A Coruña (Galicia)
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Las claves

El pasado 9 de septiembre, Finlandia informó de que cuatro drones militares ucranianos habían entrado accidentalmente en su espacio aéreo después de desviarse de la ruta prevista.

El destino de los aparatos era Rusia. No llegaron a él porque perdieron parte de su capacidad de navegación debido a las malas condiciones del viento combinadas con interferencias en la señal que recibían de los satélites. Unas interferencias provocadas conocidas como GNSS jamming.

No era la primera vez que ocurría algo así. Las autoridades finlandesas llevan registrando incidentes similares desde hace meses. En otros países bálticos, como Estonia, Letonia y Lituania, también se han documentado sucesos de este tipo relacionados con la llamada guerra híbrida.

Un dron puede despegar, ejecutar una misión y regresar sin que un piloto tenga que manejarlo durante el vuelo. Pero en un entorno real las comunicaciones pueden fallar y sus sistemas ser atacados.

El Instituto Tecnológico de Galicia (ITG) lleva estos supuestos al laboratorio para comprobar hasta dónde puede protegerse una aeronave no tripulada ante posibles ciberataques.

De fábrica de armas a centro de I+D+I

Sus instalaciones, curiosamente, están localizadas en la antigua Fábrica de Armas de la ciudad de A Coruña. Un complejo industrial de más de 128.000 m² inaugurado en 1958, que DISRUPTORES - EL ESPAÑOL ha tenido ocasión de visitar, y que desde 2020 forma parte de la Ciudad de las TIC.

El recinto está rodeado de un muro de piedra salpicado de garitas de vigilancia, como un vestigio de la actividad que se desarrolló aquí durante décadas. Otro resquicio de su pasado son los carteles que todavía pueden verse en las puertas de algunos de los edificios del complejo, con nombres como ‘Mecanismos’.

Una de las naves de ITG en la Ciudad de las TIC de A Coruña. DISRUPTORES Noelia Hernández

La mayoría permanecen sin restaurar a la espera de sus futuros ocupantes. Entre ellos destacan dos que lucen ya un aspecto diferente: las oficinas, laboratorios y espacios de demostración de una de las sedes de ITG, que cuenta con otras instalaciones en Vigo.

Es aquí, en A Coruña, donde ITG desarrolla buena parte de su trabajo con drones, que “abarca toda la cadena de valor, desde el desarrollo de las aeronaves y la automatización de las misiones hasta las comunicaciones, la gestión del espacio aéreo y la ciberseguridad”, concreta Enrique Ventas, director de Sistemas Aéreos No Tripulados de ITG.

Aprender de las vulnerabilidades

Entre las áreas en las que trabaja ITG está la evaluación y certificación de la ciberseguridad de sistemas aéreos no tripulados, la auditoría de los espacios aéreos y el refuerzo de sus propios sistemas frente a amenazas. El trabajo parte de una premisa: conocer cómo puede atacarse un sistema para poder protegerlo antes de que entre en operación.

Para ello, en sus laboratorios investigan con tecnologías relacionadas con el mencionado GPS spoofing, además de ataques de desautenticación, interceptación de comunicaciones, modificaciones del firmware, jamming o ataques de denegación de servicio.

“Todo esto de forma segura; más que segura, cibersegura”, apunta Ventas. El objetivo es que la protección acompañe a la aeronave durante toda la operación, desde los sistemas embarcados hasta las comunicaciones y el entorno en el que vuela.

"Puedes hablar con gente que fabrica drones, con gente que detecta drones, con otros que se encargan de la gestión del tráfico aéreo y de que las operaciones sean seguras. Nosotros trabajamos toda la cadena de valor", añade.

Comunicaciones bajo control

Esa seguridad depende también de que el dron pueda mantener una operación cuando está lejos del operador. El equipo de ITG ha integrado en el sistema un ordenador a bordo, un autopiloto y una tarjeta SIM que permite mantener la conexión y recibir desde un servidor central las instrucciones.

"Si detecta que la degradación de la señal es grande, utiliza el sistema alternativo", explica el equipo.

La latencia también condiciona la operación. "Si estamos conduciendo un dron a 200 kilómetros de distancia, no te puedes permitir el lujo de no ver a tiempo un árbol de frente", explican desde ITG.

Las modalidades de uso pueden cambiar durante un mismo vuelo. "Puedes volar un dron de forma manual, puedes volarlo de forma desatendida (...) o puede volar de forma completamente autónoma", explican.

La explicación da paso a la demostración. En uno de los espacios del centro, un dron despega y realiza varias maniobras dentro de una jaula instalada para las pruebas. La proximidad del aeropuerto de A Coruña, un hospital y otras infraestructuras obliga a mantener los vuelos confinados a este entorno.

El sistema permite programar previamente una misión y transmitir las imágenes en directo al centro de control, integrado en una furgoneta que han diseñado y desarrollado ingenieros del ITG. "En cualquier momento, nosotros podemos tomar el control desde aquí", explica el equipo durante las pruebas.

Del incendio a la detección de minas

Este sistema se está utilizando para vigilancia de incendios en los montes de Ourense, donde ya hay tres drones desplegados que realizan misiones de vigilancia mientras transmiten las imágenes al centro de control. "Se pueden utilizar para ver dónde hay un incendio, analizar dónde está el foco y cómo se va moviendo".

Pero la plataforma se ha planteado para distintos usos, "Un dron vuela, pero necesita hacer algo. ¿Qué es ese algo? Depende del usuario", explica el equipo.

Centro de control móvil para drones diseñado y desarrollado por ITG- DISRUPTORES Noelia Hernández

La carga útil cambia según la misión: “una cámara infrarroja para vigilancia nocturna, otro sensor para localizar un foco o un sistema de detección para buscar determinados elementos”.

Esta flexibilidad permite adaptar el dron a diferentes operaciones, como localizar personas desaparecidas, detectar minas antipersona o intervenir en una operación de seguridad mediante un altavoz

En este último caso, el dron puede incorporar el sistema de megafonía como una de las cargas útiles disponibles; mientras que en los otros dos incorpora sensores específicos y cámaras infrarrojas dependiendo del entorno y el tipo de operación.

ITG trabaja además en sistemas capaces de aterrizar de forma autónoma sobre superficies en movimiento, como la cubierta de un barco, y en aplicaciones para transporte urgente.

Espacio aéreo y soberanía tecnológica

La gestión del espacio aéreo forma parte de esa cadena de valor a la que hacía mención Ventas. ITG ha desarrollado Daliah, una plataforma capaz de gestionar rutas, restricciones y posibles conflictos entre aeronaves cuando varios drones comparten el mismo espacio aéreo.

La coordinación se vuelve más compleja a medida que aumenta el número de aeronaves y de actores implicados. "Lo que muchas veces limita la entrada en la operativa es, por un lado, la complejidad de coordinación con tantos actores distintos que participan en el ecosistema y, por otro, la complejidad regulatoria", explica Ventas.

El desarrollo del sistema se ha realizado en Galicia, aunque el propio centro reconoce que la independencia completa de proveedores externos todavía está lejos. "La soberanía tecnológica es un concepto muy fácil de decir, pero cuando llegas al nivel de detalle de cualquier elemento del nido (plataforma de despegue y aterrizaje) del dron, empiezas a ver que seguimos siendo muy dependientes", explican.

La dependencia afecta al hardware, pero también al dato. "¿Qué pasa con la información que se genera en un mundo lleno de servidores y que no sabemos dónde va a acabar?", plantea. La pregunta sigue en el aire, con las autoridades europeas pertinentes tratando de poner orden en una cuestión que parece más complicada de controlar que el vuelo de un dron.

Ingeniería gallega

Más allá de los drones, ITG desarrolla proyectos en ámbitos como la energía, los puertos, la economía circular y la inteligencia artificial.

El centro tecnológico trabaja, por ejemplo, con Naturgy en la producción de gases renovables como el biometano y el hidrógeno, y en sistemas de almacenamiento y gestión inteligente de la energía.

En el ámbito portuario, desarrolla soluciones para la generación, almacenamiento y distribución eléctrica; y en economía circular, transforma plásticos marinos en materiales carbonosos capaces de filtrar contaminantes del agua. También aplica inteligencia artificial, visión por computador y robótica a procesos industriales y mantenimiento predictivo.