Manuel Lobeira estaba en cuarto de Teleco cuando nació Acorde. Era 1999 y José Luis García, uno de sus profesores, acababa de poner en marcha una empresa tecnológica junto a varios investigadores y alumnos de la Universidad de Cantabria.
Lobeira era uno de esos estudiantes que se sumaron a aquel proyecto. Desde entonces ha sido testigo de la transformación de una pequeña empresa especializada en radiofrecuencia a una compañía que trabaja para programas de defensa y espacio en distintos mercados internacionales. Casi tres décadas después, es uno de sus CEO y propietarios.
Entre aquel alumno que comenzaba su carrera profesional en una spin-off y lo que Acorde es hoy -con más de 70 empleados- han pasado, ni más ni menos, que 27 años. Tiempo en el que han participado en numerosos proyectos internacionales y se ha producido una transformación del negocio.
También hay una historia de supervivencia. El directivo cuenta, con total transparencia, que la compañía atravesó un concurso de acreedores antes de entrar, a partir de 2020 y 2021, en su etapa de mayor crecimiento.
Ahora, Acorde acaba de recibir el Premio Nacional de Innovación 2026 en la modalidad de Pequeña y Mediana Empresa Innovadora. Un galardón que les comunicó la titular del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, vía telefónica.
Del aula al espacio
El origen de Acorde, entre las aulas de aquella escuela técnica de ingeniería en Santander, surgió de una necesidad que ha vuelto a situarse en el centro del debate tecnológico europeo: reducir la dependencia exterior en tecnologías estratégicas.
“Indra recurrió entonces a la Universidad de Cantabria para desarrollar equipos de comunicaciones por satélite para el Ministerio de Defensa que permitieran sustituir tecnología estadounidense”, recuerda Lobeira durante esta entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL. “El diseño funcionó y José Luis García decidió convertir aquel conocimiento universitario en una empresa”.
“Indra recurrió a nosotros para sustituir tecnología estadounidense”
El negocio se ha construido alrededor de un sector muy concreto: la radiofrecuencia aplicada a las comunicaciones por satélite. Sus equipos forman parte del denominado segmento terreno, es decir, de los sistemas que permiten comunicarse con un satélite desde la Tierra. Y eso abarca desde estaciones fijas hasta vehículos, trenes, fragatas, submarinos, portaviones o aeronaves.
Aquel primer desarrollo marcó también la vocación internacional de la compañía.
De Santander al mercado global
Tras conseguir el primer contrato en España, Acorde decidió ampliar su visión. El objetivo era encontrar mercados que buscaran tecnología alternativa a la estadounidense para las comunicaciones por satélite. Y ahí estaban otros actores europeos de la industria, como Leonardo, en Italia, y MBA Systems, en Reino Unido.
“Empezamos a buscar quién más adquiría los componentes que utilizaba Indra en España”, explica Lobeira. Su objetivo no era otro que convertirse en proveedor europeo de soluciones que hasta entonces estaban dominadas por fabricantes estadounidenses.
Esta estrategia les permitió ampliar sus miras. En estas casi tres décadas se han empleado en ello poco a poco y han extendido su presencia, primero en Europa y, posteriormente, en Asia, Oceanía y América.
Además, con el conocimiento acumulado en este ámbito, también ampliaron su actividad con soluciones de posicionamiento y, más tarde, con sistemas diseñados para la guerra electrónica. En muchos casos, explica el CEO, fueron los propios clientes quienes abrieron esas nuevas vías.
El recorrido de Acorde en el ámbito de las tecnologías duales también ha sido particular. Frente al camino habitual, que se inicia con desarrollos en aplicaciones civiles que después encuentran usos militares, los cántabros han seguido el proceso contrario: “Hemos pasado de tecnologías de defensa a tecnologías duales”.
Así, desarrollos concebidos inicialmente para responder a las exigencias de los sistemas militares han terminado encontrando aplicaciones en otros sectores.
“Hemos pasado de tecnologías de defensa a tecnologías duales”
El CEO pone como ejemplo a los grandes operadores de satélites, que necesitan equipos con prestaciones muy similares a las de los sistemas utilizados en defensa. “En vez de venderle el equipo pintado de verde OTAN, se lo vendes pintado de blanco”, simplifica.
Esa diversificación también los ha acercado al ámbito científico. Participan en el Square Kilometre Array (SKA), el gran proyecto internacional de radiotelescopios que cuenta con instalaciones en Sudáfrica y Australia, para el que Lobeira concreta que desarrollan equipos destinados a la recepción de señales de espacio profundo.
Segunda etapa de crecimiento
Pero el crecimiento de Acorde no ha seguido una línea recta. La compañía atravesó un concurso de acreedores antes de entrar, a partir de 2020 y 2021, en la etapa de mayor expansión de su historia. “Pasamos un auténtico calvario, pero confiamos en que nuestra tecnología era capaz de generar flujos de caja y decidimos apostar por la continuidad”, recuerda Lobeira.
El salto de volumen se ha producido en los últimos cinco años. Hoy crecen a doble dígito en plantilla, facturación y cartera, con grandes proyectos cuyo volumen de producción será superior al registrado hasta ahora, adelanta el CEO. “Estamos muy cómodos con los números de la empresa” y “muy confortables con la cartera que estamos generando”, asegura.
Los datos reflejan ese cambio de escala. Según la memoria presentada por Acorde a los Premios Cepyme 2026, entre 2022 y 2025 los ingresos crecieron un 64,5%, hasta superar los 10,5 millones de euros en 2025, un 18,3% más que el año anterior. En ese mismo periodo, la plantilla pasó de 40 personas a comienzos de 2022 a 62 al cierre de 2025, un 55% más; y más de dos tercios de los ingresos ya proceden del exterior.
También ha cambiado la propia tecnología. “Al venir de la universidad, hemos sido siempre muy proinnovación. Tenemos la innovación en el ADN”. Una evolución que les ha permitido ampliar capacidades sin abandonar su especialización en radiofrecuencia.
Del segmento de terreno al vuelo
Hasta este momento, Acorde había trabajado fundamentalmente en el segmento terreno, desarrollando equipos para comunicarse con los satélites desde la Tierra. La compañía está desarrollando ya equipos que viajarán dentro de los propios satélites.
“Ahora vamos a pasar al segmento de vuelo”, adelanta el CEO. Los primeros equipos con componentes de Acorde tienen previsto llegar al espacio entre finales de este año y el primer semestre de 2027.
“El principal problema para nosotros es el talento, no encontramos gente para la etapa de diseño”
El cambio llega, además, en un momento de expansión de las constelaciones de satélites. “Históricamente hemos sido bastante reticentes a trabajar en la parte de espacio” porque desarrollar tecnología para un único satélite no permitía rentabilizar la inversión en diseño. “Ahora estamos hablando de 60, 80, 200 o 500 unidades, y ahí ese campo ya sí nos resulta interesante”, explica.
Acorde también ha llevado su tecnología hasta la Luna. . La compañía fabricó los receptores GNSS de Lugre, una misión de la NASA y la Agencia Espacial Italiana que viajó a bordo del módulo lunar Blue Ghost.
Tras su alunizaje, en enero de 2025, estos equipos lograron recibir señales de posicionamiento procedentes de los sistemas de navegación por satélite de la Tierra desde la superficie lunar.
Pero el aumento de la demanda también tiene un límite. “El principal problema para nosotros es el talento, no encontramos gente para la etapa de diseño”, admite el CEO. La compañía ha recurrido a la inteligencia artificial para tareas de gestión documental y automatización de procesos, pero no para sustituir ese conocimiento especializado.
La respuesta pasa por ampliar la presencia de la compañía más allá de Santander. Por eso están valorando abrir una nueva sede en otro punto de España para acercarse a perfiles que hoy les resulta difícil atraer a Cantabria. “Ya se sabe... si la montaña no va a Mahoma, habrá que acercarse a ella ”, concluye Lobeira.
En este caso, esa montaña se llama talento y, curiosamente, es hoy el principal reto de una empresa española consolidada que nació hace casi 30 años en la universidad. Uno de los lugares donde, precisamente, se forman parte de los profesionales que necesita para seguir creciendo.
