alianzas, como la recientemente anunciada con Wow Legal Experience para ayudar en la implantación local, migración y formación de los despachos que acojan las nuevas soluciones de Clio.
"España es un mercado muy innovador, a la vanguardia del cambio tecnológico"
“La palabra clave es compromiso”, asevera el directivo. “Estamos ante un mercado muy innovador, a la vanguardia del cambio tecnológico y de ahí nuestros esfuerzos”.
Asimismo, Newton también ve en la geografía una buena puerta de entrada a América Latina, una parte incipiente de su negocio y donde ya cuentan con algunos clientes.
El cambio profundo de la IA
La razón por la que empujar con fuerza en inteligencia artificial la resume con un simple dato: el 88% de los abogados ya utiliza esta tecnología, según cifras internas de la compañía. Una tasa que, según él, habla de “una tendencia muy real” y acerca a la industria a una adopción prácticamente total en los próximos años.
“Está provocando una transformación muy profunda en su trabajo”, reflexiona. “Ahora dedican menos tiempo a tareas administrativas y a actividades de poco valor añadido para centrarse más en sus clientes; en actuar como socios estratégicos”.
"La facturación por horas de los despachos es incompatible con los beneficios que aporta la IA"
La transformación también ha de sugerir cambios en un modelo de negocio que históricamente se ha basado en la facturación por horas. “Hay que abandonar este formato. Es, en mi opinión, incompatible con los beneficios que aporta la IA”, sostiene. “Además, a los abogados no les gusta y a los clientes tampoco. Tenemos que ser creativos y avanzar hacia estrategias basadas en valor”.
Eso sí, para aspirar a nuevas fórmulas, la concienciación y la formación se convierten en aliados imprescindibles. Asimismo, desterrar miedos, como la posibilidad, para algunos, de que elimine cientos de miles de empleos de todo el mundo. “El miedo no impide la adopción. Es más, si los profesionales no abrazan la IA temerán quedarse atrás”.
"Debemos asumir que la tarea jurídica recae sobre los profesionales y no sobre la máquina"
“Lo peor que puede pasar es no comprender completamente la tecnología. Y, por eso vemos algunos usos inadecuados. […] Los abogados tienen que aprovecharla en su práctica profesional, pero siempre de manera responsable y con la seguridad de saber sus ventajas e inconvenientes”.
La responsabilidad sigue siendo humana
Una de las principales debilidades que tenemos frente a la inteligencia artificial es, a juicio de Newton, el exceso de confianza. De hecho, ejemplifica, cuando hacemos una búsqueda en Google, consultamos algo en Wikipedia o introducimos una ecuación en Excel, damos siempre por válido el resultado que devuelve el ordenador.
“Con la IA ocurre algo diferente”, argumenta. “Es una de las herramientas más potentes que hemos desarrollado los humanos, pero tiene limitaciones reales, como las alucinaciones”. En este sentido, continúa: “Debemos asumir que la tarea jurídica recae sobre nosotros y no sobre la máquina”.
Es decir, la tecnología no puede asumir la responsabilidad. “Confiar, sí, pero siempre hay que verificar. Los abogados tienen que ser capaces de responder por cualquier contenido que la IA les haya ayudado a producir”.
En este punto, concluye, “vuelve a entrar en juego para nosotros el valor de la base de datos de Vlex. Los profesionales podrán consultar la jurisprudencia subyacente y comprobar siempre qué se está citando”.
