La gobernanza de la innovación en la Unión Europea es un poco galimatías. El Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT), con sede en Budapest, ha cumplido 15 años ejerciendo una misión combinada de educación y apoyo a empresas y startups, que, al parecer, a la anterior Comisión Europea no le parecía suficiente.

Entonces, en 2015, el comisario de Innovación, Carlos Moedas (hoy alcalde de Lisboa) creó una nueva institución, el Consejo Europeo de Innovación (CEI), ya que él no controlaba el EIT, adscrito a Educación.

Sin embargo, fue la actual presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, la que le dio realce al CEI en 2021, como “acelerador de startups e impulsor de nuevas tecnologías” en una presentación definida como “lanzamiento” del organismo. El CEI fue dotado con un presupuesto de 10.000 millones para financiar proyectos en siete años. Y eso, de momento, pareció quitar protagonismo al EIT como impulsor de la innovación. Para pedir dinero estaba la otra ventanilla.



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Pero hace unos días se anunció que el presupuesto del CEI para financiar proyectos en 2024 serán unos muy respetables 1.200 millones de euros, que en la práctica suponen una rebaja en torno al 25% respecto a los 1.600 que tenía este año. Según algunas fuentes en Bruselas, la presidencia de turno española del presente semestre propuso rebajar “el presupuesto de innovación”, para intentar cuadrar las cuentas de la UE el próximo año. Esas fuentes no concretan si ambos puntos están conectados. 

Y a continuación, el EIT anuncia ahora que su última gran apuesta, el “plan para capacitar en deep tech a un millón de profesionales” europeos en tres años, se va a “extender hasta 2027, tras el éxito de su etapa piloto”. Con la bendición y parabienes de la actual comisaria Iliana Ivanova, que ahora sí unifica las carteras de Innovación, Educación e Investigación, además de Cultura, Educación y Juventud.

En dicha fase de prueba de la Iniciativa de Instituciones de Educación Superior del EIT (HEI Initiative, en su nomenclatura en inglés), también presentada como ‘Iniciativa por el Talento’), ya ha recibido instrucción y actualización de conocimientos 40.000 estudiantes y profesionales, contando con el apoyo de Universidades, diversas instituciones educativas europeas, empresas, organismos gubernamentales y centros de investigación.

Ahora, “tras el éxito de la fase piloto”, Ivanova se dice “ansiosa por ver lo que la iniciativa puede conseguir con un alcance mayor y más socios”.

Un equipo de 72 personas  

Y todo eso, según explica a D+I-EL ESPAÑOL Martin Kern, director de EIT desde 2019, se hace contando con “un equipo relativamente pequeño de 72 personas” que maneja “un programa de 3.000 millones”, la mayor parte de los cuales procede de financiación privada. El presupuesto de EIT para 2023 eran algo más de 426 millones. La asignación total de la UE para el septenato de 2021 a 2027 son 2.960 millones. 

Con ese dinero, EIT mantiene en la actualidad sus actividades centralizadas y nueve “comunidades de conocimiento e innovación” (KIC) especializadas por áreas, que a su vez han de buscarse sus propios apoyos en socios y patrocinadores.



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A Kern le encanta recordar con detalle cada una de esas áreas, “empezando por el cambio climático. Energía sostenible, manufactura de valor añadido, digital, salud, materias primas, producción de alimentos, movilidad urbana, cultura y creatividad…”, desgrana.

“Esas son las materias en las que EIT tiene un gran soporte y un ecosistema. Y eso produce continuamente no sólo programas de educación, sino que también trabajamos con proyectos de innovación concreta. Lo cual significa tecnologías que pueden ofrecer soluciones a los retos de la sociedad”, asevera.

“Y, por supuesto, el mandato de EIT es llevarlas [esas tecnologías] al mercado para ayudarlas a crecer y escalar. Para que generen un impacto, tanto si son de compañías ya existentes o nuevas startups, a las que también apoyamos”, remarca.

Kern cita el caso concreto de la española Zeleros, a cuya presentación en Valencia del proyecto hyperloop asistió el pasado octubre. “Creo es un perfecto ejemplo. La contribución de EIT es principalmente ayudar a que estos buenos desarrollos de investigación se conviertan en soluciones que puedan ser comercializadas y convertirse en productos o servicios que beneficien al ciudadano”.



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El papel que juega la organización, involucrándose en actividades específicas y no limitándose al ámbito educativo, se demuestra en casos como el apoyo brindado a Ucrania a través precisamente de la Iniciativa HEI y contando con más de 500 organizaciones asociadas al programa, durante los últimos dos años.



Su movilización canalizó cerca de cuatro millones de euros para apoyar a 35 instituciones educativas ucranianas y seis organizaciones no académicas, conectándolas con nuevos socios en Europa.

Red europea de innovación

La organización que dirige Kern presume de contar con la más amplia red de innovación europea, con más de 2.400 socios y medio centenar de hubs innovadores en el continente. De momento, ha apoyado a más de 7.800 startups y scaleups, con unos 2.100 productos llevados al mercado, gestionado 7.300 millones de capital externo.

Con semejantes números, le preguntamos a Kern, ¿cómo prevén cuáles serán los próximos desarrollos de interés, los proyectos a los que conviene apoyar? ¿Tiene el EIT una red de ojeadores, o algo así, para pulsar el ecosistema?

“Básicamente, tenemos dos maneras de hacerlo. Nuestras comunidades de conocimiento lanzan convocatorias para proyectos innovadores de startups, a modo de competición, y las compañías se postulan para esos llamamientos. Lo hacemos en el ámbito de las comunidades y también al nivel del propio EIT, para que lleguen a la mayor cantidad de gente”, responde.

“Pero al mismo tiempo, también ocurre que nuestras comunidades son muy activas explorando y tratando de encontrar innovaciones prometedoras”, prosigue. “Por eso es importante estar sobre el terreno y tener oficinas en todos los Estados miembros, para tener el conocimiento sobre los ecosistemas locales”.



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“Si hay una compañía innovadora y prometedora en una región, país o ciudad, pueden [desde el KIC] acercarse a ella y proponerle: ‘¿no te resultaría tal vez beneficioso unirte a una comunidad como el EIT?’. Es exactamente lo que ocurrió con Zeleros en sus principios. EIT Climate se acercó a ellos”.

“Nuestras comunidades pueden ayudarles en todo lo que necesitan, no sólo acceso a financiación. A veces es la propiedad intelectual, encontrar talento, socios, una corporación industrial, cuestiones regulatorias, tal vez hacerles crecer en Bruselas… Ese es nuestro modelo”, añade Kern.

Áreas entrecruzadas

 En cuanto a anticipar las tendencias y tecnologías por venir, Kern advierte que “a menudo la innovación no es lineal y no puedes planificar, como cuando se construye un puente o una carretera de A a B. Suele haber diferentes impulsos que pueden ayudar a crear innovación y una buena idea se puede convertir en otro tipo de negocio con el apoyo de diferentes KIC”.

Cita de nuevo a Zeleros, que fue apoyada en un primer momento por su componente climático, al desarrollar tecnologías de cero emisiones. Pero, por su objeto de negocio principal, una nueva modalidad de transporte, cuenta también para el KIC de movilidad y, eventualmente, también tiene que ver con el KIC de energía sostenible.  



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“No es suficiente resolver cuestiones de ingeniería y hacer factible una tecnología, porque también necesitas un marco regulatorio, permisos y certificaciones para desplegar una tecnología como esa [la de hyperloop]”, asegura Kern, recordando otros casos de éxito como “las startups dedicadas a las baterías Northvolt o Verkor, que se han convertido en unicornios”, amparadas por EIT InnoEnergy y la Alianza Europea de Baterías, cofundada con la Comisión Europea en 2017.

La historia que cuenta EIT es, en definitiva, la de implicarse de manera práctica en la innovación desde diferentes puntos de vista, partiendo desde luego de la educación. ¿Y cómo se coordinan los diferentes KIC, cuando confluyen intereses en los mismos proyectos?

“Hay un camino estructurado para la cooperación. Se llama cross kick cooperation programme, y hay algunos específicos, como por ejemplo el dedicado a la inteligencia artificial”, aclara Kern.

“Tenemos diversos socios y diversas startups trabajando en soluciones basadas en la IA. La posible confluencia la lidera EIT Digital”, concreta. “Pero también tenemos una manera más informal de colaborar, porque todos los KIC se conocen unos a otros, regularmente hay reuniones entre sus CEO y también hay grupos de trabajo sobre innovación, educación y creación de negocios. Hay un intercambio constante”.



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“Vea el caso de España”, incide, “donde hay representantes de diferentes comunidades como clima, energía, movilidad y manufactura. Todos se conocen y frecuentemente se remiten empresas entre ellos de manera informal y espontánea. Creo que eso es algo que suele infravalorarse en innovación. Las cosas pueden ocurrir siguiendo un plan, pero a veces las más grandes no suceden así, porque las nuevas ideas pueden llegar a una compañía y tomar otra dirección que inicialmente no habían previsto. Por eso, tener un marco unificado donde pueden ocurrir esas interacciones es tan importante”.

Un marco de trabajo, además, en el que la dependencia de EIT, como órgano de la Unión Europea, también tiene una relativa influencia en el desarrollo de legislaciones y regulaciones en Europa.

“EIT, por supuesto, no tiene capacidad de decisión formal en el ámbito de regulación europeo, pero sí que podemos ofrecer referencias a las instituciones políticas. Y son muy demandadas. Por ejemplo, si emerge una nueva industria o tecnología, como es el caso del hyperloop, podemos indicarles los interlocutores adecuados para que los reguladores puedan plantear sus preocupaciones”, remacha Martin Kern.